A pesar de lo anterior, existe la percepción, en una parte de la población, de que el dinero que reciben es insuficiente para adquirir los bienes y servicios necesarios.

Sobre este particular es preciso diferenciar los términos inflación y costo de vida. Por ejemplo, en el 2017 la variación de precios, medida a través del Índice de Precios al Consumidor (IPC), fue de 2,6%, es decir por cada 1 000 colones que se destinaba, por ejemplo, a la compra de arroz, al cabo de un año fue necesario desembolsar 26 colones más para adquirir la misma cantidad de este bien. Sin embargo, la anterior información no permite concluir cuánto cuesta el arroz y qué tan caro es comparativamente con otros países (costo de vida).

Es de esta manera, que cuando se compara el costo de vida de nuestro país con el resto de naciones del istmo, se aprecia que somos una economía relativamente cara. Con base en datos del Banco Mundial, se concluye que en el 2017 lo que una persona adquiere en Costa Rica con 10 dólares, lo puede hacer con 9,04 en Panamá, 8,04 en Guatemala, 7,29 en Honduras, 7,12 en El Salvador y 5,57 en Nicaragua.

Desde luego, existe un asunto de fondo importante: cuántas horas debe laborar una persona en cada uno de estos países para percibir 100 dólares de salario (por decir un monto), es muy probable, que las remuneraciones en Costa Rica sean en promedio más altas; sin embargo, este no es el tema que se desea abordar en esta ocasión.

Ante lo anterior, cabe preguntarse ¿por qué somos una economía cara? Algunas respuestas al respecto:

·Por la falta de competencia, y no únicamente en industrias con presencia de empresas públicas, por cuanto también existen importadores privados con un importante poder en mercados “estratégicos”.

·Por los altos costos de intermediación entre el productor directo y el consumidor final (sobre todo en los bienes de origen agropecuario), así como entre el ahorrante y el inversionista (sistema financiero nacional).

·Por los bajos niveles de productividad laboral, a pesar de ser de los países con más horas laboradas por semana.

·Por la aplicación de esquemas tributarios en cascada (cobro de varios impuestos sucesivos), siendo el caso más representativo lo que acontece con el precio de los combustibles: somos la economía del istmo que lo compra (importa) más barato, pero lo vende más caro al consumidor.

·Por la forma en que hace más de medio siglo nos visualizamos que queríamos ser: una sociedad inclusiva en materia de educación y salud; con un vasto marco institucional para la protección social y lucha contra la pobreza; con una producción eléctrica basada en recursos propios y renovables, con cobertura casi que universal; entre otros aspectos.

 

Entonces, qué medidas se beben tomar para ser una economía menos cara, o bien, justificar mejor nuestro costo de vida:

·Revisar y fortalecer las funciones que realiza el Ministerio de Economía, Industria y Comercio en lo referente a la promoción efectiva de la competencia.

·Mejorar los niveles de productividad laboral, basado en un reforzamiento de las capacidades de las personas, así como un mayor impulso a la innovación.

·Valorar la conveniencia país de la aplicación de esquemas tributarios en cascada, así como velar porque los recursos obtenidos por estos medios sean utilizados efectivamente en los fines para los que fueron creada (tarea algo difícil en momentos de restricción fiscal).

·Aprovechar elementos de nuestro modelo de desarrollo, para que bajo una marca país (“esencial Costa Rica”), se promueva el consumo de productos hechos en el país, dado el despertar de una mayor conciencia social y ambiental por parte de los consumidores, especialmente en mercados de economías desarrolladas.