Vladimir de la Cruz*
El debate sobre las parejas de homosexuales y lesbianas se centra en
reconocer legalmente su Convivencia en lugar de su Matrimonio, como el de las
parejas heterosexuales, y en regular esa convivencia. La convivencia es la vida
en común y el matrimonio es la unión legal de la pareja que convive.
La lucha de los homosexuales y lesbianas debe centrarse en el tema del
matrimonio, no en el de reconocer legalmente la convivencia. El estado de
convivencia está regulado para la unión libre existente en parejas
heterosexuales. En unión libre también conviven homosexuales y lesbianas. ¿Es
eso lo que se quiere igualar?
¿Quiénes conviven en Costa Rica? Los que viven juntos y no están
casados, los que estando casados están separados y viven con otro u otra, a los
efectos católicos TODOS los que casándose por la Iglesia se divorcian y se
vuelven a casar, porque la Iglesia no reconoce los matrimonios civiles. Además,
establece sanciones morales y amenazas espirituales ¿y sicológicas? a quienes
se encuentren en ese estado como vivir en pecado, no comulgar, o como le
sucedió a la Presidenta en el Vaticano que no le permitieron llevar a su
segundo esposo, de matrimonio civil, en la delegación oficial, humillando a la
Presidenta y al País, porque el esposo de la Presidenta es, según el protocolo
oficial, el Primer Caballero de Costa Rica.
Los que tienen hijos antes de casarse, fuera de matrimonio católico o
no, ¿acaso no se encuentran en una situación similar de convivencia?
El matrimonio religioso una vez consumado solo se disuelve con la
muerte y si no se ha consuma la Iglesia acepta tres formas de disolverlo.
En Costa Rica el único matrimonio legalmente válido es el que se
realiza ante el Estado, ante las instancias estatales y las personas
autorizadas para realizarlo. El que se hace en la Iglesia, católica u otra, es
inexistente y carece de todo valor si no lo formaliza el sacerdote
inscribiéndolo en el Registro Civil al actuar como funcionario auxiliar de
este.
En el debate que se lleva a cabo en el Poder Legislativo debe apartarse
toda discusión religiosa alrededor del matrimonio. Este es un tema civil no
religioso. Es la sociedad civil la que debe regular la forma como sus miembros
pueden vivir en parejas y el respeto que se les debe merecer en su unión y
convivencia de hecho o matrimonio legalmente reconocido. Es una discusión
política.
El divorcio en Costa Rica se estableció en 1888 por decisión política
del Estado costarricense. A pesar de la oposición de la Iglesia se mantiene en
la tradición jurídica y cultura nacional, y hace mucho bien a las parejas, y a
la misma sociedad, que por distintos motivos deciden romper su vínculo
matrimonial y crear nuevos núcleos familiares.
NINGUNA de las Constituciones de Costa Rica, desde 1821, dice que el
matrimonio es de hombre y mujer. En todas se habla de cónyuge, que es el
consorte, y este es la persona que comparte la suerte de otra, o cada uno de
los esposos respecto al otro, y el esposo es la persona unida a otra por lazo
de matrimonio. Matrimonio es lo que se debe discutir, ¿por qué reducirlo a
hombre y mujer?
(*Decano Facultad Ciencias Sociales, Universidad Nacional)