Fabricio Alvarado, candidato del Partido Nueva República.

Alvarado no responde si son ciertos o falsos los hechos que se atribuyen a su mano derecha, como si ello fuera irrelevante, un dato cualquiera. Su reacción ha sido quejarse de que la acusación se planteara a unos días de las elecciones, cuando admite que el asunto se ventiló hace casi tres años.

Es decir, reconoce que el acto de corrupción de Prendas era conocido por él desde mucho antes de iniciar la campaña electoral y que aun así lo designó como su jefe de campaña.

A Prendas se le señala como responsable de haber aceptado viajar a España en 2019, con todos los gastos pagados por parte de un empresario privado, mientras ganaba dietas como diputado en la Asamblea Legislativa. Un clarísimo hecho de corrupción.

Hace bien la Procuraduría de la Ética Pública en confirmar la conducta delictiva de este diputado antes del día de las votaciones pues la noticia alerta a los ciudadanos acerca de los riesgos que esta opción política representa.

Cualquiera con mediano sentido de la decencia, o al menos con una elementalastucia política, habría procedido a destituir al jefe de campaña y a poner a salvo su propia imagen, alegando que cuando nombró al acusado en una posición tan relevante de su campaña no se habían confirmado los hechos.

Pero Alvarado sale ante la prensa con el mayor descaro, proclamándose víctima de un acto de persecución política, intentando torpemente echar un velo de disimulo sobre la escasa condición ética de su colaborador y de sí mismo.

Solo tres posibles explicaciones podrían darse a esta conducta: el candidato comparte con su colaborador el cinismo y la falta de honradez; es un caso extremo de falta de agudeza política, o una combinación de ambas condiciones. En cualquiera de estos casos se trata de carencias preocupantes en alguien que aspira a ocupar la presidencia y a dirigir los destinos del país.

Ya en la pasada campaña electoral, el candidato había dado muestras de esa escasez de juicio cuando definió como su "guía espiritual", su "profeta" y "maestro" a un esquizofrénico paranoico que insultaba groseramente la fe de los cristianos católicos llamando "demonio" a la Virgen de los Ángeles y declarándole una guerra total.

Los costarricenses hemos sufrido la corrupción y el cinismo de los corruptos durante mucho tiempo y mal haríamos premiando con el voto a quienes no han dado muestras de tener una pizca de sentido común o, al menos, tener un potencial de honestidad para el desempeño de las funciones públicas.