Teodoro Picado fue presidente constitucional de 1944 a 1948, al final de su mandato se registró la confrontación del 48.

Mencionamos los principales:

-La incautación de fincas y negocios a los alemanes e italianos, solicitada por Estados Unidos, dentro del esfuerzo bélico de la Segunda Guerra Mundial. Para evitar esa incautación, algunos alemanes e italianos trasladaron sus bienes a costarricenses de su confianza, pero unos cuantos, livianos de conciencia, se los apropiaron, se dijo que protegidos por el gobierno calderonista. Para recuperar sus bienes, se consideró que era necesario sacar al calderonismo del poder.

-La molestia del capital, que en Costa Rica nunca fue favorable a las reformas sociales.

-También se han alegado pretendidos, aunque no bien corroborados, fraudes electorales.

- La persistente y maligna campaña contra el gobierno: “Si es calderonista, no le compre, no le venda, no le hable, no lo salude” (Otilio Ulate).  En ese contexto, los errores de Calderón Guardia se sobredimensionaron y cualquier acierto suyo era negado o disminuido. Se generó adrede un clima irrespirable; se torpedeó cualquier posibilidad de entendimiento entre las partes; y se llegó al fratricidio.

-el temor causado por la influencia de los vanguardistas en el gobierno de Teodoro Picado, acrecentados por la Guerra Fría, que comenzó al término de la Segunda Guerra Mundial. Aunque ningún vanguardista desempeñó un puesto de importancia en los gobiernos de Calderón Guardia y Picado Michalski, Estados Unidos no toleraría, cercano al Canal de Panamá, un gobierno en el cual los comunistas tenían influencia.

- la anulación de las elecciones para presidente en 1948, en las cuales triunfó Ulate. Si hubo o no fraude en esas elecciones sigue siendo asunto debatido por algunos historiadores actuales. Algunos estiman que hubo fraude de los dos bandos. En cuanto a diputados, los calderonistas y Vanguardia Popular obtuvieron mayoría. La anulación le vino de perlas a José Figueres, quien ya tenía preparada la insurrección militar. Figueres siempre aseveró que los calderonistas no reconocerían una derrota electoral.

Un gobernante menos amigo de la paz y de la concordia pudo haber ganado la Guerra Civil, pero Teodoro Picado no supo defenderse ni en lo militar ni en lo propagandístico. Empeoró su situación que Calderón Guardia no se involucrase militarmente en el conflicto. Las mejores armas permanecieron en los cuarteles, pues no se quiso entregarlas a los vanguardistas, quienes reclutaron tropas entre obreros de las ciudades y linieros de la zona bananera sur, bajo el mando de Carlos Luis Fallas (Calufa). El error de Vanguardia Popular de pelear una guerra que no era la suya, lo pagó con centenares de muertos y la proscripción por varios años.

En la Guerra Civil, un bando luchó para impedir la supresión de los avances sociales; otro para defender el sufragio. ¿Un bando tuvo razón? ¿Los dos? ¿Ninguno?

Ya instalado en el poder, Figueres gobernó mediante una Junta de Gobierno con poderes ilimitados por dieciocho meses –sin parlamento-. Respetó la reforma social calderonista; suprimió el ejército como institución permanente; estableció un impuesto a la UFCO; aumentó los salarios de los peones de las fincas de café y caña de azúcar; consolidó el Consejo Nacional de Producción (CNP); fundó el ICE y nacionalizó la banca (con mayor exactitud: el derecho a abrir cuentas corrientes y de ahorro). Otras entidades como el ITCO (Instituto de Tierras y Colonización), hoy denominado INDER (Instituto de Desarrollo Rural, RECOPE (Refinadora Costarricense de Petróleo) y el INVU (Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo), se crearon en años sucesivos. Se impulsó la educación secundaria sin descuidar la primaria.

La Junta convocó elecciones para integrar una Asamblea Nacional Constituyente, con la esperanza de que se aprobara su proyecto de nueva constitución, pero sufrió una severa derrota, de tal modo que el texto finalmente aprobado es una adaptación de la Constitución de 1871, de corte liberal, pero permaneció el capítulo de las Garantías Sociales.

Aunque algunos pensaron que Figueres no se bajaría del poder, cedió la presidencia a Ulate, el 8 de noviembre de 1949, según lo pactado.

El bando vencedor persiguió a los calderonistas y vanguardistas, ignorando lo establecido en el Pacto de Ochomogo, en el cual se había prometido el respeto a las vidas y haciendas. Muchos sufrieron el exilio; Nicaragua, México y Venezuela los acogieron. Carmen Lyra murió en México; se abrió su féretro cuando ingresaba al territorio nacional, por temor de que se hubieran escondido armas.

Unas 200 personas fueron juzgadas por los fatídicos Tribunales de Sanciones Inmediatas (Claudia Quirós, citado en Díaz, David. “Crisis social y memorias en lucha”, 1977, p. 305). En el Codo del Diablo, el 19 de diciembre de 1948, fueron asesinadas cinco personas. Se conoció la identidad de los culpables, pero encontraron facilidades para salir del país. Otro asesinato, esta vez cultural, fue la destrucción de edificios de gran interés histórico y artístico en un período de varios decenios, entre ellos la casa de Juanito Mora, el Congreso, la Biblioteca Nacional, pues la Segunda República, que según Figueres comenzó con su gobierno de año y medio, quería hacerlo todo nuevo…

Se aniquiló el sindicalismo en las empresas privadas, excepto en las zonas bananeras, donde prosperó al amparo de Vanguardia Popular. En las entidades estatales arraigó un sindicalismo vinculado con Liberación Nacional.

Aunque la población crecía de manera acelerada, de 887.850 habitantes en 1950 a 1.276.640 en 1960 y 1.779.655 en 1970, (Pérez Brignoli, Héctor, “La población y la estructura social”, en “Historia contemporánea de Costa Rica”, Patricia Vega, editora, 2019, p. 202), el bienestar alcanzó amplios sectores de la población con agua potable, servicios de salud y asistencia sanitaria, electricidad, telefonía, acceso a la banca para el emprendimiento y la construcción de viviendas, señales inequívocas de que el experimento de socialdemocracia tropical rendía buenos frutos, pero permaneció un remante de personas malviviendo en la pobreza.

Tal conjunto de realizaciones –agrupadas bajo la denominación de Estado Benefactor- había logrado ensanchar la clase media, proceso facilitado por la educación, especialmente la universitaria, en la cual Rodrigo Facio, rector de la Universidad de Costa Rica, llevó a cabo la reforma de 1957. Luis P. Vargas –a quien nadie acusará de liberacionista- explica que se trató de un plan multifacético y bien estructurado (Vargas, Luis P. “La economía”, en “Costa Rica en el siglo XX”, Eugenio Rodríguez, editor, 2, p. 342). Calderón Guardia y Figueres Ferrer –enemigos irreconciliables- pero complementarios en su obra histórica, habían creado el Estado social de derecho. Calderón Guardia invadió dos veces Costa Rica a mano armada desde Nicaragua, en diciembre de 1948 y enero de 1955, ambas con el respaldo de Anastasio Somoza García, pero la patria prefiere recordarlo como el padre de la reforma social.

El solidarismo es un producto netamente costarricense. Fue ideado por Alberto Martén, segundo en el mando después de Figueres en las acciones bélicas de 1948, ministro de Economía de la Junta de Gobierno de 1948-1949, y coordinador de lo relativo a la nacionalización bancaria. Consiste en un plan de ahorro financiado por los trabajadores y el patrono, con porcentajes a convenir en cada caso. Con esa caja común, se otorgan préstamos a tasas muy convenientes para la adquisición de bienes de consumo y para emergencias. El trabajador goza así de una protección adicional y, se espera, de un ambiente ético-laboral más humano. Los fondos acumulados por el conjunto de asociaciones solidaristas alcanzan sumas billonarias. El solidarismo fue adoptado por el Pbro. Claudio Solano, director por muchos años de la Escuela Social Juan XXIII. Solano lo presentó en las fincas bananeras como el equivalente de la Doctrina social católica, lo cual es un error. Asimismo, lo afianzó como alternativa sustitutiva del sindicalismo, otro error, pues cumplen funciones muy diferentes.

(Esta Síntesis Histórica que está publicando Informa-Tico a razón de dos entregas semanales, los días martes y jueves, se recomienda coleccionarlas).