La caída de árboles se puede prevenir antes de que ocurra con daños para las personas y las propiedades.

 

Medidas excepcionales en cuanto a protocolos, monitoreo y vigilancia, comunicación interinstitucional, suministros, albergues y otras disposiciones, han sido puestas en marcha, anunció el presidente de la CNE, Alexander Solís, en conferencia de prensa.

Al inaugurarse este lunes la temporada de huracanes, que va hasta el 30 de noviembre, el Instituto Meteorológico Nacional (IMN) informó que este año se espera de 15 a 19 tormentas, por encima del término normal que es de 12. De uno a dos huracanes en el Atlántico podrían afectar directa o indirectamente el territorio costarricense, aseguró el director de la entidad, Werner Stolz.

Además de los ciclones en el Atlántico y especialmente en el Caribe, que son los que más frecuentemente afectan a Costa Rica, este año se espera también un incremento de las tormentas en el Océano Pacífico, algunas de las cuales podrían impactar al país.

Estas circunstancias hacen prever un incremento de entre un 10 y un 30% de las precipitaciones, con altas posibilidades de que ocurran inundaciones, deslizamientos y otras emergencias. La CNE ha identificado 1.462 zonas propensas a estos incidentes.

El manejo de estas crisis se vuelve altamente complejo en el contexto de la pandemia, dado que las labores de rescate, evacuaciones y alojamiento de población en riesgo implican un contacto muy cercano, que aumenta las posibilidades de contagio, explicó Solís.

Por otra parte, las autoridades de la CNE, el Cuerpo de Bomberos y la Cruz Roja hicieron un llamado a la población a integrarse activamente a las tareas de prevención, manteniendo una constante vigilancia del entorno propio y de sus comunidades.

 

Cambios

El presidente de la CNE anunció que se han efectuado una serie de cambios en los protocolos para poder atender de manera más efectiva las emergencias.

Este año, se ha agregado un nuevo nivel de alerta con el fin de poder ejecutar planes de evacuación de manera ordenada y reducir los riesgos de contagio.

Como el nivel amarillo será de seguimiento (monitoreo y control) de las potenciales situaciones de riesgo.

La alerta verde será para que los comités locales de emergencia revisen planes identifiquen zonas de riesgo, preparen albergues y hagan preparativos para eventuales compras expeditas.

La alerta naranja será para que los comités locales efectúen movilizaciones preventivas, según la situación de su área de acción, antes de que la situación de riesgo se precipite.

La alerta roja está reservada para la CRN a nivel nacional e implica el despliegue de mecanismos de emergencia y ayuda humanitaria.

La preparación implica la identificación de un mayor número de albergues para las personas damnificadas, debido a que el número de personas por albergue tiene que ser menor al usual con el fin de mantener el distanciamiento por burbujas sociales.

“Además, estamos trabajando en los modelos de prevención en los albergues, que implica las medidas de limpieza e higiene, la separación de las personas más vulnerables a la infección con Covid-19, el abastecimiento de equipos y accesorios y equipos de protección para el personal”, explicó Solís.

 

Autoprevención

Por su parte, el director del Cuerpo de Bomberos, Héctor Chaves, y el de la Cruz Roja Costarricense, Glauco Quesada, insistieron en la importancia de que las familias asuman las prevenciones necesarias para su propia seguridad con suficiente anticipación.

Las familias pueden identificar riesgos como la cercanía a sus viviendas de árboles en mal estado que podrían caer por efecto del viento; la obstrucción de alcantarillas, las posibilidades de deslizamientos de tierra o de inundaciones de ríos.

Además, es importante que identifiquen dos o más rutas de evacuación seguras y no atenerse a la salida habitual de su área de residencia, que podría estar eventualmente bloqueada.