Esta revelación muestra algunas de las facetas del funcionamiento institucional del país. Por un lado, falta de planificación a mediano y largo plazo.  Los gobiernos definen sus planes sin tomar en cuenta, la gran mayoría de las veces, lo que plantearon los anteriores.

Es así como los créditos solicitados por un gobierno pueden no interesar al siguiente, incluso si es del mismo partido. Por tanto, proyectos de beneficio para el país y las comunidades no se ejecutan o su desarrollo se hace tan lentamente, que terminan siendo irrelevantes.

Quizás el caso más significativo sea el proyecto Limón Ciudad-Puerto, para cuyo desarrollo el Banco Mundial otorgó un crédito de 72 millones de dólares. Solamente se ha ejecutado el 12% en cinco años y el resto del préstamo está a punto de perderse. ¿Quiénes son los responsables?

La otra cara de la moneda es la ineficiencia institucional, tanto en el diseño de los proyectos como en su ejecución. Se pide dinero pero luego no se sabe como emplearlo o como vencer inconvenientes no previstos. Pero el tiempo transcurre y las oportunidades se pierden. Si se mira hacia atrás se podrá observar una serie de iniciativas que medio se pusieron en marcha pero que luego se dejaron de lado, pese a la inversión de recursos económicos que se emplearon en su planificación. La ampliación de la avenida segunda, que se inició en los años cincuenta del siglo pasado, sin que todavía haya concluido, es una muestra de la incapacidad nacional para plantearse grandes metas en el plano del desarrollo vial y concluirlas en plazos razonables.

Por supuesto que en este señalamiento de factores no se puede dejar de lado la corrupción, que juega también un papel manifiesto en la ineficiencia institucional. Por esa razón el anuncio del presidente Solís de un informe al país, al cumplirse 100 días de su gestión, sobre el estado en que ha encontrado el aparato gubernamental, ha despertado las expectativas ciudadanas.  Dijo que desgraciadamente los casos de corrupción que han descubierto no son pocos ni pequeños.

Está bien que lo haga, porque mal haría en quedarse callado e intentar construir las bases de su administración sobre estructuras carcomidas.  La ciudadanía votó mayoritariamente por un cambio en la gestión gubernamental, sobre todo en el fortalecimiento de la eficiencia y de la honestidad en el manejo de los fondos públicos.  Esa esperanza no se ha debilitado.  Así que adelante con el informe, pero también con un planteamiento de acción gubernamental que recoja las otras promesas formuladas durante la campaña.

(Enlace a http://bit.ly/V62BKw)