Es cierto que, en la coyuntura de 1995-96 Figueres Olsen clamaba por “negociar un PAE III a la tica”; pero también por las razones a las que apunta mi acucioso lector fue que, Figueres Olsen en calidad de presidente de la República, se vio obligado a firmar el PAE III, tal como lo había negociado el gobierno de Calderón Fournier. La perspectiva general de los OFI se imponía siempre en las negociaciones, ya que, cuando algún gobierno pretendía desconocer las directrices de carácter estratégico del Banco Mundial en lo estructural y sumadas a ellas, las del FMI en lo concerniente a las políticas de estabilización, sufría perniciosas consecuencias derivadas de la imposición de un bloqueo económico y financiero.

Esto conllevó, sobre todo en el inicio del nuevo proceso, a un enfrentamiento entre la perspectiva del desarrollo hacia adentro con un estado interventor que, se había impuesto desde la década de los años cincuenta y, por el otro lado, una visión que enfatizó otra vez, a partir de 1982, en poner el énfasis en diversificar las exportaciones (nuevas exportaciones) y abrir nuevos mercados (terceros mercados).

Se buscaba así, eliminar el sesgo “anti-exportador” que entrañaba el modelo anterior, ya que dependía de la importación de materias primas y bienes de producción para surtir las industrias de integración. El mercado para estas industrias era básicamente el nacional y centroamericano. Los críticos del modelo de sustitución de importaciones le señalaban que este modelo, se había vuelto obsoleto porque condujo a un fuerte crecimiento del déficit comercial externo. En cambio, abrigaban la esperanza de que el “nuevo modelo” abatiría el déficit fiscal, controlaría la inflación y frenaría el aumento de la deuda pública externa. Estos críticos señalaron también que todo ello fueron residuos indeseables de la enorme infraestructura física que el estado de los cincuenta, sesenta y setenta requirió. “Grosso modo”, esta fue la interpretación predominante, favorecida por los economistas y otros profesionales de la “Academia de Centroamérica”, fundada en 1969, a la cual se adhirieron profesionales de las dos tendencias políticas dominantes a las que nos hemos referido. (Cfr. Vargas Solís, L.P. editor. (2007) “Crisis Económica y Ajuste Estructural”. Eduardo Lizano Fait…et.al. Ed. UNED, San José, CR).

Lo más importante de todo lo dicho, es que, la nueva política pública apuntó a provocar un viraje sustantivo, tanto en lo político con respecto a la concepción sobre el estado, como en lo concerniente al acento en la política económica. Las nuevas directrices impulsadas por los Organismos Financieros Internacionales y en el ámbito nacional por los economistas de la Academia de Centroamérica, lo reitero ahora, se propusieron eliminar “el sesgo anti-exportador” que caracterizaba al modelo anterior con su visión de desarrollo “hacia adentro”; en lo político y social la consecuencia fue que, con estas políticas se contribuyó decisivamente a provocar una alteración importante del bloque de fuerzas que pasaron a comandar la política y la economía de Costa Rica en lo sucesivo.

Junto a la enorme crisis de la economía capitalista internacional (1979-1982) aquí radica el origen de una importante atenuación de las diferencias entre los dos bloques políticos que se habían enfrentado desde 1953 hasta 1982. El enfrentamiento continuó, pero fueron otros los determinantes de las discrepancias y los componentes de los nuevos agrupamientos. Por añadidura, se comenzaron a desatar otras consecuencias en lo político, de no poca envergadura, a las que nos referiremos próximamente.

Algo debe quedar claro, un cambio de semejante magnitud no podía pasar inadvertido especialmente, dentro de lo que hemos denominado el “Bloque Dominante Liberacionista” que fue el que más lo experimentó. Estos efectos políticos no fueron inmediatos en su mayor parte; aunque sí se comenzaron a incubar entre 1982 y 1990. El Partido Liberación Nacional hizo este viraje histórico, sin haber convocado ni tan siquiera, a un congreso ideológico en el cual consultara o, cuando menos advirtiera a su base lo que sobrevendría. Sin embargo, en lo inmediato y por un buen tiempo, no se produjo en su interior ninguna catástrofe interna de relevancia. Probablemente, la más significativa y primera reacción inmediata en los círculos dirigentes del PLN, fue la iniciativa emprendida por el expresidente Daniel Oduber Quirós, junto a don Pepe Figueres, cuando intentaron levantar una alternativa frente a Oscar Arias en calidad todavía de precandidato liberacionista, en 1985. En esta ocasión, Oscar Arias los desafió esgrimiendo una célebre frase: “Yo no necesito muletas.” El enfrentamiento no fue solo entre personas, cada uno de los dirigentes mencionados representaban tendencias, diferentes formas de pensar que, con el tiempo se habían exacerbado al interior de Liberación Nacional. De modo que, el enfrentamiento preconizó un importante remezón que vendría después.

No sería sino hasta casi 20 años después, que el PLN, en el 2003, inicia un proceso de reflexión que culminaría con el Congreso Ideológico “Daniel Oduber Quirós”, celebrado en el 2005; durante el mismo se reflexiona sobre lo que el Dr. Leonardo Garnier Rímolo, en la introducción de las conclusiones de dicho Congreso expresó como “…un ejercicio para reencontrarnos con nosotros mismos…” Tras la pregunta que se formula el propio Garnier en el sentido de ¿Y por qué hacer, ahora, un Congreso así?, responde, citémosle literalmente: “Porque hay momentos que demandan ese tipo de reflexión. Hay momentos en que las personas, los grupos humanos, los partidos…y hasta los países -agrega- sienten que han perdido el rumbo y, peor aún, sienten que han perdido la identidad. Y muchos liberacionistas en los últimos años sentían eso…y lo sentían cada vez con más fuerza. Todo el desprestigio de la política que se ha generalizado en Costa Rica -y en el mundo- a lo largo de las últimas décadas, nos golpeó también a nosotros. -Garnier remata afirmando- Esa idea generalizada de que todos los políticos son iguales, de que todos los partidos son lo mismo, nos golpeó sin duda a nosotros.” (Cfr. Documento Final del Congreso Nacional “Daniel Oduber Quirós”. Una Costa Rica Integrada por las Oportunidades. Mayo, 2005, San José, CR)

Por cierto, el 21 de mayo del 2003, aparece un artículo en el diario La Nación, en el cual se puso en evidencia la confrontación entre Antonio Álvarez Desanti y Oscar Arias, ambos a la sazón precandidatos de Liberación Nacional, con respecto a la celebración del Congreso “Daniel Oduber Quirós”. Entonces el exmandatario consideró prioritarias otras tareas y llamó a suspender el mismo. Mientras que para Antonio Álvarez la celebración de dicho Congreso era vital para tener claridad en sus objetivos ideológicos. El diferendo llegó hasta la “Asamblea Nacional y Plenaria del PLN”, la cual se llevó a cabo en el mes de junio de ese año. Sin embargo, el Congreso siguió adelante y Leonardo Garnier, en su calidad de secretario de la comisión de planes y programas, celebró entre otras cosas la participación del Dr. Arias en las sesiones plenarias del Congreso y hasta en su sesión final efectuada el 22 de mayo del 2005. Pero, el enfrentamiento en las filas de Liberación Nacional parecía profundizarse.

Ya el PLN había sufrido de hecho una importante escisión, con la salida de Ottón Solís, Alberto Cañas entre otros importantes dirigentes, después de que concluyera la administración Figueres Olsen 1994-1998. Ottón Solís, en calidad de diputado, había escenificado una disputa con el entonces presidente Figueres, principalmente por haber aprobado el PAE III en su integralidad, después de haber abjurado del mismo en la campaña electoral de 1993-94 que lo llevó a ejercer la presidencia de la República.

Como se recordará, a resultas de la salida de Ottón Solís y de Alberto Cañas, quien también había sido diputado en ese cuatrienio, se fundó el Partido Acción Ciudadana, el cual participa por primera vez en las elecciones del 2002, obteniendo el 27% de los votos para presidente y eligiendo 14 diputados a la Asamblea Legislativa. Ya hablaremos de este singular acontecimiento en la vida política nacional, que tuvo la importancia, en primer lugar, de haber resquebrajado la estructura bipartidista de poder a nivel nacional. (Continuará).