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Montevideo, Uruguay.- César Vega lleva una vida casi autosuficiente en su casa rural de Montevideo, su cuartel general desde donde buscará la presidencia o al menos un escaño parlamentario que le permita combatir el uso de agrotóxicos y la contaminación en Uruguay.

"Acá en el campo no estoy preso", resume Vega, un ingeniero agrónomo de 56 años que se considera ante todo un campesino.

En su huerta, 40 km al oeste del centro de la capital, planta lechugas, espinacas y ajos; también pimientos y tomates. Son alimento y sustento económico, pues vende a una clientela fija que busca comida sana. Además, cría pollos y algún ganado para consumo propio, por eso hace 11 años que no compra carne, explica a la AFP.

El paisaje circundante es de postal. Desde su huerto se ve la confluencia de los ríos Santa Lucía y de la Plata como fondo de una zona de vegetación tupida a la que se accede por un camino de tierra.

Vega vive allí desde 1996. Este hombre de hablar sereno, que fue votante del oficialista Frente Amplio (izquierda, en el poder desde 2005), se alejó de esa coalición y ahora es el candidato presidencial del Partido Ecologista Radical Intransigente, el PERI, fundado en 2013.
Competirá por la presidencia en octubre, cuando los uruguayos elegirán al sucesor de Tabaré Vázquez.

Un proyecto y un mensaje 

"Para mí el asunto (de la política) es un sacrificio. Imagínense mi vida acá, en el campo... Digo que hay una edad para hacer las cosas, y hay que tomarse en serio lo que está pasando en el mundo, y hay que tratar de incidir para que sea mejor", argumenta.

En 2014, estuvo a las puertas del Parlamento. No le alcanzaron los votos. Pero ahora las encuestas le dan hasta 2% de intención de voto, y en 2020 una banca podría estar esperándolo.
¿Qué hará en su primer día si llega al Legislativo? 

Primero "saludar a todos. Menos a algunos (que) no me caen muy bien", señala. "Me gusta trabajar, y en donde esté -por más que sea aburrido- trataré de trabajar lo más que pueda", asegura.

"¿A qué nos queremos dedicar? Está muy desnorteado el uruguayo", afirma sobre su país, que se presenta al mundo bajo el eslogan "Uruguay Natural" pero ha incrementado drásticamente el uso de agrotóxicos para aumentar su producción, especialmente de granos transgénicos de soja y maíz.

Con su candidatura, Vega busca promover una forma de vida sustentable con "mucha gente viviendo en el campo".

Además quiere combatir el uso de "agroquímicos tóxicos venenosos". "En Uruguay en 2015 -afirma- se importaron entre 15 y 20 millones de litros de glifosato", un herbicida clasificado como "cancerígeno probable" ese mismo año por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, una agencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

"Uruguay puede producir orgánico sin uso de pesticidas como producimos nosotros", con mucho más mano de obra, asegura Vega. "Tenemos posibilidades de dar alimento a 100 millones de personas como mínimo", sostuvo, de un país de 3,4 millones de habitantes.

"¿No es que se necesita trabajo? Estoy proponiendo una fórmula para crear miles y miles de puestos de trabajo con producción orgánica: (...) hay que trabajar, con la azada y con las maquinarias".

Un nuevo paradigma

De un cantero, el candidato presidencial recoge puerros. De un invernadero construido con materiales reciclados sale con un montón de pimientos rojos y verdes entre sus brazos.

Cuando se le pregunta si cree que su llamado a un cambio de hábitos de consumo y alimentación, y en definitiva de forma de vivir, tendrá eco en la población de Uruguay, principalmente urbana, Vega se muestra pragmático.

"No sé si es inmediato. Lo único que yo sé es que el modelo tal cual existe -ciudad amontonada, rodeada de 'cantegriles' (villas miseria) de gente pobre, que sea Montevideo, Buenos Aires o Porto Alegre-, no es viable. Eso lo sé".

A Vega le preguntan si se identifica con el exmandatario José Mujica (2010-2015), quien también vive en el campo y pregona una forma de vida austera. Responde que su discurso es "positivo" pero, mostrando sus dedos cubiertos de tierra, matiza: "Nunca lo vi con las manos así".
Sobre su futuro político, es bastante terminante.

"No me siento comprometido a estar una hora más de las necesarias dentro del Parlamento. (...) Hay gente de estos muchachos (legisladores) que se pasan todo el día adentro del Parlamento. ¿Para qué le sirve a la población? Me van a ver haciendo muchos cursos de producción orgánica", gracias a "unos ingresos espectaculares, ahí (en el Congreso) que pagan muy bien. Entonces voy a hacer muchos cursos", concluyó.