Tatiana Lobo

Porque tenemos que entender que como el autor cedió, por contrato, sus derechos a la editorial a cambio de un 10% sobre las ventas (cuando la editorial los paga), el 90 % del perjuicio con las fotocopias lo sufren las editoriales y las librerías. A esto hay que agregar que las sobreimpresiones (cuando se imprimen y venden cantidades mayores de lo estipulado en el contrato) escapan completamente al control de las y los autores. Esto en cuanto al mercado del libro como objeto.

En tanto valor cultural, cuanto más se copie el objeto libro, mejor. Si no fuera por las copias y recopias no sabríamos nada de Homero ni conoceríamos la Biblia porque su tradición oral se extravió ha mucho en algún recodo de los tiempos. Sin el trabajo manual de los monjes copistas de la edad media casi toda nuestra herencia intelectual se hubiera perdido.

La ausencia de copias de nuestras culturas autóctonas ha lesionado profundamente nuestra identidad. Vean nada más de qué lastimosa manera juntamos piedras y cerámicas para tener una idea, siempre remota, de lo que fueron nuestros antepasados originarios. Los conquistadores sabían lo que hacían cuando destruyeron los signos de un lenguaje cultural muy complejo. Y muy diferente hubiera sido el destino de Africa si Europa no secuestra su memoria viva, el arte, para congelarlo en sus museos.

Cuando el original desaparece, la copia sostiene la memoria. La memoria garantiza la información y la información es conocimiento que fortalece la resistencia ante cualquier forma de dominación colonialista. Así lo entiende el copyleft.

Pero incluso desde el punto de vista comercial la presión de las editoriales para ilegalizar las fotocopias se volverá en su contra. ¿Por qué no negociaron con el MEP y las universidades ediciones baratas, completas o parciales, de los libros de texto que imprimen? Sería rentable puesto que los textos son de lectura masiva y obligatoria. Lo que puede causar la “ley villana” es que para sortear el problema del fotocopiado las y los profesores opten por textos editados fuera del país, menos susceptibles a controles legales, con lo cual bajarán las ventas de las editoriales nacionales.

Por último y no es lo menos, criminalizar el fotocopiado es encarecer el estudio, es crear una élite intelectual regida, no por la inteligencia, sino por el poder adquisitivo. Saque usted las consecuencias…