Barcelona. Más de 2 millones de personas depositaron ayer su voto en Cataluña para manifestarse sobre la independencia de España y la mayoría lo hizo a favor, según arrojaron los primeros resultados del escrutinio. El 80,72 por ciento de los votantes respondió que sí a las dos preguntas de la consulta por la autodeterminación: sí a Cataluña como un Estado, sí a que éste sea independiente. El “sí-no” obtuvo el 10,11 por ciento de los votos y el “no-no”, es decir, la opción contraria a la secesión, el 4,55 por ciento del total. Estos fueron los datos provisorios que anunció la vicepresidenta del gobierno de Cataluña, Joana Ortega, pasada la medianoche, con el 88,44 por ciento de los votos escrutados. Artur Mas, el presidente de la Generalitat, compareció antes de saberse los resultados y sólo por la cifra record de participación –2.250.000 personas, según lo contabilizado hasta el momento– calificó la consulta como “un éxito total”. El dirigente catalán consideró en su discurso ante la prensa de todo el mundo “que el Estado debe tomar nota de lo ocurrido este domingo en Cataluña”, recalcando que “los ciudadanos han demostrado que Cataluña quiere gobernarse a sí misma” y que se trata de “una aspiración que viene de hace muchos siglos, pero que se mantiene intacta”.

Además de una gran reivindicación soberanista, el éxito de la consulta supuso una contundente respuesta ante la mordaza que el gobierno de Mariano Rajoy intentó oponerle a la iniciativa, tras ser declarada inconstitucional y sometida a toda clase de amenazas. Desde las 9 de la mañana de ayer, 1317 colegios abrieron sus puertas gracias al trabajo voluntario de más de 40 mil personas para llevar a cabo un acto cívico sin precedentes en España. Porque lo que a simple vista parecía una jornada electoral como tantas otras, fue en realidad una consulta popular con gran valor simbólico, pero sin garantías legales. Poco pareció importarles a las más de dos millones de personas que se acercaron a depositar su papeleta en las urnas de las 6695 mesas que el gobierno central declarase inconstitucional la consulta. Aunque el resultado de las elecciones no sea vinculante, el derecho a decidir de los catalanes pesó más que las amenazas de Rajoy y la impugnación del Tribunal Constitucional. Incluso se podría decir que la censura los animó, todavía más, a salir a la calle en este domingo frío y lluvioso.

El “president” de la Generalitat, Artur Mas, depositó su voto cerca de las doce del mediodía y declaró ante las decenas de cámaras que lo rodeaban que “los catalanes nos hemos ganado el derecho a un referéndum definitivo”, a la vez que exigió al gobierno del PP que deje de “intimidar” con la advertencia de la fiscalía de estudiar posibles acciones contra la celebración del proceso participativo. Mas subrayó que a partir del 9-N espera “tener las mejores cartas y las más fuertes para hacer entender que en algún momento queremos una consulta definitiva, con todas las garantías y consecuencias”, reivindicando lo “duro y difícil” que fue el camino desde que, en diciembre de 2013, convocara oficialmente a las votaciones.

Mariano Rajoy, por su parte, siguió la jornada desde su despacho en Madrid y no quiso hacer declaraciones, intentando en todo momento minimizar la iniciativa catalana. Según fuentes de La Moncloa, el gobierno cree que la consulta de ayer es “un ejercicio antidemocrático e inútil, que no tiene efectos jurídicos”. Después incluso de conocer la cifra record de participación, los portavoces del presidente insistieron en que esos datos “no tienen ninguna validez porque no hay manera de comprobarlos, al tratarse de un proceso sin garantías controlado por los independentistas”.

Hasta última hora, el poder central tuvo en marcha las maquinarias legales para frenar el proceso participativo, pidiendo a la fiscalía superior de Cataluña que investigue si el gobierno de Mas había ordenado la puesta a disposición de centros educativos para realizar la consulta, y encargando a los Mossos d’Esquadra (policía catalana) la relación de locales en los que se celebrarían los comicios y las personas que serían las encargadas de su apertura. Ante esas amenazas, el presidente de la Generalitat respondió desafiante: “Si la fiscalía quiere conocer quién es el responsable de abrir los colegios públicos, sólo hace falta que me miren a mí. El responsable soy yo”. Artur Mas arremetió contra los anuncios de Rajoy y le exigió “que dejen al pueblo catalán tranquilo, que se pueda expresar con normalidad y tranquilidad, sin intimidaciones”.

Pese al temor de que la policía pudiera impedir la consulta o que se produjeran incidentes en algunos de los 938 municipios en los que se llevó a cabo la votación, la jornada transcurrió de forma pacífica. Los Mossos d’Esquadra finalmente no identificaron a los voluntarios que a las ocho de la mañana abrieron los colegios públicos en los que se realizaron los comicios y se limitaron a patrullarlos, sin entrar en los mismos.

El proceso participativo de Cataluña también tuvo que sortear el obstáculo de nuevas denuncias interpuestas durante la misma mañana de ayer por partidos políticos contrarios a la consulta, como UPD y Plataforma per Catalunya; organizaciones fascistas como la Falange Española y también por particulares que pidieron ante la fiscalía catalana la retirada de las urnas. Sin embargo, los jueces de guardia rechazaron esas demandas porque, tal como especificaron en un escrito, “no guardan proporcionalidad y no aparecen de momento razones de urgencia o relativas al orden público que aconsejen su adopción”.

El alcance de la consulta por un nuevo modelo de Estado fue tal que traspasó las fronteras nacionales, y cerca de 220 mil ciudadanos catalanes votaron en las diecinueve capitales del mundo en las que se dispusieron urnas. La jornada electoral, de hecho, empezó en Sydney diez horas antes que en Cataluña, con la participación de decenas de inmigrantes enfundados en sus banderas esteladas. Luego de la ciudad australiana, las siguientes en abrir sus puertas fueron las delegaciones situadas en Tokio y Hong Kong, y el último punto de votación en cerrar fue el de Sillicon Valley, California, a las cinco de la mañana.

La agenda estipulada por el gobierno de Cataluña para las próximas dos semanas es que, con el as en la manga de los resultados en favor de la independencia y el alto porcentaje de participación en la consulta, el proceso de negociación por un nuevo modelo de Estado siga adelante. Tal como recordó Mas en su comparecencia ante los medios, “queda pendiente que se pueda hacer un referéndum definitivo a la británica o a la canadiense”.

El plan del presidente de la Generalitat es enviar hoy una carta a Rajoy para volver a negociar, según anunció. “Lo que haré será enviarle una carta para hacer un balance de lo que pasó el día 9 y para ofrecer una vez más nuestra disposición a dialogar”, explicó Mas. Además del posible referéndum, los mandatarios tienen aún por resolver 23 puntos que el dirigente catalán le demandó a Rajoy el pasado mes de julio durante su última reunión en La Moncloa. En esa lista figuran temas como un nuevo modelo de financiación o inversiones pendientes en infraestructuras. “Hasta ahora, de las 23 propuestas el gobierno sólo ha aceptado una, que además no implica ni un euro de gasto público”, señaló el “president” en referencia a la conexión ferroviaria entre Barcelona y su aeropuerto, que realizará una empresa privada. “A partir del lunes (por hoy), lo que se tiene que hacer es dialogar, hablar, sentarnos en una mesa y llegar a acuerdos con una mentalidad del siglo XXI y escuchando a la gente; no se pueden llevar a cabo proyectos políticos si no es con consenso”, sostuvo Mas.

Pero en este nuevo intento de consenso con el gobierno central, el dirigente de Convergència i Unió (CIU) está solo. Su hasta ahora socio en la causa soberanista, Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), es contrario a seguir dilatando la independencia. “Nadie me convencerá de que a la independencia llegaremos negociando con el Estado español”, aseveró en un acto público días antes de la consulta.

Desde que Mas renunciara a la votación original, a raíz del veto del Tribunal Constitucional, y planteara el sucedáneo que finalmente se realizó ayer, el pacto de estabilidad que tenía con la otra gran fuerza política de Cataluña, Esquerra Republicana, se vio quebrantado. Tanto ERC como el resto de formaciones soberanistas le demandaron al “president” que convocara elecciones anticipadas para que una eventual candidatura conjunta en pro de la independencia tuviera la posibilidad de gobernar Cataluña y llevar adelante el nuevo modelo de Estado.

Las dos organizaciones que encabezaron la campaña en favor de la consulta, la Asamblea Nacional Catalana y Omnium Cultural, también increparon a Mas y le dieron un plazo de tres meses para el adelanto de las elecciones autonómicas. “Escucharé a todo el mundo a partir del día 10”, fue su respuesta.