PABLO ORDAZ

Roma. Mario Monti acaba de demostrar, a través de la prima de riesgo, que Silvio Berlusconi no solo sigue siendo un peligro para Italia, sino también para la Europa más débil. La siguiente cuestión sería: ¿cómo se apaga el incendio provocado por el primer ministro técnico para dejar en evidencia al pirómano Berlusconi? Monti, que viajó a Oslo para asistir a la entrega del Nobel de la Paz, quitó importancia al descalabro bursátil causado por su decisión de dimitir: “Las reacciones de los mercados no deben ser dramatizadas”. Pero esto no es lo que se había venido manejando hasta ahora. De hecho, la caída de Berlusconi y su sustitución por un Gobierno tecnócrata fue justificada hace 13 meses por la necesidad de devolver la credibilidad económica a Italia enfriando la prima de riesgo y dando a la bolsa el necesario oxígeno.

Desde el sábado por la noche, Monti le ha tomado la delantera a Berlusconi. El jefe del Gobierno técnico demuestra a cada paso su gran dominio de los hilos de la política y la comunicación. Su anuncio de dimisión —en respuesta a la decisión del Pueblo de la Libertad (PDL) de retirar el apoyo al Gobierno— fue comunicado con el membrete de la presidencia de la República y bien entrada la noche. Lograba así dar solemnidad a la decisión y, de paso, relegar a un segundo plano en los noticieros del domingo las primeras declaraciones de Berlusconi como candidato a las próximas elecciones. Lo siguiente, ya bajo el radar de las cámaras, fue hablar con los directores de los principales medios de comunicación para que quedaran muy nítidos los motivos de su decisión. Y los culpables.

Se trataba de desenmascarar ante la opinión pública la estrategia de Berlusconi, que no es otra que convertir desde ya el Senado y la Cámara de Diputados en el centro de un rifirrafe electoral, desvinculándose de la acción de un Gobierno al que su partido ha venido apoyando los últimos 13 meses, evitando la aprobación de las leyes más impopulares y, llegado el caso, provocando la caída del Ejecutivo tecnócrata. Con su dimisión —una vez que se aprueben los presupuestos—, Monti logra quitarle la iniciativa y anticipar un mes las elecciones.

Y un mes menos de guerra política es una eternidad. “Estoy convencido de haber hecho la cosa justa”, confió el primer ministro a Ezio Mauro, el director del diario La Repubblica. “He preferido”, añadió, “que la decisión y el anuncio fuese un día con los mercados cerrados, con un espacio de 24 o 36 horas para reabsorber el golpe, aunque con la esperanza de que el golpe no se produzca”. Pero Monti sabía que el golpe se iba a producir. Un golpe que había provocado él con su anuncio de dimisión, pero que, paradójicamente, también se interpretaría como un golpe de respaldo a su gestión y de preocupación por el regreso de Berlusconi.

Y el golpe, claro está, llegó, puntualmente. La prima de riesgo italiana se disparó, contagiando de paso a la española y convirtiendo el órdago doble de Monti y Berlusconi en un problema de todos. Pero mientras el primer ministro técnico viajaba a Oslo, recibía el cariño de sus pares y declaraba aquello de que “no se debe dramatizar” la reacción de los mercados, en Italia empezaba el espectáculo.

El ex primer ministro negocia un pacto con sus viejos socios de la Liga Norte

Berlusconi confirmaba un posible nuevo acuerdo con la Liga Norte —sus broncos aliados en el último Gobierno—, redobló sus ataques a los ministros del Gobierno técnico e intentó sembrar cizaña en las filas enemigas, ofreciendo al perdedor de las primarias del centro izquierda —el alcalde de Florencia, Matteo Renzi— un puesto junto a él: “Si Renzi quiere venirse con nosotros, que sepan que los liberales siempre tienen la puerta abierta”. Renzi le respondió rápido y claro a través de su cuenta de Twitter: “Querido Silvio, las cosas se pueden comprar, las personas no. No todas, al menos. Yo no. ¿Tienes la puerta abierta para mí? Ciérrala. Hace frío”. Pier Luigi Bersani, secretario general del Partido Democrático (PD) y candidato del centro izquierda, también se sumó al intercambio: “Invito a Berlusconi a no caer en el ridículo, aunque es un lugar que suele frecuentar mucho…”.

Así, hasta el 17 o el 24 de febrero, la fecha más probable de las elecciones. Según una encuesta publicada ayer por The Wall Street Journal, el centro izquierda de Bersani sigue teniendo las máximas opciones de victoria, con el 37,8%, seguido del partido de Berlusconi, 18,2%, y del Movimiento 5 Estrellas del cómico Beppe Grillo. Los centristas solo obtendrían un raquítico 5,2%, salvo, claro está, que Mario Monti se decidiera finalmente a entrar en política. Pero el profesor sigue jugando con la duda. Según Bersani, lo ideal sería que Monti se mantuviera al margen, en su papel institucional, por encima del bien y sobre todo del mal.

La política italiana tiene mucho aguante.

Pero, ¿tanto cómo para soportar a un candidato a la presidencia del Gobierno condenado por prostitución de menores? Silvio Berlusconi quiere evitarlo a toda costa. A cualquier precio. El primer paso era conseguir que Karima el Mahroug, la joven bailarina marroquí también conocida por Ruby, no declarara como testigo en el caso que se sigue en Milán contra el anterior primer ministro por abuso de poder e inducción a la prostitución de menores. Y la muchacha, claro está, no acudió al juicio. Ilda Boccassini, la fiscal del caso, tiene claro por qué y lo soltó delante del tribunal: “Conozco desde hace mucho tiempo las estrategias de la defensa, y digo que la dilatación en el tiempo de los testigos es una estrategia procesal con la que Berlusconi quiere llegar a la campaña electoral”.

Aunque el abogado de Berlusconi, Niccolò Ghedini, acusó a la fiscal de “difamación”, lo cierto es que Ilda Boccassini puso el dedo en la llaga. Berlusconi es un experto en evadir la acción de la justicia. No hay más que recordar que de los 33 procesos abiertos en su contra en los últimos años, por el momento solo ha sido condenado en tres, y nunca por sentencia firme. Ahora trata de retrasar lo más posible un proceso especialmente grave para su imagen como político y como persona. La fiscalía considera probado que Berlusconi mantuvo relaciones sexuales en un buen número de ocasiones con Karima el Mahroug cuando aún era menor de edad. El abuso de poder se refiere a la llamada que el entonces primer ministro hizo a la comisaría central de Milán la noche del 27 al 28 de mayo de 2010. Berlusconi aseguró a los policías que Ruby era “sobrina” del entonces presidente egipcio Hosni Mubarak y que debía ser “confiada” a Nicole Minetti, otra joven amiga suya.