El humor es mi manera de expresar mi decepción política

La narrativa de Aníbal Barreto Monzón (Paraguay, 1954) es una manifestación de inconformidad con el quehacer político de su país. Su humor, presente en su obra, es una forma de expresar su decepción y su impotencia ante la forma turbia como conducen la política quienes ejercen el poder. Aunque alejado de toda militancia activa, tiene en su cuenta el haber sufrido en carne propia el exilio y la cárcel durante la larga dictadura de Alfredo Estrossner (1954-1989).

Esta experiencia, sin duda, está presente en su literatura, pero lo hace en forma de sátira, con buen humor, un recurso al que ha acudido en todos su libros para poner en evidencia la corrupción y los manejos oscuros por quienes controlan el poder, en Paraguay, pero también puede ser en cualquier país latinoamericano.   

Una de sus obras es La santa política, su más reciente novela que publica en Costa Rica la editorial Montemira. El propio autor presentará la obra el 14 de marzo (el próximo miércoles) en el Instituto de México. Lo acompañarán el embajador de Paraguay en San José, Óscar Llanes Torres, y el académico y crítico literario, Benedicto Víquez Guzmán.

En La santa política, Barreto Monzón relata la historia de un personaje identificado como la Santita, descendiente de dirigentes sindicales que enfrentaron el régimen de  Strossner, pero que luego se involucra en un partido tradicional que acaba de perder el poder y que ha hecho de las maniobras mafiosas su mecanismo de supervivencia.

Otras obras suyas son Democracia a lo Luque-Propuesta política de un colorido partido divertido (1995), El doctor, mi candidato (2003), llevado al teatro en Argentina, y La vida en pedazos (2009), obras en las que también hace gala de vena satírica para criticar la política paraguaya o, en general, latinoamericana. La siguiente es una entrevista con el autor de La santa política.

Pregunta: ¿Qué representa La santa política en su obra literaria?

Respuesta: La santa política es una novela que relata la vida y trayectoria de un militante político (marginal), cuyo descendiente pasa a ser la principal protagonista de la historia. La Santa es el resultado de una mala atención en un servicio público de salud. El profesional médico entregó el cuerpito de un niño a los familiares, que fue velado por vecinos y por griterío de un borracho despierta en pleno velorio. Allí los vecinos revisaron al niño que, finalmente, fue una niña (que dieron también un certificado de defunción equivocado) y que había sufrido un cuadro de  catalepsia (muerte aparente). A esta niña la población le dio el rango de Santa, a su entorno crecieron infinidades de milagros y fantasías. Llegando a hacer competencia a las vírgenes más milagrosas del país.

P: ¿Cómo y de dónde surge esta obra y sus personajes? ¿Hay algún acontecimiento especial que pretendiera recrear en la novela, utilizando la sátira y el humor?

R: La Santa creció y llevó una vida normal hasta la universidad. Siendo estudiante cae el partido de gobierno. Ella termina la carrera universitaria y el partido le convoca para ocupar el cargo interino de la presidencia para limar las diferencias que fueron surgiendo a partir de la derrota. Aprendió muy rápido las maniobras y las corruptelas manejadas dentro de los partidos políticos. A través de una asamblea legitimó su cargo de presidenta. El relato es jocoso, sarcástico, con humor y con buena dosis de la práctica de la política criolla de la región.    

P: En su novela La santa política se observa particular manejo del humor y una fuerte crítica a la política paraguaya, que también pudo ser a la de cualquier otro país de América Latina. ¿Considera el humor y la sátira un buen recurso para la crítica política? ¿De donde surge ese humor?

R: Todos mis trabajos literarios realizados hasta hoy, su recurso principal es el humor, es la manera de expresar mi decepción y mi impotencia ante tanta irregularidades e injusticias cometidas por los gobernantes de turno.

P: La larga dictadura de Alfredo Stroessner, que también está presente en su obra, ¿ha repercutido de alguna manera en el quehacer literario en Paraguay,  no solo en su obra sino en otros autores?  ¿De qué manera?

R: Es difícil olvidar tantos años de atropellos a los derechos elementales del hombre. De hecho ningún escritor u otros autores sensibles a los hechos políticos y sociales pueden dejar de sentir y  manifestar de alguna manera su indignación e impotencia ante la crueldad que devoró la región por tantos años.

P: Usted fue un firme luchador contra el régimen de Stroessner, ¿Se puede considerar que usted, como escritor, está marcado por la dictadura?

R: Toda mi familia sufrimos la persecución política, fuimos detenidos, desterrados y exiliados por la dictadura.

P: A mi modo de ver, la novela deja abierta alguna esperanza, la reivindicación de su personaje central. ¿Plantea esto un futuro esperanzador para las nuevas generaciones? ¿Cómo analiza el quehacer político, no solo paraguayo, sino de otras naciones latinoamericanas?

R: Inconscientemente manifiesto un futuro esperanzador, nunca me propuse. Ahora que vos señalas me doy cuenta de que eso es una realidad que se refleja en la novela. Aún no me rindo.

P: ¿Qué función considera usted que debe cumplir la literatura en la vida social y política de nuestra región? ¿Es la política, a veces esperpéntica, como en su novela, una fuente de historias para los narradores?

R: Escribo como una forma de catarsis, fundamentalmente divertirme y reírme de lo que escribo. No me propuse nunca buscar que cumpla una función. Mi idea siempre fue la de relatar con facilidad y humor una realidad. Robarme del lector por lo menos una carcajada. En mi país material para el delirio no falta (sobra).