Los candidatos presidenciales de la oposición cerraron ayer sus campañas para las primarias del domingo, una elección que por fuerza de las circunstancias terminará siendo algo más parecido a una megaencuesta o un simulacro de primera vuelta que a la intención original de la reforma política, que era involucrar a todos los ciudadanos en la designación de los postulantes a la Casa Rosada.

Los sondeos que circularon esta semana en Gobierno y en los comandos opositores coincidieron en marcar una amplia diferencia a favor de Cristina Kirchner. Ayer, en las charlas-discursos que ofrecieron a manera de cierre, Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde buscaron mostrarse como los más capacitados para competir contra la Presidenta y descartaron que la elección ya estuviera definida. Quien el domingo salga segundo en cantidad de votos, aspirará a polarizar la elección y concentrar el voto anti K en octubre.

Frente al frente

Luego del cierre del miércoles en el Teatro Coliseo, en lo que en rigor fue su único acto de campaña formal, la Presidenta quería realizar ayer una actividad a su gusto: promulgar la ley de promoción de la industria del software en Tecnópolis, destacando de paso uno de los sectores productivos que más creció en los últimos tiempos. Pero debió cambiar de planes luego de enterarse de que Rocío, la mujer de su hijo Máximo, había perdido su embarazo. Cristina Kirchner voló a Santa Cruz para estar junto a su familia en un momento difícil.

Su compañero de fórmula, Amado Boudou, visitó Córdoba, una de las provincias tradicionalmente complicadas para el kirchnerismo, con la promesa de “profundizar el modelo” como estandarte. El análisis del Gobierno es que si a la Presidenta –como adelantan los sondeos– le va razonablemente bien en distritos como Capital Federal, Santa Fe, Mendoza y Córdoba, la diferencia final será generosa, dando por hecho un contundente triunfo en el decisivo territorio bonaerense y prácticamente todas las provincias del norte y sur del país.

En la Casa Rosada aseguraban tener un abanico de ocho encuestas de opinión que le otorgaban a la Presidenta una intención de voto para el domingo de entre el 42 y el 50 por ciento. Tal vez por eso la sensación que campeó durante la campaña del Frente para la Victoria fue que, antes que nada, se buscó consolidar los apoyos propios, con spots con frases de discursos presidenciales e impronta militante. También se asoció a la Presidenta con la idea de “fuerza”, apuntando a la idea de liderazgo.

 Segundos afuera

En estos mismos sondeos, Ricardo Alfonsín figura segundo, aunque con una diferencia muy estrecha –incluso dentro del margen de error de cualquier muestreo– sobre Eduardo Duhalde. En estos meses Alfonsín realizó un verdadero tour de force ideológico que lo llevó de un tibio progresismo inicial a un cierre con más un tic conservador. Así desechó la alianza con Hermes Binner para acordar con Francisco de Narváez, mientras que sus nuevos asesores le recomendaron saltar de los moderados reclamos de mejoras institucionales a armar una publicidad que busca alarmar con la inseguridad. Lo curioso es que el giro no parece haberle generado nuevos apoyos. Estaría muy lejos de la Presidenta, también adelantan una muy escasa cosecha porteña. Una de las incógnitas pasa por saber si De Narváez le sumará votos en la provincia o si, por el contrario, él empujará hacia abajo al colombiano. Con todo, las encuestas colocan al gobernador Daniel Scioli como amplio favorito en Buenos Aires y a De Narváez segundo, muy atrás.

Alfonsín concluyó anoche en el hotel NH City con una charla con politólogos y un extenso discurso en la mejor tradición radical. “Nos quieren mentir con la inseguridad como hacen con la inflación o con la crisis energética”, disparó. También se burló de Boudou: “Se fueron 10 mil millones de dólares mientras tocaba el rock”.

Disputa el segundo puesto con Duhalde, quien desde el vamos se instaló en ese carril ideológico en el que hoy se quiere acomodar el radical. Tanto así que Duhalde imaginó un inédito cierre de campaña con una misa en la Basílica de Luján. Cambió de idea por temor a un escrache del Frente Darío Santillán. Terminó haciendo una rueda de prensa con su compañero de fórmula, Mario Das Neves, en la que buscó marcar diferenciarse del Gobierno al decir que su administración será “de unidad nacional”. El mensaje de campaña de Duhalde buscó cosechar en el mismo terreno que el kirchnerismo: peronismo y liderazgo fuerte. Machacó hasta el último día con su “experiencia” para gestionar y buscó convencer acerca de una supuesta pérdida de autoridad en la Presidenta.

El resto

Hermes Binner y Alberto Rodríguez Saá se refugiaron en lugares donde se sienten fuertes. Luego del acto del miércoles en el Luna Park, el candidato del Frente Progresista realizó una caminata por Rosario, la ciudad en la que fue intendente. Gracias al viraje de Alfonsín, Binner se instaló cómodo en el rol de una oposición de centroizquierda moderada, con la idea de mantener el rumbo pero sin la “confrontación” que le adjudican al kirchnerismo. Hay encuestadores que ubican a Binner como una de las posibles sorpresas del domingo. Aseguran que sus apoyos suben y que podría conseguir porcentajes cercanos al 10 por ciento. Incluso, que en la Capital estaría por encima de Alfonsín.

Rodríguez Saá anduvo por las provincias de Cuyo, su zona de influencia. El gobernador puntano y su hermano Adolfo mostraron que también buscan capitalizar dentro del electorado peronista porque en el cierre, en vez de pegarle al Gobierno, le apuntaron a Duhalde. Aseguraron que el ex presidente –con quien ya protagonizaron una frustrada preinterna– de nuevo está preparando “un fraude” en la provincia de Buenos Aires.