Transcribimos completo, el discurso de Mora en el Traspado de Poder.

“Costarricenses: La magnificencia de este acto es tal, que claro que tenemos que celebrar y celebrar en grande. También tenemos que festejar, y festejar con enorme alegría. Nos ufanamos de nuestra democracia, y tenemos razones validas para hacerlo.

Pero lo que una democracia madura no puede permitirse es ser autocomplaciente, porque como aprendí de un querido ex presidente de la República que físicamente ya no se encuentra entre nosotros, la democracia costarricense no debe ser simplemente mejorada o perfeccionada. Debe ser superada.

Por eso, mi mensaje inicia con una breve reflexión sobre la calidad de la democracia.

La palabra democracia alberga dos términos, “pueblo” y “poder”, por lo que en si misma contiene una cierta ambigüedad, que nos permite oscilar entre el despotismo (la autoridad suprema) y la acracia (la ausencia de autoridad estatal), según que el poder se distancie, se contraponga o se fusione con la voluntad popular.

Por lo anterior, los regímenes democráticos no lo son realmente solo por el hecho de elegir libremente a sus gobernantes, sino además, y fundamentalmente, por el grado efectivo de participación de la población en la toma de decisiones.

Por ello, un “legitimo acuerdo democrático” es aquel en el que la decisión es fruto de un proceso en el que prevalezcan:  La participación más plena posible. La razón, no la violencia. La mayor simetría posible en las condiciones de participación. La más completa transparencia en el dialogo y, el reconocimiento de los afectados y la responsabilidad por los efectos negativos que cualquier acuerdo pueda tener sobre personas o sobre el medio ambiente.

Cuando estos principios no se cumplen, caemos en un poder sin consenso, en una legalidad sin legitimidad, en una autoridad sin convencimiento y en un gobierno sin confianza.

Nuestra meta es entonces avanzar hacia una democracia radicalmente participativa que sustituya los consensos entre cúpulas por otros en los que la ciudadanía activa e informada participe activamente en las grandes decisiones de gobierno. Para ello habrá que establecer un marco institucional y una ética política que propicien esa participación informada en los distintos niveles de gobierno, desde lo local y sectorial hasta los niveles más agregados.

Lo anterior no significa desdeñar la democracia representativa, pero si, ampliarla y profundizarla, aunque como usted lo sabe muy bien, Señor Presidente electo, el reto más acuciante es cómo enraizar una democracia participativa en una sociedad acostumbrada a separar indebidamente lo público y lo privado, y a delegar excesivamente en sus representantes la toma de decisiones.

La segunda parte de mi mensaje consta de un selecto grupo de humildes consejos que me tomo el atrevimiento de sugerir, a usted, Señor Presidente electo, a su gabinete, y a todos los miembros de los supremos poderes, incluida claro está la Asamblea Legislativa.

Son consejos que expreso a través de mi voz, pero que fueron pronunciados por ilustres seres humanos a lo largo de los últimos 2500 años.

El primero tiene que ver con la esperanza, pero también, con la osadía, y fue pronunciado por el gran Miguel Angel Buonarroti:

“El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que nuestra meta sea demasiado alta y no la alcancemos, sino que sea demasiado baja y la consigamos sin mayor esfuerzo”.

Este pueblo ha apostado por el cambio, tiene grandes esperanzas y grandes expectativas que debemos saber administrar, pero nunca intentar limitar ni cercenar. Estas altas expectativas no deben asustarnos, sólo debemos administrarlas y, desde luego, honrar los compromisos adquiridos con nuestro pueblo.

Por eso, y este segundo consejo se lo dirijo a nuestro amado pueblo, hay que saber entender que todos los procesos de cambio tienen lugar a su propio ritmo.

Como dijo el filósofo chino Confucio: “No desees que las cosas se hagan a toda prisa.

No te fijes solo en las pequeñas ventajas y desventajas. Desear que las cosas se hagan a toda prisa impide, muchas veces, que se haga bien. Fijarse solo en las pequeñas ventajas y desventajas, en los pequeños avances y retrocesos, impide realizar grandes empresas”.

Nuestro pueblo tiene su propio refrán sobre esto, más sencillo y directo: “despacio, que llevo prisa”.

Los dos últimos consejos se los imploro a todas y todos quienes hoy asumimos cargos de autoridad.

El primero es del también filósofo chino Lao-Tsé, fundador del taoísmo: "Los verdaderos gobernantes apenas son conocidos por sus seguidores. Cerca de ellos se encuentran los líderes, a los que la gente conoce y admira. Después de ellos, aquellos a los que temen, y después de ellos, aquellos a los que desprecian".

Los verdaderos dirigentes no lo son por sus títulos ni por sus cargos. Los gobernantes, de cualquier rango que se apoyan en el miedo no están calificados para gobernar. El líder da confianza y ánimo, fomenta la autoconciencia.

Señor Presidente electo, el pueblo reconoce en usted un líder. Dios quiera que todos nosotros podamos imitarlo.

Termino con una frase bíblica, del Evangelio de Marcos: “El que quiera ser autoridad, hágase servidor, servidor de todos”.

Se nos ha delegado un mandato, el mandato de gobernar. Lo que el evangelista Marcos nos dice en este pasaje es que la mejor forma de gobernar es, gobernar obedeciendo, obedeciendo la voluntad popular. Muchas gracias!

Economista y diputado del Partido Acción Ciudadana.
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