Nos pusimos a nadar contra corriente en el río de la historia, éramos dos, cuatro, seis, siete, once. Después vimos que otros también nadaban juntos, nos tomamos de las manos, sin que nadie quedara atrás. En colectivo hemos encontrado corazones, cuerpos y mentes fértiles que hemos aprendido a labrar y cuidar para que podamos cosechar una gran comunidad de comunidades, que supere la no ética de la guerra que mata naturaleza y humanidad desde la codicia devastadora, y triunfe la ética del amor y el respeto sin que nadie domine a nadie para que podamos caber con todas nuestras diversidades.

Con títeres, teatro, murales, juegos, festivales, campamentos, hemos ido inventando y adaptando técnicas y metodologías por ocho años. Hemos estado en un proceso permanente de experimentación y aprendizaje, donde teorías, metodologías, intuiciones y nosotras, todas las personas que armamos este equipo, somos hipótesis, sujeto y evento de prueba.

Las que juzgan la pertinencia y la eficacia de los procesos han sido las comunidades: caras largas y bostezos significa que estamos lejos, mientras que miradas vivaces, manos levantadas, ojos que brillan nos dicen que estamos andando buenos caminos. ¿Universidades a prueba de comunidades? Más bien, formas de hermanar, a prueba de privilegios de unos saberes sobre otros.

Estos ocho años, y todos los que traemos encima, no son sólo cúmulo de conocimientos sino gestación de nuevos que han emergido del vínculo entre la sabiduría que distintos pueblos y comunidades y movimientos sociales han compartido y aprendizajes aportados por las muchas disciplinas académicas, que en conjunto hemos unido en otras formas de hacer, pensar-sentir y decir.

Han sido años de trabajo en equipo, un equipo que es un verdadero privilegio conformar. A todo esto se suma la enorme paciencia de muchos colaboradores y funcionarios de la"U"que se han echado al hombro esta aventura también y que han permitido crear este campo abierto para el cultivo de la acción social y compromiso.

La imagen clásica de kioscos es: una buseta cargada de estudiantes, de equipos, colchonetas, sonido y planta eléctrica y las infaltables botas de huele. Como nómadas gitanos, cruzamos y erramos por casi todos los rincones del país donde las comunidades intentan apropiarse de su historia, transformarla para ir labrando un territorio, geográfico y simbólico, más justo y solidario.

Podemos decir entonces que hemos aportado al tejido de una universidad donde podemos ir hilando otras epistemologías más diversas y multicolores, una universidad más cercana y flexible para que convivan múltiples comunidades, saberes, pensares, haceres y sentires.

Hemos caminado con una ética política en permanente disputa, con crisis y rupturas que han implicado crecimiento en todo sentido, con tensiones que no hace falta disimular que responden al orden injusto que inunda, rige y cruza nuestras vidas.

En cada experiencia, la intensidad es la constante, sin importar cantidad de minutos, horas o días. Lo mismo fue recorrer calles informando sobre el TLC durante cien días y noches, que subir durante un día completo con todo el equipo de video, computadoras, y demás al Alto Uren para dar un taller sobre minería, así como presentar un video en bribri para 20 habitantes que poco comprenden el "idioma de castilla", como decían, ese que nos impusieron desde 1492.

Hoy no solo podemos celebrar 8 años luego del TLC o de kioscos, hoy tenemos muchas celebraciones y razones para seguir soñando y empujando esta carreta diversa y alegre.

Hay datos cada vez más contundentes de cómo las comunidades han tomado la delantera y han iniciado importantes luchas por la defensa de su territorio: el Estado de la Nación contabilizó 486 acciones colectivas o protestas sobre asuntos ambientales entre 1994 y 2013. Las comunidades fueron las protagonistas de casi la mitad de esas acciones colectivas ejemplificado en movimientos de alcance nacional como en Sardinal de Guanacaste en 2007, esta gente, articulada con muchos otros sectores, puso un alto a los intentos de privatización y saqueo de su recurso hídrico.

Lo mismo en Talamanca, donde comunidades frenaron el intento de una Marina en Puerto Viejo en 2008, así como la importante lucha indígena contra la minería en cerros sagrados Talamanca. También una fuerte lucha contra la expansión piñera en el Caribe se ha logrado consolidar mediante la movilización para la incidencia en políticas locales. El triunfo de la lucha contra la minería de Industrias Infinito en Crucitas o recientemente en la defensa del agua en Potrero Grande. En todas estas luchas Kioscos ha sido universidad que cumple su papel de acompañar y vincular los procesos de reivindicación social y organización, junto con la docencia y la investigación.

Visibilizar, movilizar, resistir y transformar han tenido el peso constante de intentos de represión, en muchas ocasiones la Universidad se ha visto amenzada para que silencie nuestro trabajo, en los archivos de la Vicerrectoría de Acción Social de la UCR abundan cartas y otros tipos de presiones en contra de nuestro quehacer, unas más explícitas que otras, pero general vienen de protagonistas que hablan de desarrollo como sinónimo de enriquecimiento de unos cuantos en detrimento muchas veces de la calidad de vida de muchos y de la Naturaleza por ejemplo empresas y productores de plantas ornamentales, piñeras, interesados en las marinas en Puerto Jiménez y Puerto Viejo, los intereses que se mueven, muchas veces entre sombras y sin dar la cara, detrás de la destrucción de la Fila Costeña.

Hay casos que ilustran bien esta constante, por ejemplo cuando la minera de Crucitas vió como amenaza para sus intereses una universidad crítica y conciente y se lanzó a demandar profesores, presionando por obtener información detallada sobre los recursos utilizados por Kioscos, y una serie de acciones que van en contra de la autonomía universitaria.

Y la más reciente presión ha venido por parte de una empresa cuyo proyecto hidroeléctrico en el Río Parismina no se construyó, amenazó con una serie de denuncias que culminaron en un importante criterio legal emanado desde la Oficina Jurídica de la UCR que se pronunció en defensa sobre el tema de la libertad de cátedra en el Programa. (Ver informe Rectoría 2013 pág. 88). Al final Kioscos y las comunidades han salido fortalecidas.

¿Y cómo surgió Kioscos? Hablar de kioscos implica hablar del TLC y del fraude que fue en si mismo el referendo del 7 de octubre de 2007. Hace 8 años vivimos el trauma social ante el abuso de poder y recordar aquel momento es doloroso, pero también es motivo de alegría y orgullo porque significa recordar la resistencia y la propuesta de una iniciativa que se consolidó como el Programa Kioscos Socioambientales para la organización comunitaria.

No contaban con que aquella agresión detonó un motor de cambio irreversible que aún nos cuesta ver, datar, entender. Apenas y reconocemos sus efectos más visibles, como lo fue el evento de las pasadas elecciones presidenciales, donde el "Sí" neoliberal fue derrotado, al menos simbólicamente en ese momento.

Los que creyeron que perdimos, si empiezan a sumar, verán muchos, muchísimos pequeños puntos que juntos son indicadores positivos y demostrativos del fortalecimiento de la organización social en Costa Rica, esa que ha creado formas de vivir mejor y que quiere un país con menos privilegios para unos pocos y más beneficios para todas y todos.

Así que Kioscos nació a la sombra gigante de trampas con nombre de tratado de libre comercio, que de libertad no tiene nada, y a la luz de la resistencia al miedo y al engaño.

En este aniversario de Kioscos reconocemos que hemos aprendido que la esperanza está en todos los mundos que habitan en nuestras comunidades y realidades, y que es allí donde hay que buscar, reconocer y crear respuestas antes de buscar otros mundos y rumbos para nuestro país.

Presidente de FECON y profesor en la Universidad de Costa Rica.
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