Actualmente, esta condición, ligada completamente a una ingesta excesiva de flúor, se encuentra en un alto grado de prevalencia y severidad en Tierra Blanca de Cartago.

Con base en resultados preliminares de una investigación sobre fluorosis desarrollada por la Facultad de Odontología de la Universidad de Costa Rica (UCR), de 43 menores examinados en la Escuela Manuel de Jesús Jiménez, 40 presentaban la patología. Algunos, incluso, en su grado más severo y con múltiples daños en cada diente de forma individual.

Para comprobarlo basta con ver los datos. De las 950 piezas dentales analizadas, 736 tenían fluorosis y, por diente, al menos había dos afectaciones. En total, se contabilizaron 1 802 daños en las superficies dentales. Los premolares, los molares y los caninos fueron los más perjudicados.

“Las lesiones son graves. La fluorosis leve es un problema estético, pero hay casos más severos en los que se pierde estructura, que es cuando el diente se empieza a deformar. A largo plazo, y con las fuerzas de la masticación, el esmalte defectuoso tiende a fracturarse con facilidad”, explicó el Dr. Giovanni Acuña Espinoza, docente de la UCR e investigador principal del estudio.

¿Por qué se origina?

De acuerdo con la Dra. Carolina Téllez Tecero, investigadora de la UCR asociada a la investigación, la condición es el resultado de una alteración negativa en la composición estructural de los dientes definitivos cuando están formándose; es decir, en el periodo de la niñez y antes de perder los ‘dientes de leche’.

Pero, para que esto suceda, se requiere que el menor ingiera altas cantidades de flúor. En Tierra Blanca, el consumo excesivo de dicho elemento no es difícil. La cercanía con el volcán Irazú permite que el flúor esté presente en el agua de consumo diario.

“No podemos estigmatizar el flúor, porque como odontólogos lo utilizamos a nivel tópico (nivel local del diente) para prevenir las caries. El problema está cuando ese equilibrio se rompe y las personas, niños más que todo, lo ingieren. Entonces, se da un cambio en la formación de los dientes que va desde lesiones leves, que son manchas blancas, hasta lesiones más severas como manchas cafés o cavitaciones (huequitos en los dientes)”, afirmó la Dra. Téllez.

Lo alarmante de la fluorosis es que, cuando se desarrolla, se convierte en una condición completamente incurable. Esto se da porque durante la formación del diente se altera por completo uno de los principales componentes del esmalte: la hidroxiapatita.

Ese mineral tiene todas las particularidades químicas necesarias para formar un esmalte lo suficientemente capaz de proteger el diente. No obstante, si hay un alto consumo de flúor, en vez de desarrollar hidroxiapatita se genera fluorapatita. Este último mineral también es parte importante en el desarrollo del esmalte, pero en elevadas cantidades da paso a la fluorosis.

“Una vez que el paciente tiene fluorosis, la condición se puede tratar, pero no curar. Lo único que se puede hacer es atenuar los síntomas. Es importante tener claro que el daño se gesta durante el proceso de formación del diente y se detendrá hasta que salga. Ya cuando el diente está afuera, la fluorosis no se agravará porque ya la pieza viene con el daño. Lo que va a pasar, en cambio, es deteriorarse. Por ejemplo, si un diente del área anterior salió con manchas blancas y poroso, con el tiempo se puede volver café y hasta quebrarse”, apuntó el Dr. Acuña.
 

Efecto halo

Aunque la investigación de la UCR se enfoca en la provincia de Cartago, por sus características geográficas y químicas, los investigadores encontraron pacientes con la patología en otras provincias cuyos territorios no predominaba el exceso de flúor.

Al cuestionarse el porqué, el hallazgo dio una pista: los habitantes de otras provincias estaban rodeados de una serie de factores ambientales y de ingesta que empujaban a un consumo alto en flúor. El efecto halo podría estar vinculado.

“En el 2018 hacíamos una comparación con niños del área de Tibás. Al comparar ambos, encontramos que hay fluorosis, menos severa, pero hay. Es lo que llamamos el efecto halo; una situación que se ‘exporta’ a otras regiones. Por ejemplo, algunos productos de Cartago que se cultivan en tierras cuya agua es alta en flúor, como las papas, no solo se consumen en esa provincia, sino también en el resto del territorio nacional. Ahora bien, el efecto halo no es solo por los productos de Cartago y eso es sumamente importante, porque dicho efecto es una sumatoria de factores de consumo de comidas con flúor, pasta dentales y el ambiente”, indicó Acuña.