La versión “a la tica” del texto bíblico identifica al país como una “finca encharralada” y requiere de un “limpiador” que se encargue de poner “bonita la finca de nuevo”. En palabras de la Administración Solís Rivera, esa es una de las tareas de su gobierno.

Desde la vertiente presidencial, en la base de tal metáfora subyace una concepción de la democracia y el Gobierno que, en vez de reconocer a la nación como una república de ciudadanas/os, la concibe como una finca que la integran gamonales y peones, donde unos mandan y otros “votan”.

La metáfora también reconoce que hay charrales y “charraleadores”, pero como no conocemos todavía ni los diagnósticos ni a los investigadores que hicieron tales estudios para llegar a tales conclusiones, entonces el presidente sigue argumentando a partir de una retórica que puede tener visos de certeza, pero desconocemos las bases de tal análisis. Y como ya sabemos, en política, en gobierno y en la administración pública, no se puede trabajar sobre presunciones. O peor, desde expectativas que el candidato levantó por millones y a estas alturas ni el presidente ni su equipo terminan de satisfacer ni los mínimos aceptables.

Al contrastar al Gobierno con la imagen degradada del “charral”, lo define como una “casa de cristal” y de “transparencia” y, en lugar de trabajar contra la corrupción y la impunidad, se dedica a cortar los árboles que cubrían la vistada de la casa presidencial para que los peones-ciudadanos vean “el palacio” desde afuera. ¿Qué pasa adentro, en el lugar que no se ve desde afuera?

Contradicciones diversas, asesores que “vendieron la imagen del candidato como si fuera Coca-Cola” (no que fueron los ciudadanos quienes eligieron al gobierno, sino “consumidores”) y cobraron millonadas como si fuera una “apuesta” (ya no una finca, sino ¿un casino?); por ello, el señor asesor se dejó cobrar lo que quiso y, peor aún, el partido de la transparencia y anticorrupción le paga presto y solicito y lo premian dándole oficina en la Casa Presidencial para que maneje sus ¡asesorías privadas!!! ¿Y la separación entre intereses públicos y privados que tanto se pregonó en campaña? Bueno, la peonada no se ha enterado mucho, porque estaba deslumbrada con los fuegos fatuos de los “héroes” en Brasil… o ¿será que el PAC también está “encharralado” por dentro?

Contradicciones diversas: un asesor legal del PAC que cobra trámites de autenticaciones que no tenían que hacerse y recibe honorarios exorbitantes ¿y le dona la mitad al partido de la “honestidad”? y aún así le pagan ¡con fondos públicos! Un director de la DIS que quiere meterse en todo y ¡“poner a temblar” a más de uno! De nuevo, ¿dónde está el apego a la ley?

Contradicciones diversas entre si apoyan o no la huelga de educadores, si se hace o no reforma fiscal, si se cobran o no impuestos, si se persigue o no a los evasores (o se “negocia” con ellos, como se reconoce eufemísticamente).

Contradicciones diversas con los “pactos” de la campaña y el ejercicio del gobierno: banderas de la diversidad sexual en la “casa de cristal”, vínculos con las iglesias en un peligroso juego de búsqueda de legitimidades complejas al filo de la navaja, ministro-pastor cuestionado por la Procuraduría de la República, promesa de campaña de “evitar la viajadera” y viajes constantes acompañado, en ocasiones, de empresarios y banqueros; la tónica de hace 30 años en comercio exterior, el “nuevo” modelo de combate a la pobreza es el refrito de las “zonas francas” que –ya sabemos– que no funcionan.

La versión radical de la limpia de la finca señala que ya están listos los machetes y el “hacha afilada”. De nuevo, la versión de la finca y los peones ciudadanos que deberían agradecer que llegaron los “hacheros”, sin que la ciudadanía sepa todavía quiénes y cómo hicieron el diagnóstico que llevó al “encharralamiento”, y menos quién y cómo justificó que ya esté listo el “ejército de macheteadores”.

Desde los detractores del Gobierno, desde distintas tiendas partidarias, más bien los funcionarios actuales son más de lo mismo y encharralan igual –o peor– la finca. Lo grave es que aceptan sin cuestionar la metáfora autoritaria de la “finca encharralada” y de los “peones ciudadanos”, señalando que lo mejor será esperar a las próximas elecciones para que voten por ellos y ya se acabe el “charral”, pero está claro que eso no es suficiente. ¡¡¡Y menos en cien días!!!

Desde los imaginarios de las expectativas de cambio que embargaron a millones de electores, en el creciente desencanto por los resultados contradictorios de los primeros “cien días”, pareciera que el “charral” es consustancial al lenguaje político y que los ciudadanos no logran todavía tal nivel de madurez que les permita discernir de un “cambio” que era puramente retórico, cada uno se encargó de llenar con sus propias aspiraciones lo que ni el candidato ni el partido ganador dijeron con claridad; ahora se estrellan con la realidad de “lo mismo de siempre”.

Urge una ciudadanía capaz de un férreo control político sobre partidos, candidatos, asesores y gobernantes. Sólo así dejarán de ser ¡la peonada ciudadana!

Finalmente, si por los resultados se juzga un gobierno, tendríamos que decir que gobernar es mucho más que selfies o juegos simbólicos o escaramuzas ditirámbicas, que urge que los funcionarios nombrados −que no son más que simples depositarios de autoridad, según el artículo 11 constitucional− asuman a conciencia y a profundidad sus cargos y que recuerden que ya pasó la hora de los candidatos. ¡¡¡Esta es la hora de la/os estadistas!!!, o ¿será mucho abusar de la parábola del sembrador?

(*Doctor en Sociología y profesor UCR) (Enlace a nota: http://bit.ly/1oK3GOS)