En la Imgen: Anahí Durand es socióloga de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima (Perú) y Magister en Ciencias Sociales. Docente universitaria, investigadora en temas vinculados a movimientos sociales, representación política, pueblos indígenas e interculturalidad. Es coordinadora de Relaciones internacionales del Movimiento Nuevo Perú.

– ¿Cómo nos puede explicar esta crisis institucional y política que vive Perú?

– Estamos viviendo un momento de crisis que tiene una doble connotación. Por un lado expresa la descomposición que venía teniendo la política peruana desde la explosión del escándalo Lava Jato en el 2018, como también el agotamiento del régimen neoliberal impuesto en 1992.

Para ir a la explicación de coyuntura hay que recordar que el 2018, con las delaciones premiadas de Brasil del escándalo Lavajato, se destapó una trama de corrupción muy profunda, que llevó a la renuncia del entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski y a que Martín Vizcarra tomara el mando como presidente. Ya allí había un momento de crisis, un profundo malestar ciudadano, y una serie de intereses copando los poderes del Estado. Y en los años sucesivos se fueron descomponiendo por un lado, y por otro lado agudizando, las tensiones mismas dentro de estos grupos de poder.

Vizcarra intentó gobernar estos dos años con una mayoría parlamentaria fujimorista y sin bancada. Cerró el Parlamento el año pasado, en octubre de 2019, por una serie de denuncias que involucraban al Congreso con componendas con el Poder Judicial. Se convocó a un nuevo Congreso, complementario hasta julio del próximo año, que se eligió en enero. Y en este momento de grave crisis se suma lo sanitario, Perú ha sido uno de los países más afectados por la pandemia que también nos ha afectado económicamente. Con esta crisis política latente que no se terminaba de resolver, con un Parlamento muy fragmentado, con intereses subalternos y vinculados a negocios y búsqueda de inmunidad parlamentaria por diferentes juicios y temas de corrupción, se presenta una nueva moción de vacancia contra Martín Vizcarra, a quien se acusa de vínculos con procesos de corrupción de cuando fue gobernador regional.

En este contexto este Congreso, que ya era bastante cuestionado e ilegítimo, apura una moción de vacancia presidencial express con la figura de incapacidad moral, que es una figura sumamente ambigua. En un día debate, discute y aprueba la vacancia del presidente Vizcarra, quien acepta la destitución. Asume interinamente el presidente del Congreso, un señor Merino, a quien nadie eligió para ser presidente y así estamos viviendo una muestra más de la crisis política que ya se venía arrastrando. Pero también es el agotamiento del régimen que se impuso en 1992 con el fujimorismo, con una Constitución que permite todas estas situaciones no solo de corrupción, sino también de componenda y leguleyada para vacar políticos y presidentes, alterando la voluntad popular.

– Estaría entonces en crisis el modelo que se muestra exitoso en términos de crecimiento económico, aunque no resolvió en absoluto la desigualdad, que se hizo más evidente en el marco de la pandemia. ¿Este es el fin del ciclo neoliberal o los grupos de poder pueden aprovechar este momento para reconstruirse y salir de aquí fortalecidos?

– Yo creo que es un momento definitorio, aunque este modelo ha sobrevivido ya varias crisis. En el 2000 se cayó el fujimorismo en medio de la movilización popular, pero el modelo sobrevivió. No tocaron una línea de la Constitución Política que impuso Fujimori. Más bien gestionaron, hicieron algunos arreglos muy superficiales, y los sucesivos gobiernos electos en democracia siguieron el mismo esquema no solo de gobierno, sino también de corrupción y de manejo económico. Este país ha tenido crecimiento del PBI sostenido, ha tenido superávit fiscal y como vimos en la pandemia, este dinero lo dilapidaron en lo que sea, menos en la salud de la gente. Por eso hay cuestionamientos y frente a cómo se ha gobernado estos últimos 30 años. Hay que tener presente estabilidad de los grupos de poder para reacomodarse y garantizar la continuidad de sus intereses.

Creo que esto también lo están haciendo ahora, porque tenemos un proceso electoral en 5 meses. Las elecciones están convocadas para el 11 de abril. Había mucha expectativa con las candidaturas más críticas al sistema, pero de pronto fuerzan a esta vacancia, imponen un gobierno de manera ilegítima, y no sabemos si van a respetar el calendario electoral o van a alterar las reglas de juego para continuar gobernando de alguna manera. O si van a hacer algo para estar mejor colocados ante las elecciones.

Pero como decía, hay mucha indignación con la forma en que han gobernado durante años, hay un agotamiento de este modelo que se ha revelado como favorable a la corrupción y al autoritarismo. Y creo que también hay una posibilidad de empujar una plataforma de cambios más de fondo de cara al proceso electoral que está convocado para el 11 de abril, y que esperemos que se pueda llevar a cabo.

– En 1990, en medio de la crisis posterior al primer gobierno de Alan García, apareció un hombre que venía desde afuera de la política, un empresario, un profesional exitoso y terminó siendo un dictador: Alberto Fujimori. También en América Latina hemos visto la aparición de hombres providenciales que vienen desde afuera de la política. Perú ya tuvo una experiencia de este tipo y fue muy mala ¿Qué posibilidad existe de que vuelva a aparecer este discurso antipolítica frente a estas próximas elecciones?

– Creo que ese es un riesgo latente en la política peruana. El Perú vivió una crisis muy profunda a fines de los 80. Fujimori es finalmente expresión de ese malestar de las mayorías, por un lado con el gobierno del Apra, que supuestamente era un gobierno nacional popular y que llevó a la debacle económica con hiperinflación, y por otro con el conflicto armado interno que vivimos de una manera muy profunda y muy violenta, con un saldo lamentable en términos de vidas humanas y de organizaciones populares, que fueron sumamente afectadas con el accionar que tuvo Sendero Luminoso. Hemos tenido esa crisis y estos políticos que salen de fuera del sistema, que cuestionan a la clase tradicional, terminan siendo mucho más tradicionales y más funcionales del sistema.

En este momento también es un riesgo latente. Hay actores que ya se están perfilando hacia las elecciones con ese discurso. Muy en la línea de, por ejemplo, Bolsonaro. Aquí ya varios se han declarado los Bolsonaro peruano. Por fuera del establishment y muy críticos a todo el sistema, pero con una agenda autoritaria, conservadora, regresiva, muy favorable a los esquemas autoritarios de evangélicos. Hay varios actores que están expectantes y que podrían aprovechar este momento de caos, donde también hay gente quiere es un poco de orden y, como dicen aquí, mano dura. Entonces sí creo que es un riesgo a tener en cuenta.

– ¿Cómo se están preparando los partidos políticos tradicionales del Perú en este momento, si es que siguen existiendo? ¿Cuáles son los políticos que están emergiendo como posibles candidatos para las presidenciales de abril?

– Los partidos tradicionales, los que surgieron al calor de las ideologías en los años ’30, el Partido Comunista de Mariátegui o el Apra de Haya de la Torre o el Partido Popular Cristiano,  ya se han pulverizado. Yo creo que además de que se fueron pulverizando durante el fujimorismo. Y también el fujimorismo, con esta última crisis, ha quedado muy mal parado. Hay una gran dispersión ahora y el 29 de noviembre son las primarias de los partidos.

Hay 24 partidos políticos con una descomposición muy grande de la política. Entonces cada quien hace un partido y pone en circulación la franquicia. Es una crisis de representación muy profunda que no se ha resuelto. Desde la derecha como nunca hay varios candidatos inscriptos, empezando por los más orgánicos al modelo empresarial. Entre ellos Hernando de Soto, pensador neoliberal que ha comprado un partido y está inscripto como candidato a la presidencia. Hay gente que pretende renovar el modelo como George Forsyth, que está muy bien posicionado en las encuestas. Es un joven arquero de fútbol, vinculado a la farándula, que tiene un discurso muy renovador en lo superficial, pero continuador de lo neoliberal en materia de política económica. Y varios más dentro del espectro de derecha, incluido Acción Popular.

El actual presidente del Congreso, que ha asumido como presidente de la República sin que nadie lo elija, el señor Merino, es de Acción Popular. Son partidos que han estado ahí latentes, en crisis permanente, pero que en esta coyuntura han tratado de sacar algún provecho. Creo que desde la derecha hay ya una fragmentación bien grande. Son prácticamente diez candidatos, cada uno robándose votos entre sí, tratando de maquillar el desastre que han hecho los últimos 30 años.

Desde la izquierda también ha habido fragmentación. Para este período se ha hecho el esfuerzo de armar una coalición importante, Juntos por el Perú, donde está liderando la candidata presidencial Verónika Mendoza. Ella fue candidata en 2016 y quedó a muy poco de pasar a la segunda vuelta con Kuczynski. Y ha seguido trabajando. Su partido, Nuevo Perú, está dentro de esta coalición, donde también están el Partido Comunista, el Partido Humanista y una serie de partidos de izquierda. Es de las que tiene más posibilidades, de hecho le estaba yendo bastante bien en las encuestas antes de la vacancia. También hay otras coaliciones más pequeñas como el mismo Frente Amplio queatraviesa una crisis interna, pero parece que va a presentar como candidato a su fundador, el ex sacerdote Marco Arana. Sin muchas posibilidades, pero ahí están.

La posibilidad de renovación, de una buena campaña electoral y unos buenos resultados creo que es liderada por Verónika y por Juntos por el Perú, que ha llevado en la lista parlamentaria a distintos grupos representativos de las luchas populares como las obreras de la limpieza pública y representantes indígenas, además de ser una lista muy feminista, con muchas mujeres, lo que en este momento es un tema muy importante en el Perú. Esperemos que esta posibilidad no se vea agitada también por este escenario de crisis.

– ¿Cómo están las calles y la movilización popular en Lima en estos días?

– La movilización ha sido bastante fuerte. De hecho, desde el comienzo de la pandemia la gente no había salido para nada, y ahora ha salido masivamente. El martes ha habido movilizaciones masivas, no solo en Lima, sino también en las principales ciudades, sobre todo en el sur como Arequipa y Cusco.

Ha habido mucha represión también porque no tenemos ministro del Interior ni de nada. Solo ha juramentado el miércoles el premier y no hay gabinete. Parte de la crisis es que no puede formar gabinete y sin control político la represión está desatada. Ha habido más de 10 detenidos en Lima, hay auto convocatorias entre los jóvenes de los colectivos más organizados. Y este jueves habrá una jornada nacional de movilización y protesta a partir de las 4 de la tarde.

Es importante que también se esté mirando un poco lo que pasa el Perú desde afuera. Generalmente no se conoce mucho, pero en estas circunstancias es clave que los países vecinos y la comunidad internacional estén atentos, porque el nivel de violencia y represión es grave. Este es un gobierno ilegítimo, eso trae mucha indignación y esperemos que no termine desbordándose, haciendo todavía más crítico el escenario.

– El primer ministro designado por el presidente tiene que armar y presentar su gabinete para que se apruebe la Asamblea ¿Podrá hacerlo o la disgregación política será un obstáculo para eso?

– Es así, pero como este señor que es presidente es puesto por la Asamblea, algo de correlación favorable debe tener. De hecho, este premier también es un señor que han desenterrado de los años 40, sumamente arcaico, de la derecha más rancia y tradicional, entonces creo que están tratando de armar gobierno entre ellos. Por eso la movilización ciudadana es clave. No nos interesa mucho que no se enquisten en el poder y que puedan garantizar por lo menos de elecciones limpias en abril.