El actor Carlos Alvarado Andrés interpreta al Señor Scrooger, en Un cuento de Navidad, el clásico de Charles Dickens, (Foto: Espressivo)

Carlos Alvarado Andrés encarna a Scrooge, un financista cuyos ojos sólo ven los estados de cuenta y para quien las Navidades son apenas un día no laborable en el que se pierde dinero. Alvarado consigue transmitir una profundidad emotiva que indaga en las ásperas aristas de quien ya no sabe amar y logra llevar a la audiencia a que lo acompañe en su viaje interior por los parajes de su inocente niñez, su presente despojado de cariño, y la posibilidad de un futuro ominoso de soledad.

En este recorrido emocional que realiza de la mano de los fantasmas de su exsocio, la Navidad pasada, la Navidad presente y el espectro de la Navidad futura, Scrooge recupera su humanidad perdida, la ternura y la generosidad. Alvarado nos deleita con su excelente manejo de la voz, su entonación y la nitidez de su habla que nos acerca los bellos parlamentos de una excelente traducción de la versión de Stebbings. La transformación de Scrooge es magistralmente representada por el actor que logra expresar la crueldad e indiferencia de este ser patético con gran verosimilitud, para luego ir mostrándonos su debilidad en una progresiva mutación hacia la ternura y la empatía por los demás.

En esta puesta de Cristina Bruno, nos encontramos con una atmósfera mágica propia de las fábulas clásicas, con personajes clownescos, cuya clave de comedia suaviza el duro tema de la violencia y la indiferencia ante pobreza.

Acompañan a Alvarado, un versátil coro de actores de excelsas voces, que nos deleitan con sus cantos y bailes, y que manejan los códigos circenses, en sus gestualidades, tonos y expresiones en el escenario. Componen múltiples personajes con total soltura y se desplazan ágilmente de un lado a otro. Encarnan diferentes personajes: desde las damas de compañía que solicitan dinero para los pobres, hasta los familiares de Scrooge que él detesta, pasando por los personajes del pasado y el futuro de Scrooge.

Cabe destacar una escenografía que hace un muy buen uso del espacio y que permite en su escalonamiento y su característica móvil el desplazamiento de los actores. Completan el cuadro las proyecciones que generan diferentes ambientes: psicodélicos como cuando aparece el espíritu del socio de Scrooge en cadenas, ensoñadores y nostálgicos como el del pasado del financista, oníricos como en el viaje aéreo junto con la Navidad presente, o tenebrosos como el del cementerio donde yace la tumba del protagonista.

La música en vivo es un personaje más, interpretada por un grupo de músicos que histriónicamente interactúan en escena con los personajes, y los cuadros musicales generan un gran ritmo con melodías pegadizas que provocan el tarareo del público. El recurso de romper la cuarta pared a partir de la segunda mitad de la obra, y de hacer partícipe a la audiencia en algunos pasajes generan un tono humorístico que le da familiaridad y calor a la pieza teatral.

Destacamos especialmente el número musical de los ladrones que van a despojar de sus pertenencias al pobre muerto sin amigos, los vestuarios, ademanes y letra de la canción son desopilantes y enfatizan el humor en una escena mortuoria de gran patetismo.

Recomendamos este espectáculo musical del emblemático relato navideño de Dickens que continúa en cartel hasta el 15 de diciembre en el Teatro El Nacional.

A continuación, compartimos una breve entrevista que realizamos al protagonista.

“Scrooge es una manifestación de la sociedad materialista”, nos cuenta Carlos Alvarado Andrés, protagonista de “Un cuento de Navidad”.

El espectáculo que se presenta desde el 2015 con gran éxito de público, llega con escenografía móvil y renovación de proyecciones, y la presencia de más actores y músicos multi-instrumentales en escena, como parte de la coproducción entre el Teatro Nacional y el Teatro Espressivo.

Conversamos con el actor Carlos Alvarado Andrés, el protagonista de la obra, quien nos cuenta cómo fue su proceso encarnando al Señor Scrooge, ese hombre avaro y frío de corazón que odia la Navidad y que luego de encontrarse con los fantasmas de las Navidades pasadas, presente y futura logra cambiar y reencontrar el amor y la solidaridad.

¿Cual fue el mayor reto que encontraste en encarnar a este emblemático hombre antinavideño, cuyo corazón se ha endurecido y visto dominado por el afán de riqueza?

Lo que más me costó del personaje de Scrooge fue comprender a una persona que es así.  Tuve que hacer una autobiografía, y por lógica fui sacando cosas- Scrooge es un personaje ficticio, pero hay gente así. Scrooge tuvo una niñez muy pobre, fue muy miserable, pero fue un genio para hacer negocios. Cuando llegó a la adolescencia, (en esa época la adolescencia era ya la adultez) hace plata, pero siempre queda marcado por todo lo que vivió, por la crueldad que viene de la pobreza. Él lleva una vida donde tiene mucho dinero, es avaro, cruel. Para mí es una manifestación de lo que es una sociedad materialista, ese es el resultado, y esa es una de las cosas que más me costó. Yo parto de que un personaje no es bueno ni malo. Uno llega a algo por sus circunstancias y hay que comprenderlo, por qué es así. En general, en la vida, nadie es bueno ni malo, las circunstancias lo van llevando a uno a comportarse de una forma y es el trabajo de uno como actor investigar por qué es así y no trabajar la crueldad por la crueldad, sino tener una justificación de por qué viene de ahí.

Ebenezer Scrooge lleva una venda en los ojos al viajar con el fantasma de la Navidad pasada a su niñez. ¿Cómo vives actuar esa escena tan emotiva en la oscuridad? ¿Qué recursos expresivos buscas para conectarte con el público?

Cuando uno está en oscuridad la imaginación vuela más, no tiene límite, cuando te prenden la luz uno ve la pared y hasta ahí llegaste. Pero en la oscuridad uno puede volar, definitivamente, y yo en esa escena lo hago, -ustedes no se imaginan lo que a mí se me aparece-, pero incluso se me mezclan con imágenes mías, de Carlos Alvarado, de seres que ya no están, de seres queridos que se fueron. Trato de no caer en eso porque me afecta a mí también, pero sí es todo un espectro de posibilidades la oscuridad y trato de usarlo, me inyecta diferente. Como no estoy viendo a nadie, ni a mis compañeros, me puedo volar sin prejuicios, no tengo nada que me frene, entonces puedo volar en ese momento, e incluso mi voz siento que la modulo mejor, porque siento que nadie me está viendo, es muy privado y me da muchas posibilidades. Por eso creo que los famosos budistas, los que meditan buscan la oscuridad para hacerlo, cuando estás a oscuras la imaginación no tiene límites, puede volar hasta el final del universo.

La puesta de Cristina Bruno trabaja mucho con la ruptura de la cuarta pared, ¿sientes que esto aporta al efecto humorístico que la obra tiene?

En esta puesta rompemos la cuarta pared, y ese es un recurso que se utiliza ya que los actores doblan muchos personajes y pues el público se da cuenta que son los mismos actores doblando personajes. Al final lo que tratamos, es de hacerlo obvio rompiendo la cuarta pared. Con eso de cambiarse en público, muy brechtiano eso, y ese recurso se utiliza así para hacerlo obvio, como son los mismos actores, se busca un poco la comedia por ahí. Generalmente, cuando se rompe la cuarta pared es para decir un pensamiento en voz alta, el aparte, y se utiliza ese recurso para justificar que tenemos los mismos actores que hacen muchos personajes. Lo hacemos de una manera jocosa para cerrarlo bien, porque el tema de la obra de por sí es rudo, y tratamos de suavizar este tipo de espectáculos con la música y ese recurso sí funciona muy bien, ese es un buen atino.

¿Cúal ha sido tu relación con el clásico de Charles Dickens antes de encontrarte con el personaje de Scrooge? ¿Sientes que cambió tu mirada sobre la obra desde que subiste a encarnar a este villano que luego se reivindica?

Mi primera relación con Charles Dickens fue en el 2015 cuando me ofrecieron representar a Scrooge, y por supuesto conocía la historia, había visto varias películas. No conocía la obra de teatro, y sí me leí el libro, hace muchísimos años. Pero mi primer acercamiento fue en el 2015, y desde que la doy, si me preguntas si he sentido algún cambio te diría que sí, en el sentido positivo. Me ha hecho más solidario con los humanos, con la gente, veo las cosas muy diferente. Sobretodo con lo que estamos viviendo en el siglo XXI, porque esta obra fue escrita en el siglo XIX y si vemos las cosas no han cambiado mucho, pues la avaricia, la arrogancia, todo eso sigue existiendo. Hemos cambiado mucho en tecnología, pero en la parte humana el cambio ha sido muy lento, vemos gente parecida a Scrooge. Esta puesta de este año, en el Nacional, siento que entré más en el personaje, porque comprendí más cosas que he visto en la actualidad, siento que he tenido un cambio sustancial. Definitivamente sí me ha tocado.

¿Cómo ha sido la experiencia de realizar este clásico que ya ha estado con éxito en escena en el Teatro Nacional?

Cuando te llama la compañía de Teatro Nacional o las compañías nacionales grandes, uno se siente como se debe sentir un jugador de fútbol cuando lo llama la selección. El cambio al Teatro Nacional, por supuesto que tiene peso en uno como actor: es la sala más importante del país, es nuestro palacio teatral. Si uno llega aquí, uno no puede llegar a improvisar, uno tiene que venir muy firme. Todo el elenco comprendió eso y dimos todo. Yo salgo exhausto cuando salgo de ahí, sobretodo cuando hacemos dos funciones seguidas, terminamos agotados físicamente, emocional y mentalmente. Pero en el todo, es positivo. Hemos tenido mucha gente en estos días. Ha sido todo un orgullo trabajar en el Teatro Nacional y que lo tomen a uno en cuenta, como no.

¿Por qué crees que los costarricenses deben ir a ver “Un cuento de Navidad”?

Yo creo que todos los costarricenses y de todas partes del mundo deben ver esta obra para sensibilizarse. Cuando llegan a verla, les afecta en tomar conciencia de lo que está pasando en el mundo. Si bien la obra es del siglo XIX, la situación mundial es preocupante: la diferencia de clases entre el rico y el pobre se ha pronunciado de una manera que creíamos haber superado, y por lo menos, aquí en Costa Rica vemos que caemos igual. Hay un modelo económico que nos rige en el mundo, por lo menos en Occidente, y hay que ponerle atención, vemos en Latinoamérica lo que está pasando: Chile, Perú, Bolivia, Colombia, Argentina, Brasil, nosotros no nos salvamos de eso tampoco.

Temporada hasta el 15 de diciembre:  Funciones a 8 p.m.: 11, 12 y 13 de diciembre. Funciones a 3 p.m. y 6 p.m.: 15 de diciembre. No hay función el 14 de diciembre. Entradas a la venta en www.espressivo.cr

Las entradas para este espectáculo van de los ¢6.000 en galería a los ¢25.000 en luneta, impuestos incluidos. 

(* Alicia Nieva es colaboradora de Informa-Tico.com)