Maduro dando un discurso ante los miembros de la Asamblea Constituyente en Caracas este martes. AP

Por Alonso Moleiro

Caracas. Maduro se comprometió a ello durante la rendición de cuentas que cada año hace ante la chavista Asamblea Nacional Constituyente, el ente que creó tras desconocer la Asamblea Nacional, de mayoría opositora.

“Invito al mundo entero a las elecciones. Con este poder electoral, la oposición triunfó en las elecciones legislativas de 2015. Pero si quieren más garantías, estoy de acuerdo”, ha asegurado Maduro, quien ha puntualizado que el único actor que no será invitado es la Organización de Estados Americanos (OEA), a cuyo secretario general, Luis Almagro, calificó de “basura”.

El líder chavista ha comentado con sorna la crisis del poder legislativo tras la autoproclamación del diputado opositor disidente Luis Parra como presidente de la Asamblea Nacional y la renovación en el cargo de Juan Guaidó. Como si no estuviera involucrado en su gestación -Parra cuenta con el apoyo del chavismo-, se ha ofrecido a promover un diálogo para resolver el problema de la presidencia de la Asamblea Nacional, para lo cual ha formulado una invitación a los líderes opositores disidentes de la Mesa de Diálogo Nacional, un sector minoritario de la oposición. Ha dicho que sus adversarios, en particular Juan Guaidó, a quien no citó por su nombre en toda la alocución, eran “líderes desprestigiados, que solo acumulan errores y fracasos y nada tienen que decirle al país. Esta crisis de la oposición es la punta de un iceberg”.

El líder bolivariano ha utilizado la ocasión para desplegar toda la pompa protocolar del Estado y hacer saber quién manda en Venezuela, independientemente del aislamiento y el generalizado cuestionamiento internacional a su Gobierno. En el acto estuvieron presentes representantes del cuerpo diplomático de sus aliados: Cuba, Rusia, Irán, China y Nicaragua.

Una parada militar ha escoltado la caminata de Maduro desde la Plaza Bolívar, acompañado de su esposa, Cilia Flores, Diosdado Cabello, segundo hombre del régimen, y mandos militares de cada uno de los cuerpos de las Fuerzas Armadas. Afuera del palacio legislativo se concentraban sus simpatizantes en una modesta manifestación. Al ingresar, Maduro ha sido recibido por un grupo de músicos del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles que entonaron “el alma llanera”, una tonada tradicional del país. Maduro ha sido presentado en todo momento como “presidente Constitucional, jefe de Estado y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas”. No es baladí si se tiene en cuenta que cerca de 60 países reconocen a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela.

Maduro ha iniciado su discurso respondiendo, sin nombrarlo, a Víctor Hugo Basabe, obispo de Barquisimeto, quien horas antes había cargado duramente contra él. Con un tono comedido, pero irritado, Maduro ha exigido que no politizara “el credo de los ciudadanos” y pedido “respeto” de los sacerdotes por las convicciones políticas de la ciudadanía. En la procesión de la Divina Pastora, la cita religiosa más multitudinaria del país, Basabe había cuestionando la legitimidad de Maduro y de los políticos disidentes opositores acusados de ser sobornados. Estas declaraciones pueden ser tenidas como las más fuertes del clero venezolano contra el chavismo.

Al aludir a Luis Parra y a la disidencia opositora, Basabe ha dicho que Venezuela era un país “víctima de los mercaderes de la política, que se han vendido por cuatro monedas y han decidido servilmente ponerse a disposición de los principales causantes de la tragedia que vive el pueblo”, para luego acusar a las Fuerzas Armadas de ser “políticamente parcializadas (…) han traicionado su juramento democrático y se han volcado cobardemente contra un pueblo que clama por sus derechos”.

Maduro ha aprovechado su discurso a la nación para retrotraerse al tenso 2019 y culpado a los presidentes de Colombia, Iván Duque; de Chile, Sabastián Piñera; y Brasil, Jair Bolsonaro, de conspirar reiteradamente para intentar derrocarlo, llamándolos “fascistas”. El mandatario venezolano ha celebrado haber derrotado todas las tentativas opositoras para sacarlo del poder e hizo un llamado especial a las Fuerzas Armadas y a la Milicia Nacional Bolivariana para seguir leales al legado chavista.

El objetivo principal de los ataques de Maduro, no obstante, han sido Juan Guaidó, a quien ha ridiculizado varias veces, y "el imperio norteamericano”, Estados Unidos, a quien ha acusado de estar detrás de todos los problemas del país y orquestar un “bloqueo criminal” que provoca el colapso de la economía. El dirigente chavista no ha abundado sobre el desplome de la producción petrolera, la migración masiva de personas por la frontera y la hiperinflación como fenómeno crónico de la economía.

Ha sido un discurso leído en el cual Maduro ha tenido que hacer varias inflexiones para reconocer los estragos provocados en la población por el apagón nacional de marzo, el colapso de todos los servicios públicos, y las deficiencias en la atención médica. Males de los cuales ha dicho “estar consciente”, prometiendo mejoras “sin excusas” en el futuro, y reivindicando en todo momento los programas asistenciales del chavismo.