Venezuela vivió momentos dramáticos y solo la movilización de las gentes humildes, que bajaron de los cerros y la lealtad de la mayor parte de las fuerzas armadas impidieron que el golpe tuviera éxito.

Carmona, presidente de la cámara de Comercio había sido nombrado presidente, y ya sus primeros decretos desmantelaban la institucionalidad que había nacido con el gobierno de (Hugo) Chávez. Algunos pocos gobiernos corrieron a reconocer la asonada golpista con EE.UU. a la cabeza.

Chávez en hombros de su pueblo regresó al palacio y los golpistas corrieron hacia Colombia o Miami. Eso es lo que se conmemora hoy en Caracas, y que tiene a esos ríos de gente en las calles. Una inmensa demostración de fuerza y unidad del chavismo.

Paradójicamente no pocos de los dirigentes opositores que piden más democracia, y que hoy se sientan, finalmente, en la mesa del diálogo con los representantes del chavismo, junto a los cancilleres de UNASUR y el delegado del Papa, aplaudieron o participaron directamente en aquella aventura golpista.

Ojalá hayan aprendido la lección y sepan leer el mensaje que les transmiten en este día las calles: Venezuela quiere paz, quiere diálogo, pero no renuncia a sus transformaciones, ni a su institucionalidad.