El presidente Carlos Alvarado con agricultores en medio de la emergencia del COVID-19.

Debemos tener la habilidad de un malabarista. Estos tres retos -sanitario, social, económico- son como las tres esferas que debemos mantener en nuestras manos y bajo control, pues si alguna se nos cayera no solo se estropearía en sí misma, sino a las otras dos.

¡No las vamos a dejar caer!

Para lograrlo, en materia de salud debemos seguir rigurosamente las directrices del Ministerio de Salud y de los especialistas y científicos. Además, desde lo público y con el apoyo del sector privado, seguiremos ampliando nuestras capacidades de pruebas para el Covid-19, de respiradores, equipo de protección, y otras facilidades.

También se han reforzado las medidas sanitarias vinculadas a temas migratorios, pues lo que hemos hecho bien para proteger a nuestro país no debe verse afectado de ninguna forma por la falta de medidas del gobierno de Nicaragua, como ha manifestado la misma OPS.

En lo social, hemos implementado ya desde el Ministerio de Trabajo, el IMAS y la CNE lo necesario para apoyar a las familias que han visto afectados sus ingresos económicos por el desempleo, por la suspensión de su contrato o por la reducción de su jornada como consecuencia del Covid-19. Tenemos el compromiso de empezar a girar esas ayudas, con los primeros recursos disponibles, en esta semana que inicia.

En estos apoyos y bajo el principio de igualdad, también se ha considerado la vulnerabilidad de personas en informalidad, mujeres, adultos mayores y personas con discapacidad. Debemos proteger a nuestra población, mantener la paz social y el abastecimiento básico en este difícil periodo. Asimismo, la aprobación de la ley para facilitar el acceso a los recursos del FCL que aprobó la Asamblea Legislativa y que ya está en aplicación.

Desde lo económico se han dispuesto ya las primeras medidas para hacer frente a la situación, principalmente aliviando a los hogares más afectados y dando un respiro temporal a las empresas de toda dimensión y sector, para que puedan arrancar de la mejor manera cuando merme la crisis de salud. No obstante, como país deberemos tomar otras medidas en este ámbito en las semanas que vienen. Tanto para ayudar a la gente, como para mantener un Estado económicamente viable.

Hay un menú de opciones, tanto de Gobierno como de propuestas surgidas por diferentes actores. Mi trabajo es dirigir y decidir, pero también voy a escuchar. Escucharé en los próximos días y semanas a los sectores de distintos rincones del país, para conocer de primera mano su afectación y también sus ideas.

La técnica, la ciencia y los datos nos tienen que ayudar a preparar decisiones, y la voluntad de un país plural pero unido, solidario, de búsqueda de un destino común y de no dejar a nadie atrás, nos deben guiar.

La oportunidad

Una cuarta esfera que podemos equilibrar es nuestra oportunidad histórica. No podemos desaprovechar esta crisis para hacer lo que tenemos que hacer y sentar las bases de un mundo que está por nacer.

Las tres esferas antes mencionadas son las precondiciones básicas para salir relativamente bien de la pandemia. No obstante, eso no será suficiente para retomar una senda de prosperidad compartida.

El gran reto como país consiste en que logremos manejar los tres desafíos complejos que ya de por sí enfrentamos, y a la vez abordemos esta cuarta esfera que consiste en concretar toda una agenda de desarrollo y progreso. Si logramos materializarla en paralelo a una buena atención del Covid-19, estaremos en una mejor posición para despegar más rápido una vez que esta pandemia se haya ido, y sabemos que se irá.

¿Qué contiene esa agenda? El Covid-19 mantiene nuestra atención, pero simultáneamente el país culminó la aprobación de los 22 rigurosos comités para ingresar a la OCDE y que seamos parte de las naciones con mejores prácticas de política pública para la gente. A la vez, que se inauguró el paso a desnivel de Garantías Sociales y se ha continuado trabajando en otras obras de infraestructura cruciales.

El Congreso aprobó la ley para regular las comisiones de datáfonos y está presto a votar la tasa de usura, por la cual se ha esperado más de una década para aliviar los bolsillos de la gente. Estas son muestras de que podemos ir más allá, incluso en medio de la pandemia.

Debemos seguir con reformas importantes como el empleo público, el ordenamiento y cierre de algunos órganos desconcentrados, la reforma del CONESUP, y la mejora de la calidad educativa, las nuevas modalidades de jornadas laborales, la extinción de dominio, la reforma y modernización del INA y la prohibición petrolera. También debemos avanzar con los proyectos de inversión pública para mover nuestra economía y mejorar nuestra calidad de vida, como el Tren Eléctrico, las carreteras San José- San Ramón, San Ramón-San Carlos y la ruta 2 a Cartago, y la inversión en delegaciones de policía entre otras.

Si tan solo adoptáramos el concepto de que lo público y lo privado no son antagonistas sino aliados naturales y necesarios, avanzaríamos años luz. Vemos ese espíritu en las instituciones públicas y privadas trabajando unidas e innovando para hacer respiradores en tiempo récord, distribuir alimentos y medicinas a domicilio, elaborar equipo de protección con impresoras 3D o acondicionar un hospital como el CENARE en 11 días.

Eso somos capaces de hacer cuando trabajamos juntos y así deberíamos trabajar siempre.

Con grandes retos por delante, costarricenses, sigamos con las mangas arrolladas. En unión Costa Rica saldrá adelante y se levantará más fuerte en el Bicentenario. Manos a la obra.

(* Presidente de la República de Costa Rica)