Un alto porcentaje de lo que trasmite la televisión se produce en el exterior, lo que erosiona la cultura nacional. (Foto: Google)

(Esta Síntesis Histórica que está publicando Informa-Tico a razón de dos entregas semanales, los días martes y jueves, se recomienda coleccionarlas).

Por otro lado, un porcentaje muy alto de lo que se trasmite por televisión se produce en el exterior, lo que erosiona la cultura nacional. En el cine ocurre algo similar, sin embargo, año con año se produce más cine y documentales costarricenses, con frecuencia de alta calidad. 

17.5 El narcotráfico.

En su ruta hacia los Estados Unidos y Europa, la cocaína suramericana transita por mares y suelos nacionales. Los cómplices residentes en suelo patrio reciben droga en lugar de efectivo, y la distribuyen como parte de sus actividades. Esa práctica genera disputas entre las bandas por el control de los “territorios” de venta y saldan las deudas no pagadas mediante el asesinato, lo cual ha elevado las muertes violentas a niveles antes inimaginables. La pobreza y falta de empleo vuelve atractivo para ciertas personas –inclusive familias- el dedicarse al narcotráfico. Las cárceles y el sistema judicial hace mucho tiempo colapsaron y la policía, por más armas, entrenamiento y equipo que reciba de los Estados Unidos, está muy lejos de controlar el problema. Las verdaderas soluciones, como despenalizar el consumo y legalizar ese comercio, lo que quebraría a las mafias ahora todopoderosas, no las puede tomar Costa Rica por sí sola; necesita el consenso –que probablemente nunca llegue- de los otros países de la región. A través del blanqueo de capitales, el narcotráfico –se dice- contamina muchas empresas legales, sin excluir la política y el Poder Judicial.

17.6 La religión en Costa Rica ha experimentado cambios dramáticos.

Desde mediados del decenio de los setenta, el catolicismo comienza a ceder terreno ante las organizaciones pentecostales. Lo mismo sucede con otras iglesias históricas, denominadas así porque proceden de la reforma del siglo XVI, tal el caso de la Anglicana y la Metodista, que han ingresado en un proceso de “pentecostalización”. El vertiginoso crecimiento pentecostal –un tipo de cristianismo originario de los Estados Unidos- se explica porque dispone de una liturgia vívida, capaz de expresar las angustias de la gente empobrecida y dar consuelo, además de una organización sin complicaciones, pues llega a ser pastor o pastora quien logre congregar una feligresía, sin necesidad de largos años de estudios académicos. Los pentecostales agrupan hoy día un 25% de la población, aunque los cálculos difieren. Su asistencia a los cultos puede equivaler al porcentaje de los católicos que asisten a la eucaristía. La presencia pentecostal, a mediados de los años sesenta, fue fomentada por los Estados Unidos (ver el “Informe Rockefeller” de 1969), pero pronto alzó vuelo con alas propias.

Las diversas organizaciones protestantes encuentran representación en la Federación Alianza Evangélica Costarricense, pero esta no es una entidad que gire directrices acatamiento obligatorio. Se debe distinguir entre el pentecostalismo de y el neopentecostalismo. El primero se reúne en pequeños locales de barrios formados por personas de bajos recursos económicos, mientras que los segundos conforman mega iglesias, donde acuden centenares de seguidores en automóviles. Más que un mensaje bíblico, muchas veces reciben motivaciones psicológicas de autoestima y superación personal.

Los pentecostales y neopentecostales han formado partidos políticos desde 1981, con la permisividad del Tribunal Supremo de Elecciones, incapaz de validar las prohibiciones constitucionales relativas a la utilización de la religión en política partidaria-electoral (ver el artículo 28 de la Constitución política y el artículo 136 del Código Electoral) y de solicitar reformas a la legislación vigente. Esa negligencia ha permitido que la religión sea un componente decisivo en las contiendas electorales. En los comicios del 2018, Fabricio Alvarado, del partido pentecostal Restauración Nacional, obtuvo en la primera ronda el 24,91 % de los votos, superando a Carlos Alvarado del Partido Acción Ciudadana (PAC).

Esos porcentajes hicieron necesaria una segunda ronda, que ganó holgadamente Carlos Alvarado con el 60% de los votos emitidos, pues se desató el pánico ante la posibilidad de que un pentecostal fuera presidente de la República. No debe omitirse que parte de la jerarquía católica dejó entrever su favor al candidato pentecostal, en quien encontró un aliado para sustentar sus tesis contra el aborto intencional, la concepción in vitro, el matrimonio entre personas del mismo sexo y otros asuntos de bioética. En los votantes lo bioético desplazó los debates sobre la pobreza, la distribución de la riqueza, el desempleo… El partido pentecostal Restauración Nacional obtuvo 14 escaños en la Asamblea Legislativa, solo superado por el PLN con 17.

Servicios Pastorales fue una entidad concebida por Mons. Román Arrieta. Recibía los dineros de todas las entidades vinculadas con la Iglesia y las gestionaba para obtener ganancias. Funcionaba como un banco, pero en el 2006 la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF) le impidió trabajar como tal. Nunca se informó de manera fidedigna cuánto dinero acumuló, en qué se invertía y cómo se perdió, pero entre los católicos permanece el supuesto de que la jerarquía posee cuantiosos bienes. Quizás por eso se exime de aportar de manera suficiente para cubrir los gastos que genera el funcionamiento de las parroquias y otras instituciones.

La Iglesia Católica sufre una crisis ministerial, es decir, carencia de presbíteros, pues la ley del celibato hace poco atractivo ejercer el sacerdocio. Hay parroquias con más de 10.000 potenciales feligreses atendidas por uno o dos presbíteros, lo cual ha dejado el campo libre a los pentecostales.

Los casos de pedofilia y otros delitos de algunos clérigos –muy publicitados en comparación con los equivalentes de profesores de secundaria, por ejemplo- han dañado su credibilidad.

Concebido para un mundo campesino que sufre un proceso de erosión poblacional por abandono del Estado, el catolicismo costarricense debe reinventarse para una incluir también una realidad predominantemente urbana.

Algunas dificultades de la Iglesia católica en Costa Rica provienen del conservadurismo de la Santa Sede. Dos ejemplos: no ha renovado la liturgia en concordancia con los cambios culturales e impone un derecho canónico que, en materia del sacramento del matrimonio, patrocina la migración de tantos católicos hacia otras confesiones.

Instruidos por el magisterio pontificio, los obispos costarricenses publican de vez en cuando valiosos documentos en los cuales analizan diversas problemáticas. Como se ocupan poco o nada de la necesaria divulgación, la enorme mayoría de los feligreses los desconocen.

Ha habido excepciones. Ignacio Trejos, obispo de San Isidro de El General, disconforme con tanta simpatía del arzobispo de San José con el PLN, se dirigió en carta pública al presidente Arias para señalar la injusta distribución de la tierra, el mal estado de las vías rurales, el problema de los intermediarios y el excesivo sometimiento del país a fuerzas externas, en enero de 1987, Al año siguiente, en una misiva a la jefatura del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA, antes ITCO y ahora INDER), Mons. Trejos y su clero diócesis denunciaron que los organismos policiales sirven intereses particulares y también el  alargamiento judicial de los procesos cuando están en juego los intereses de los trabajadores.

Otra excepción. Mons. Alfonso Coto, obispo del Vicariato apostólico de Limón, 1980-1994, al frente de sus presbíteros y en alianza con los sindicatos de esa zona, advirtió en carta pastoral de diciembre de 1989 sobre las consecuencias sociales y ecológicas de la descontrolada expansión bananera. Recibió inmerecidas críticas del diario La Nación y del director de la Escuela Social Juan XXIII, Pbro. Claudio Solano. Fue apoyado por pocos sacerdotes de otras jurisdicciones eclesiásticas, –entre ellos el Pbro. Armando Alfaro, director del Eco Católico, Jorge A. Chaves, dominico y el clero de la diócesis de Tilarán (excepto su obispo), pero abandonado por la mayoría, en cuenta el arzobispo Román Arrieta. 

(Esta Síntesis Histórica que está publicando Informa-Tico a razón de dos entregas semanales, los días martes y jueves, se recomienda coleccionarlas).