(Imagen: Un monigote del presidente Jair Bolsonaro cuelga de un árbol durante una manifestación contra él y el racismo. (Agencia AFP)

En medio de la pandemia estalló la crisis en Estados Unidos, provocada por el asesinato de George Floyd en Mineápolis en manos de policías, el pasado 25 de mayo y las calles se volvieron a llenar. El sábado pasado (6/06), miles de personas hicieron oír su protesta por ese crimen en la capital de Estados Unidos.

El día siguiente, domingo (7/06), las protestas se trasladaron a las calles de algunas de las principales ciudades de Brasil. Mientras crecen las tensiones políticas en este país y las denuncias contra tentaciones de romper el orden constitucional por parte de los partidarios del presidente Bolsonaro, Brasil asciende en la escala de los países más afectados por el Covid-19, donde ya ocupa el segundo lugar, solo detrás de Estados Unidos.

METÁSTASIS DE UN MISMO CÁNCER

Una de las mayores mentiras del siglo XX es la de que podemos separar la política de la economía, dice el profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Brasilia, Fernando Horta.

Para Horta, Guedes y Bolsonaro son dos metástasis del mismo cáncer. Se trata del ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, y del presidente Jair Bolsonaro.

El cáncer del que habla es el provocado por un gobierno que ha empujado el país al borde del abismo institucional y lo ha llevado a un escenario catastrófico como consecuencia de una pandemia cuyos efectos el presidente minimiza. Y que podría provocar más de 160 mil muertes de aquí a agosto en el país, según previsiones de instituciones norteamericanas.

Esta semana se multiplicaron en Brasil los manifiestos “en defensa de la democracia”, publicados en algunos de sus principales periódicos, firmados por representantes de un vasto espectro político, desde los expresidentes Fernando Henrique Cardoso y Michel Temer, a cardenales, escritores, diputados y cantantes.

El fin de semana las firmas eran ya más de 200 mil. Pero el expresidente Lula no firmó. No hay ninguna propuesta a favor de los trabajadores en esos manifiestos, afirmó Lula. Y no firmó.

Como dice Horta, no se puede separar política y economía. Crece la oposición a Bolsonaro, pero muchos de los que firmaron sueñan con las políticas económicas de Guedes. Horta insiste en que ambas cosas no se pueden separar.

En lo económico critica el programa “Puente para el Futuro”, cuyo rechazo por la entonces presidente Dilma Rousseff desató el proceso de impeachment en su contra y que después aplicó su sucesor, Michel Temer. Un programa cuyo objetivo, según la presidente del PT, Gleisi Hoffman, “era la destrucción de un estado de bienestar social que comenzaba a ser construido”.

Hoffman acusa a Cardoso y a Temer de apoyar una de las más perversas reformas de las leyes laborales del país. Cardoso –afirma– “fue conductor activo” del proceso que terminó en lo que está viviendo Brasil”.

UN MISMO CÁNCER

Se trata del proyecto de vender todo, privatizar lo que tenga el país, desde su empresa petrolera, Petrobrás; su empresa aeronáutica, Embraer; el Banco do Brasil o la estratégica base de Alcántara, administrada por la Fuerza Aérea Brasileña.

Alcántara –construida en 1983 en el estado del Maranhão, en el nordeste brasileño– es la estación más estratégica, la mejor posicionada del mundo, decía France 24, en un artículo publicado en octubre del año pasado. Hacía casi dos décadas que Estados Unidos trataba de conseguir el control de esa base aeroespacial. Había querido siempre establecer ahí un centro de lanzamientos dada la estratégica ubicación de la base.

En el año 2000, el Parlamento brasileño rechazó una propuesta parecida, negociada por el entonces presidente Fernando Henrique Cardoso. Se dijo que la presencia estadounidense limitaría la soberanía de Brasil. Diecinueve años después la mayoría parlamentaria cambió radicalmente. El 22 de octubre pasado aprobó, por 329 votos a favor y 86 en contra, un acuerdo que permitiría alquilarla finalmente a los norteamericanos.

Dos metástasis de un mismo cáncer –Guedes y Bolsonaro–. La enfermedad no ha dejado de evolucionar desde entonces. Se ha avanzado en la privatización de Petrobrás, de Embraer y Guedes sigue presionando para privatizar “todo”. “Todo es todo”, asegura.

LA MARCHA TENEBROSA DEL FACISMO

Bolsonaro llegó al poder en las elecciones de octubre del 2018 importando una nueva táctica de guerra. Una que ya había sido probada con éxito en el Brexit –el referendo que aprobó la retirada de Gran Bretaña de la Unión Europea–, recordó Ricardo Capelli, periodista y representante del gobierno del estado de Maranhão en Brasilia.

Táctica que está ahora bajo investigación por el Supremo Tribunal Federal (STF). Es el caso de las fake news, que habrían contribuido al triunfo de la candidatura Bolsonaro-Hamilton Mourão. “La investigación llegó al núcleo del esquema de financiación y divulgación de mensajes criminales”, señaló Capelli. Ahora también el Tribunal Superior Electoral analiza si corresponde pedir la anulación de la elección de Bolsonaro y su vice, el general Mourão.

Contrario a toda cuarentena para enfrentar la pandemia del Covid 19, Bolsonaro participa de las manifestaciones, cada vez más reducidas, de sus partidarios en Brasilia.

La semana pasada intentaron manifestarse en la céntrica avenida Paulista, en São Paulo, y fueron enfrentados por las barras de los equipos más populares, principalmente del Corinthians, club que cuenta con las simpatías del expresidente Lula. También en Rio de Janeiro y en Minas Gerais, las barras salieron a la calle a protestar contra las amenazas de Bolsonaro.

No se trata ya de saber si se va a romper el orden constitucional, sino de cuando, afirmó Eduardo Bolsonaro, diputado e hijo del presidente, en entrevista a un canal de televisión el 27 de mayo pasado.

“El 70% que no apoya Bolsonaro ya no acepta el papel de mayoría silenciosa frente a la marcha tenebrosa del fascismo”, opina la periodista Teresa Cruvinel, que integra un importante grupo de “Periodistas por la Democracia”, opositores al gobierno.

“Hay que resistir a la destrucción del orden democrático, para evitar lo que ocurrió con la República de Weimar”, afirmó el ministro Celso de Mello, magistrado del Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil.

República de Weimar, el orden político alemán posterior a la I Guerra Mundial que terminó en manos del nacionalsocialismo y sucumbió bajo el proyecto de Adolfo Hitler.

Dictadura o democracia, la cuerda reventará por algún lado, afirmó Cruvinel.

Para el general Mourão se trata de alborotadores. Es un abuso llamar manifestaciones democráticas las de la oposición, ya que atentan contra personas y contra los patrimonios público y privado, “todos protegidos por la democracia”. Y pide reprimirlas.

Tampoco le gusta que se vea en el régimen actual –en el que la presencia militar en cargos de alto nivel supera ya la que tenían durante la dictadura de los años 60 y 70 del siglo pasado– similitudes con lo ocurrido en ese período. Entonces Brasil vivía sometido a una dictadura que cerró el congreso y gobernó ejecutando actos de tortura que el propio presidente Bolsonaro elogió públicamente en el congreso, cuando era diputado.

Ya presidente, recibió en su despacho a uno de los represores más reconocidos, el coronel Brilhante Ustra, al que elogió por haber torturado en aquellos años a la que sería después la presidente Dilma Rousseff.

PANDEMIA DEVASTADORA

A la crisis política se suma el efecto devastador de la pandemia. Con cerca de 30 mil nuevos casos diarios, Brasil es ya el segundo país más afectado, detrás de Estados Unidos. Camina hacia los 800 mil casos, con una contaminación comunitaria fuera de control. Con 40 mil muertos, ha visto esa cifra crecer en alrededor de 1.500 personas en un solo día.

Bolsonaro ha decidido entonces anunciar un posible retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como ya hizo Trump, y revisar los números de víctimas. Hay mucha gente muriendo por otras causas, que los encargados en los estados, o en los municipios, atribuyen al Covid-19 para tener acceso a más presupuesto, afirmó Carlos Wizard, nuevo secretario del ministerio de Salud, ahora también en manos de los militares.

El fin de semana el ministro de Salud, general Eduardo Pazuello, decidió que Brasil no enviaría más los datos sobre las muertes y los enfermos de Covid-19 a las bases de datos internacionales, entre ellas a la de la prestigiosa John Hopkins University.

NO PENSABA TRABAJAR TANTO…

Lo cierto es que, como en Estados Unidos, el mal manejo de la pandemia aumenta la presión sobre el gobierno de Bolsonaro.

Y en el resto de América Latina también se extiende, con algunos países sobrellevando mejor que otros el desafío, pero sin que se pueda predecir con claridad los efectos que tendrá sobre la región.

Una imagen recogida esta semana por la agencia AFP muestra la dimensión humana y económica de la pandemia: “fabricante de ataúdes cuadruplica ventas en Perú”, afirma la nota.

Los ataúdes tienen 195 centímetros de largo por 60 de ancho y se venden rápidamente, a un precio que oscila entre los 400 y los 2.000 soles (unos 118 a 588 dólares).

“No pensaba trabajar a tal extremo”, dice el productor. Antes de pandemia, la pequeña empresa construía 100 féretros por mes. Ahora los demandan en una semana.

Costa Rica, que venía mostrando resultado positivos en el control de la pandemia, enfrentó la semana más difícil desde que, el 6 de marzo, se detectó el primer caso de Covid 19 en el país. En la primera semana de junio se registraron 262 casos nuevos, muy por encima de los 180 casos de la cuarta semana que era, hasta ahora, la de mayor número de contagiados.

Son, en su mayor parte, casos registrados en la zona fronteriza norte con Nicaragua, una región agrícola con fuerte presencia de trabajadores provenientes del país vecino. El gobierno no reconoce aun la existencia de contagios comunitarios, pero tampoco lo negó totalmente, dejando la puerta abierta para determinarlo en análisis posteriores.

Este escenario ha estimulado una reacción xenófoba de quienes piden en Costa Rica mayores controles en la frontera para evitar el ingreso de nicaragüenses.

Con la pandemia extendiéndose en su país, donde el gobierno se ha negado a promover la cuarentena para evitar los contagios, los inmigrantes nicaragüenses buscan trabajo al otro lado de la frontera, donde crecen las exigencias de someterlos a un mayor control.

DE ESO VIVO

El tema ha renovado tensiones entre los dos países, pero provocado también diferentes interpretaciones sobre la forma de enfrentar los riesgos de contagio en la zona.

Con el título “Me lo pasó una amistad” se podía leer en una página de Facebook de Óscar Salas León un texto en el que nos refiere un diálogo con un obrero bananero-piñero costarricense –al que no se identifica por su nombre– que le explica la importancia de la mano de obra nicaragüense en explotaciones agrícolas en Costa Rica.

Dice así: – Yo soy un obrero del banano y de la piña, también saco yuca. Soy costarricense, vivo en Guácimo, tengo 43 años, familia, tres hijos y un nieto en camino. No tengo trabajo, pero ¿usted cree Dr. que no lo necesito?

“De eso vivo. Me honra trabajar, pero no me dan trabajo, porque me tienen miedo por ser tico. En las piñeras, en las bananeras y en la recolección de la yuca prefieren a los nicaragüenses. No porque trabajen más que yo, más que los ticos, sino porque no pueden reclamar, porque están ilegales, porque a esos hermanos nicaragüenses no les pagan seguro social, ni aguinaldo, ni salario mínimo, ni extras, ni ninguna m... Por eso los traen”.

Y los traen –agrega– “empresarios ticos y compañías extranjeras a las que no les importa la pandemia, ni si hay suficientes camas en los hospitales, ni si la gente que contratan está enferma, ni si morirán o no.

Total, ¡hay un montón de desempleados! Entre ellos yo, que –aquí se quebró su voz– estarían obligados a volver a la servidumbre, a la esclavitud, con tal de que mi familia coma un poco”.

Esto lo sabe el señor presidente y los ministros, asegura. “Admiro la labor del ministro de Salud y de los trabajadores de la salud, pero quebrarle el negocio a las compañías extranjeras y a los ticos inescrupulosos que financian campañas políticas y pagan pautas comerciales millonarias no se debe hacer porque afecta las leyes del mercado, más poderosas ahora que los Diez Mandamientos”.

Por eso –concluyó– “no son los trabajadores nicaragüenses el problema de Costa Rica, sino los ticos corruptos y los medios de comunicación que alimentan el odio”.

Las últimas dos semanas estuve trabajando en Upala, dijo, por su parte, Ifigenia Quintanilla Jiménez, también en FB. “Cada día iba al poblado de Los Ledezma, en la milla fronteriza, a trabajar. En cada negocio, en el hotel donde nos hospedamos, siempre encontré un lugar con jabón para lavarse las manos antes de entrar a un local, gel de manos, alcohol y personas siguiendo los protocolos”.

En la milla fronteriza –agregó– “sólo vi gente humilde, pobre, metidos en sus casas y relacionándose solo entre ellos. Lo que pasa en las piñeras, en las bananeras y en las plantaciones extensivas, es responsabilidad de los contratistas y del sistema de explotación laboral que obtiene grandes beneficios económicos de los trabajadores migrantes. A ellos es a quienes hay que pedir cuentas y no a la gente pobre y necesitada de trabajo. Es una injusticia criminalizar la pobreza y el origen de las personas”.

(* Historiador, Periodista, Escritor, gilberto.lopes@ucr.ac.cr)

Este reportaje también fue publicado por el Semanario UNIVERSIDAD, Universidad de Costa Rica.