Kerry ensalzó la decisión de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro de dejar de ser "rehenes de la historia" y apremió a seguir impulsando el proceso de reconciliación: "Sabemos que el camino es largo, pero precisamente por ello tenemos que empezarlo en este mismo instante". En línea con el discurso de Washington desde el anuncio de deshielo de diciembre, asumió que "las políticas del pasado no llevaron a una transición democrática" en la isla, apostó por acelerar la relación entre los pueblos y gobiernos de ambos países y remarcó: "El futuro de Cuba lo tienen que dibujar los cubanos".

Kerry, primer canciller estadounidense en pisar Cuba desde 1945, compareció en la entrada exterior de la embajada a las diez y veinte de la mañana. Sacándole hierro al momento, rogó disculpas por haberse retrasado unos minutos en llegar: "Se ha hecho un poco tarde, pero es un día radiante". Bajo un sol aplanador, comenzó repasando episodios cruciales del conflicto desatado tras la Revolución liderada por Fidel Castro en 1959, como el intento de invasión de Bahía de Cochinos (1961) o la Crisis de los Misiles (1962), y a continuación lamentó que el enfrentamiento se hubiese extendido hasta tres décadas después del final de la Guerra Fría tras la caída de la Unión Soviética. "Durante todo este tiempo las relaciones entre Estados Unidos y Cuba permanecieron enclaustradas en el pasado".

El compromiso de Obama, trasladó Kerry, "es dar más pasos para aligerar las restricciones para conectar a los cubanos al mundo y mejorar sus vidas". Para ello consideró que no sólo bastará lo que haga Washington sino que será necesario que La Habana trabaje en el mismo sentido. "El embargo ha sido una calle de dos direcciones", afirmó, "y en las dos calles hay que eliminar trabas". Su discurso fue conciliador, pero no dejó de reivindicar el convencimiento de su Gobierno de que el sistema político de la isla debe cambiar: "Los cubanos estarán mejor con una democracia auténtica, en la cual puedan escoger a sus dirigentes, expresar sus ideas y profesar su fe".

En un discurso de 20 minutos, el canciller, que aterrizó en La Habana justo antes de la ceremonia y tenía programado regresar a Estados Unidos antes de terminar el día, subrayó que había llegado el día de "dejar a un lado viejas barreras y explorar nuevas posibilidades". "No hay nada que temer", dijo, "ya que serán muchos los beneficios de los que gozaremos cuando permitamos a nuestros ciudadanos conocerse mejor, visitarse con más frecuencia, realizar negocios de forma habitual, intercambiar ideas y aprender los unos de los otros".

La ceremonia comenzó con unas palabras de bienvenida de Jeffrey DeLaurentis, Encargado de Negocios de la legación hasta que se designe un embajador. Antes de la intervención de Kerry, el poeta cubanoamericano Richard Blanco leyó en inglés un poema titulado Cosas del mar. Por parte del Gobierno cubano la máxima representante fue la encargada de Estados Unidos en la cancillería,Josefina Vidal. Después del acto, el ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez, que acudió a Washington el 20 de julio para el izado de la bandera cubana, recibió a John Kerry en el Hotel Nacional. En una rueda de prensa conjunta, el canciller cubano afirmó que su gobierno "da la bienvenida a las empresas norteamericanas que quieran aprovechar las oportunidades" y dejó una pulla sobre el tema más controvertido en las relaciones entre los dos países: "Nosotros también estamos preocupados por los derechos humanos en Estados Unidos".

La ceremonia en la embajada terminó con un gesto simbólico. Tres veteranos marinos que se encargaron de retirar la bandera en 1961, en plena crisis con el gobierno de Fidel Castro, entregaron la enseña a los soldados de la guardia actual de la embajada y el emblema del histórico enemigo de Cuba ascendió en primera línea del Malecón habanero.

Cientos de cubanos acudieron a los alrededores de la embajada. Al final, daban su opinión del acto. "Lindísimo", "emocionante", "excepcional". Marta Caballero, afrocubana de 56 años con un colgante al cuello con la cara del Che Guevara –"no me lo quito, este es mi Dios"– agradecía el paso adelante dado por Obama para reencauzar los vínculos entre Cuba y Estados Unidos, rotos durante 54 años. "El negrito ha hecho lo que no hizo ningún blanquito".