Heather Heyer, de 32 años, murió y al menos 19 personas resultaron heridas cuando un automóvil arremetió contra un grupo de manifestantes que se oponían a la iniciativa. Heyer, era asistente legal y activista y murió atropellada por un auto mientras protestaba contra supremacistas blancos en Charlottesville.

En otros incidentes y enfrentamientos sucedidos a lo largo de la caótica jornada, una decena más de personas resultaron heridas.

Desde el estado de Nueva Jersey, donde pasa vacaciones, el presidente Trump condenó el sábado la violencia, pero se abstuvo de denunciar explícitamente a la extrema derecha.

"Condenamos en los términos más claros esta escandalosa demostración de odio, fanatismo y violencia procedente de muchos sitios", dijo durante una breve alocución a periodistas, desde su complejo de golf veraniego en el estado de Nueva Jersey.

Este domingo, la Casa Blanca dijo en un comunicado que el rechazo manifestado por el presidente Trump había sido hacia todos los extremistas, incluidos los supremacistas blancos.

Por la noche, el vicepresidente de EE.UU., Mike Pence, dijo en una conferencia de prensa durante su visita oficial a Cartagena, Colombia: "No toleramos el odio ni la violencia, los supremacistas blancos o neonazis o KKK (Ku Klux Klan)".

La movilización en Charlottesville, llamada "Unite the Right" (Derecha Unida), tenía la intención de protestar contra la remoción de una estatua del general confederado Robert E. Lee, ubicada en el centro de la localidad.

Lee comandó las fuerzas confederadas y proesclavistas del sur de EEUU durante la guerra civil en el siglo XIX.

Críticas de demócratas y republicanos

A pesar de la aclaración de la Casa Blanca, la ausencia de una condena directa de Trump contra los supremacistas blancos y neonazis desató una serie de críticas.

Una de las más severas provino del senador republicano por Colorado, Cory Gardner, que escribió en su cuenta de Twitter: "Señor presidente, debemos referirnos a la maldad por su nombre".

El senador, que también supervisa el Comité Nacional Senatorial Republicano, añadió: "Estos eran supremacistas blancos y esto es terrorismo interno".

Por su parte, el senador republicano por Florida, Marco Rubio, escribió en Twitter: "Es muy importante que la nación escuche (al presidente Trump) describir los eventos en Charlottesville como lo que son, un ataque terrorista de supremacistas blancos".

Otro republicano de alto perfil y rival de Trump en 2016 durante las elecciones internas, Ted Cruz, catalogó la embestida del automóvil como un "grotesco acto de terrorismo interno".

El presidente puso un escueto twit “Condenamos en los términos más claros esta escandalosa demostración de odio, fanatismo y violencia procedente de muchos sitios". Donald Trump, presidente de Estados Unidos

Las duras críticas no terminaron allí. El senador Orrin Hatch, del estado de Utah, también se refirió a llamar la maldad por su nombre verdadero y escribió en Twitter: "Mi hermano no entregó su vida luchando contra Hitler para que las ideas nazis no vayan a ser desafiadas aquí en casa".

Los demócratas han señalado que el presidente Trump simplemente no está dispuesto a alienar a un segmento de su base electoral blanca que todavía alberga sentimientos racistas.

La líder de la bancada demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, expresó que "la referencia del presidente sobre violencia 'de muchos lados' ignora la vergonzosa realidad actual de la supremacía blanca" en EE.UU.

La excandidata demócrata a la presidencia, Hillary Clinton, declaró por su parte: "Cada minuto que permitamos que esto persista a través de apoyo tácito o falta de acción es escandaloso y corrosivo a nuestros valores".

El gobernador de Virginia, Terry McAuliffe fue directo. "No los queremos aquí", advirtió el gobernador de Virginia, Terry McAuliffe, a los manifestantes ultraderechistas.

Y el expresidente Barack Obama compartió en su cuenta de Twitter una frase del nobel de la Paz Nelson Mandela, que termina diciendo: "El amor surge con mayor naturalidad en el corazón humano que su opuesto".

"Que se mire al espejo"

Mientras demócratas y republicanos criticaban a Trump por ser vago en sus declaraciones, David Duke, exlíder del Ku Klux Klan, el grupo supremacista blanco más famoso de EE.UU., fue uno de los pocos que consideró que el presidente había ido demasiado lejos.

Tras escuchar las palabras de Trump, dijo: "Le recomendaría que se mire al espejo y recuerde que fueron los estadounidenses blancos los que lo pusieron en la presidencia, no los radicales de izquierda".

En este sentido, el alcalde de la ciudad, Michael Signer, dijo este domingo en una entrevista con la cadena CBS que Trump era en gran parte responsable por lo que había sucedido en Charlottesville.

Según el demócrata, el presidente creó una atmósfera de "grosería, cinismo (y) bullying", y que en la campaña presidencial el republicano había elegido "jugar con los peores prejuicios" de la gente. "Pienso que este fin de semana están viendo las consecuencias directas de esas elecciones", afirmó.

En una entrevista con la cadena televisiva Fox News, Tom Bossert, consejero de seguridad interna de la Casa Blanca, dijo: "Creo que el presidente se impuso con mucha claridad y no sólo denunció (la violencia), sino que elevó el nivel presidencial al hacer un llamado al amor y la dignidad y el respeto por los otros seres humanos".

Este domingo la tensión en Charlottesville se volvió a materializar cuando Jason Kessler, uno de los organizadores de la marcha del sábado, fue forzado a abandonar la conferencia de prensa que había convocado.

Los abucheos y continuos gritos de "vergüenza", "nazis, váyanse a casa" y "cómplice" no le permitieron ofrecer sus declaraciones e incluso debió ser custodiado por la policía para poder retirarse.

Kessler sólo alcanzó a decir que condenaba la violencia, cuyo culpable era la policía porque no pudo prevenir los enfrentamientos entre supremacistas y contramanifestantes.

Horas de violencia

Cientos de ultranacionalistas blancos se congregaron el sábado en Charlottesville para la marcha, en la que protestarían contra el retiro de la estatua del general Lee.

Ya el viernes habían marchado con antorchas en el campus de la Universidad de Virginia, donde corearon consignas como "no nos reemplazarán", "las vidas de los blancos importan" y "los judíos no nos reemplazarán".

El sábado, los manifestantes, entre los que había neonazis y miembros del Ku Klux Klan, chocaron con una protesta opositora.

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Se golpearon y patearon mutuamente, y ambos lados se atacaron con gas pimienta. En ese momento el estado de Virginia decidió declarar el estado de emergencia y cancelar la manifestación ultranacionalista.

Cuando la movilización empezó a dispersarse, un auto arremetió contra las personas que habían llegado al lugar a oponerse a la marcha, matando una persona e hiriendo a 19 más.

James Fields, de Ohio, el supuesto conductor de 20 años, se encuentra detenido bajo sospecha de asesinato en segundo grado y el Buró Federal de Investigaciones de EE.UU. (FBI, por su sigla en inglés) ha abierto una investigación.

El gobernador de Virginia, Terry McAuliffe, salió en televisión a decir que sólo tenía un mensaje para los supremacistas blancos que habían llegado a Charlottesville: "Váyanse a casa. No los queremos aquí. Son una vergüenza. Se hacen pasar por patriotas, pero son todo lo contrario".

Trump también afirmó que él y su equipo seguían "de cerca los horribles eventos" en Charlottesville, pero planteó la violencia como como una plaga crónica y bipartidista.

Charlottesville es una ciudad de apenas 50.000 habitantes, situada a 200 kilómetros al suroeste de Washington D.C., considerada un enclave progresista en el centro de una Virginia mayormente conservadora.

Conocida por sus librerías, Charlottesville es sede de la Universidad de Virginia, por lo que cuenta con un gran número de jóvenes y una vida cultural que contrasta con el resto del estado.