En privado, Francisco dice: ‘Sé que me hacen la guerra’. Agrega: ‘Sabían cómo era yo cuando me eligieron y no lograrán cambiarme’.” Son palabras de Marco Politi, vaticanista italiano autor de Francisco entre los lobos. El secreto de una revolución, donde analiza no sólo el contexto vaticano que recibió a Bergoglio en marzo de 2013 sino también la resistencia que los cardenales más conservadores insinúan a los cambios que impulsa Francisco. Politi fue astuto al elegir el título para su libro –editado en Francia, Portugal, Alemania y Estados Unidos–: Francisco entre los lobos, en alusión al relato del santo de Asís frente al lobo de Gubbio, esa bestia que devoraba humanos y animales hasta que San Francisco trazó una señal de la cruz delante del animal y le pidió, en nombre de Cristo, que no hiciera más daño. Logró así amansar a la fiera que lamió, sumiso, su mano.

- Apela a la imagen de Bergoglio entre las fieras. ¿Se podría decir que, a su modo, Francisco es también un lobo?

- Francisco dijo que él es astuto. Estando en Buenos Aires comprendí que Francisco es también un líder político. No encarna el estereotipo de un Papa de la sonrisa. Es una personalidad profundamente buena, en sentido cristiano, y al mismo tiempo tiene una cabeza política lúcida y consciente de los obstáculos que encuentra en la Iglesia hoy.

- Habla de Francisco como un hombre político. Hay debate sobre si el Papa aprovecha las ocasiones en las que los jefes de Estado piden verlo o si se deja usar políticamente. ¿Qué piensa?

- Cuando Francisco encuentra líderes políticos es perfectamente consciente de quién está delante de él. Sabemos que como arzobispo a menudo ha estado en conflicto con los presidentes porque criticaba a la clase dirigente argentina por la corrupción y el problema de la justicia social. Cuando invitó a Roma al presidente de Israel y al de Palestina, usó este encuentro no para aprovechar a sacarse una foto, sino para recordar a los israelitas que no depende de ellos si Palestina es o no un Estado y, a los palestinos, que deben comprender los sufrimientos pasados por el pueblo judío en el siglo XX. Es el Papa quien utiliza a los jefes de Estado con los que se encuentra.

- ¿Es un Papa político a nivel local?

- En la política italiana hemos tenido desde el nacimiento de la república una fuerte interferencia del Vaticano y de la Conferencia Episcopal en los asuntos políticos y legislativos. No hemos podido generar una ley para las parejas del mismo sexo, como en la Argentina tienen sobre el matrimonio gay. Bajo los papados de Wojtyla y de Ratzinger, la Conferencia Episcopal se entrometía para frenar estas leyes. Con Francisco, por primera vez, el Vaticano como poder político no se entromete en la política italiana.

- ¿Es populista?

- Es una acusación de los conservadores de la Iglesia. Le dicen que es demagogo, que disminuye la sacralidad del papado. Cuando el Papa muestra con el dedo el riesgo de esta sociedad, no es populismo, es realismo. Cuando habla de la nueva esclavitud sexual de millones de personas, cuando habla de la esclavitud de los trabajadores clandestinos, no es populismo, es meter el dedo en problemas reales.

- Hay quienes dicen que Francisco denuncia pero no da recetas para los problemas, como cuando habla de la emergencia humanitaria en materia de inmigración.

- El siempre ha subrayado en los problemas sociales y económicos que la Iglesia no es quien da las recetas. La Iglesia y él personalmente indican un problema y un criterio de dignidad. Sobre la inmigración, subraya que es preciso comprender que esto es un fenómeno histórico, epocal, al que no se puede simplemente decir “cerramos las puertas”. Y que los Estados deben elaborar las políticas para enfrentar este fenómeno.

- ¿Cuál es el aspecto más revolucionario de Francisco?

- Ha sucedido apenas se asomó a la Plaza San Pedro por primera vez. No se presentó como Papa sino como obispo de Roma. El aspecto más revolucionario es el de romper con la imagen del Papa emperador y presentarse como discípulo de Cristo. Es, además, el primero que escribe una encíclica ( Laudato si , sobre ecología) partiendo de la ciencia y luego arribando al mensaje moral mientras que, en el pasado, primero estaba la doctrina que le explicaba a la ciencia cómo debía proceder.

- ¿Qué es lo que más lo asombra de Francisco?

- Dos cosas. La primera es que, participando de su misa matutina en Santa Marta, descubrí una dimensión íntima y también mística del papa Francisco que no se conoce. Estamos habituados a la imagen del Papa comunicativo y siempre sonriente. En cambio, durante la misa, está muy serio. Ama mucho introducir durante el rito momentos de silencio en los que él está en meditación y se ve que entra en la profundidad de su ánimo. Para mí fue casi como ver a otros cristianos. La otra es que Francisco no viene de la periferia. Es una frase irónica que él ha usado cuando dijo: “Vinieron a buscarme al fin del mundo”. Buenos Aires no es una ciudad del fin del mundo. Es una ciudad populosa, de tantas etnias, culturas y situaciones sociales. Este es el primer pontífice que viene de una realidad globalizada moderna. Otros como Ratzinger, Wojtyla o Juan XXIII, venían de pequeños pueblos de predominancia católica mientras que Francisco conoce la modernidad desde joven.

- Su libro subraya la intención de Francisco de crear un pontificado más coral y sin burocracia.

- Francisco entendió que la Iglesia imperial que nació casi como heredera del Imperio romano, esa Iglesia monárquica no le habla más al hombre contemporáneo y, sobre todo, no le habla a los jóvenes. Un papa emperador puede conmover a una pequeña parte del mundo contemporáneo. Francisco quiere una iglesia comunitaria. Sobre la cuestión de conceder la comunión a los divorciados, por ejemplo, él quiere que la resuelvan los obispos. El aceptará la decisión. Quiere crear un clima participativo y de comunión en la Iglesia.

- ¿Francisco se siente solo?

- Francisco está solo. En casi tres años, no ha creado en el Vaticano un partido de Francisco ni una estructura. Tiene algunos puntos de referencia pero lleva adelante una guía espiritual bastante solitaria. Uno de los miembros del concilio de la corona de los nueve cardenales me ha dicho que “escucha mucho pero nos da la impresión de que él ya tiene en mente la dirección hacia la cual se dirige”.

- ¿Su libro se puede interpretar como una defensa de la gestión de Bergoglio o una advertencia hacia los sectores críticos a su papado?

- Francisco comprendió que la Iglesia dogmática no le habla más al hombre de hoy. Y que la Iglesia puede tener una función sólo si vuelve sobre el camino de los primeros años de cristianismo. Francisco, cuando habla, no lo hace como un Papa, un obispo o un cura. Habla como un discípulo de Cristo que caminaba por Galilea. Pero la Iglesia católica es también una gran estructura histórica, religiosa y estatal difícil de cambiar. El Papa, antes de Navidad, le dijo a un amigo latinoamericano: “Lo única que le pido al Señor es que este esfuerzo mío por la Iglesia que llevo adelante con tanto sacrifico no sea una luz que se apague”.

- ¿Usted cree que, finalmente, Francisco logrará reformar la Iglesia y los lobos lamerán su mano?

- Los lobos no besarán jamás la mano de Francisco. Ingresamos en la fase del papado a término. En otros siglos hubo renuncias por motivos políticos o religiosos. Ratzinger fue el primero en renunciar libre, lúcidamente subrayando no sólo cansancio físico sino que se debe estar a la altura de los cambios. Ningún Papa puede ser una momia encerrada en el Vaticano. Francisco lo dijo: “Cuando me encuentre en la misma situación de Benedetto, haré lo mismo”. Cuando se dé cuenta de que no está en condiciones de gobernar plenamente, se retirará. Sus amigos latinoamericanos me han dicho que no permanecerá encerrado en el Vaticano. Que se irá a otro lado.