El grado de dolarización de hecho de la economía costarricense es, actualmente, muy considerable. Ello tiene múltiples consecuencias negativas y comporta graves riesgos. Al respecto, quiero compartir con ustedes un conjunto de siete reflexiones.   1) El 49% del total del crédito está siendo colocado en dólares, con el serio inconveniente de que una proporción sustancial de ese crédito (un 78%) es concedido a personas o empresas cuyos ingresos son en colones. En la eventualidad de una devaluación significativa del colón, esa situación podría tener consecuencias potencialmente muy dañinas. Este comportamiento riesgoso viene siendo promovido de forma especialmente aguda por la banca privada, la cual parece haber desarrollado fuertes vinculaciones con intereses financieros globales.   2) Un cambio en las condiciones en la economía mundial podría dar lugar a que tal devaluación tuviese lugar. Por ejemplo, si se diera que la Reserva Federal (banco central) de los Estados Unidos modificase el acento de su política económica, es decir, si en algún momento futuro optase por una política monetaria más constrictiva que elevase las tasas de interés. O bien, en la eventualidad de que, en el crispado contexto político actual en los mismos Estados Unidos, no se apruebe la elevación del “techo” de la deuda pública, con lo cual el gobierno estadounidense podría, quizá, entrar en moratoria de pagos. Eventualmente se podría dar lugar a una situación de pánico que empujaría a una rápida huida del dólar hacia otro tipo de divisas o activos, por lo que quienes tienen o traen inversiones en esa moneda a Costa Rica querrían abandonarlas.   3) Las masivas entradas de capitales extranjeros –productivos o solamente financieros- se han sostenido por ya casi un decenio (desde aproximadamente 2004), y han provocado un movimiento gradual pero persistente de revalorización real del colón frente al dólar. Esta última es una tendencia que se viene manifestando desde los últimos meses de 2005. Se revirtió parcialmente durante la fase aguda de la crisis económica mundial (últimos meses de 2008 y parte del 2009) pero luego se restableció, y sigue vigente hasta el momento actual. Acontece que, aún si el dólar tiende a mantenerse en un valor nominal de 500 colones, la inflación en Costa Rica sigue siendo más elevada que en Estados Unidos y Europa. Se da así un comportamiento divergente en precios y costos de producción, en detrimento de la planta empresarial costarricense, el cual no es compensado por un ajuste correspondiente en el tipo de cambio.   4) La sobrevaluación del colón genera diversos problemas: (a)  tiene efectos negativos sobre las actividades de exportaciones, el turismo y las que compiten con importaciones; (b) tiene, por lo tanto, un efecto de ralentización de la economía y, entonces, agrava el desempleo y la precariedad laboral; (c) desestimula las actividades productivas que tienen mayor valor agregado y estimula aquellas que incorporan una mayor proporción de insumos importados. Ello profundiza una de las mayores debilidades de la economía costarricense: su fragmentación interna y la pérdida de coherencia y cohesión de sus tejidos productivos. Ello tan solo por citar tres impactos negativos, entre otros más que se podrían mencionar.   4) Las autoridades económicas –como la propia presidenta Chinchilla- eluden sistemáticamente este asunto. Varias razones –tanto económicas como políticas- podrían haber detrás de tanto silencio. Una, de orden propiamente económico pero con graves implicaciones sociales, es posiblemente la siguiente: de forma implícita se ha optado por una especie de mecanismo de devaluación interna, con el que se intenta compensar –a lo menos en parte- la pérdida de competitividad que sufre la producción nacional a raíz de la sobrevaloración del colón. El caso es que, como promedio nacional, los ingresos de la población han perdido alrededor de un -4,5% de su poder adquisitivo real en los últimos tres años. El fenómeno es generalizado y se manifiesta en los diversos sectores de la economía, y de modo especialmente agudo en la agricultura. Durante ese lapso, el Producto Interno Bruto de la economía creció un 13% (real), cuando el total de la población trabajadora tan solo aumentaba un 5,5%, mientras el número de personas desempleadas y subempleadas aumentaba un 20%. Puede correctamente concluirse que ha aumentado la productividad por persona trabajadora, no obstante lo cual los salarios declinan. En su conjunto, esto claramente sugiere un proceso de masiva redistribución de la riqueza a favor de las ganancias ¿Se intenta entonces reflotar la competitividad de la economía mediante el empobrecimiento de la población y una más aguda polarización en la distribución de la riqueza y el ingreso? Pareciera que, en efecto, es así.     ) El deterioro del poder adquisitivo de los ingresos de la población está seguramente relacionado con el grave deterioro en el empleo. El 10,4% de la fuerza de trabajo está desempleada. Si se le suma el subempleo encontramos que un 20% de la población trabajadora está desempleada o subempleada. Considérese adicionalmente que cerca del 30% de quienes tienen “trabajo” están, sin embargo, en el sector informal y en empleos precarizados. En ese contexto, es fácil jalar hacia abajo los salarios: la gente desesperada por obtener empleo termina aceptando salarios de hambre en condiciones laborales deplorables.   6) Diversos factores inciden en esta catastrófica situación del empleo. Sus antecedentes se encuentran en el bajón que la economía nacional tuvo en el bienio 2008-2009, resultante a su vez del impacto de la crisis económica mundial. Pero luego la economía costarricense no ha tenido más que una recuperación vacilante y anémica, como consecuencia de lo cual una serie de agudos problemas tienden a perpetuarse y a profundizarse: el déficit fiscal, la pobreza, la desigualdad…y también el desempleo. Pero, a su vez, esa crónica debilidad de la economía costarricense se ve agudizada –como lo explico más arriba- por la tendencia gradual pero persistente a la revalorización del colón frente al dólar. Con el agravante de que, conforme pasa el tiempo, sus efectos negativos se acumulan y, con ello, el deterioro se profundiza.   7) La persistencia de elevadas entradas de capital se ve facilitada por la vigencia de un régimen de irrestricta apertura externa de la economía costarricense. Ello implica altos grados de vulnerabilidad frente a una globalización que ha dado pruebas sobradas de agudo desequilibrio, lo cual a veces se manifiesta al modo de bandazos, tan caóticos como furiosos. Detrás de esta apertura indiscriminada y de la persistencia de grandes flujos de capitales, hay también poderosos intereses de gran influencia a nivel nacional, como, por ejemplo, los del sistema financiero, hoy entregado en estrecho abrazo con los capitales financieros globales. Ello también ayuda a entender el porqué de la cerrada negativa a emprender acciones correctivas sobre el tipo de cambio.   Queda por considerar otro aspecto: la propuesta para una dolarización oficial de la economía nacional, que sustituiría definitivamente el colón por el dólar. Lo abordaré en un artículo posterior.