Un bar sin nombre en una calle de Atenas se ha convertido de forma espontánea en punto de encuentro de blogueros y jóvenes -todos sin apellidos o con seudónimos- involucrados en el movimiento indignado griego. El sábado, entre cervezas y ordenadores portátiles, Silvia, de 33 años, se llevaba las manos a la cabeza: “Han aprobado un Ejecutivo sin elecciones y han incorporado a un partido de extrema derecha, y quieren más recortes, no es que no los aceptemos, es que muchas familias ya no los pueden resistir”. Hoy, la joven tuvo respuesta. El nuevo primer ministro griego, Lukas Papademos, se presentó ante el Parlamento y reconoció que las actuales políticas de ajuste vinculadas al plan de rescate financiero habían empeorado la economía griega, pero recalcó que para evitar la bancarrota y seguir en la zona euro, era imprescindible aplicar los acuerdos europeos.

“Es un hecho que la actual política ha empeorado la crisis y el desempleo”, dijo el ex vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), en el inicio del debate que debe refrendarle como líder de un Gobierno de unidad interino, pero aseguró que las próxima reformas reconducirían la situación.

Papademos confirmó que la economía acabará el año con un déficit del 9%, frente al 7,6% que en principio estaba comprometido, y también advirtió de que Grecia debe ampliar la base fiscal y luchar contra la evasión de impuestos, un grave agujero de la economía helena. De hecho, el ministro de Finanzas, Evangelos Venizelos, ha amenazado esta semana con publicar una lista de personas y negocios que deben más de 150.000 euros al fisco si no cumplen de aquí antes del 24 de noviembre, según publicó hoy el diario griego Kathimerini y confirmaron fuentes del Gobierno.

Lo más urgente para Papademos es salvar el plan del segundo rescate y lograr que Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI) desbloqueen los 8.000 millones pendientes del primer plan de salvamento financiero, de 2010, para poder hacer frente a las deudas que vencen en diciembre. Este Ejecutivo interino también debe aprobar los presupuestos de 2012.

El jefe del Gobierno confirma que la economía acabará este año con un déficit del 9%, frente al 7,6% prometido

“El apoyo europeo depende de la aplicación del acuerdo del 26 de octubre. No es un ultimátum la petición de que todos los líderes políticos firmen, que se comprometan a respetar los acuerdos del 26 octubre. Es nuestra obligación hacia los pueblos europeos que nos apoyan”, aseguró Papademos. "Si estas decisiones se aplican y se toman las medidas asociadas a ellas, Grecia puede mirar al futuro con confianza", agregó el también exgobernador del Banco de Grecia. También advirtió de que tres meses es un plazo muy corto para poder poner en marcha todo los planes y prometió medidas para reactivar el empleo y proteger a los ciudadanos más débiles. Lo que no queda claro es si el cumplimiento de este programa supone nuevas medidas de austeridad más allá de las aprobadas.

El mensaje, en cualquier caso, tenía remitente: el líder de Nueva Democracia, Antonis Samaras, quien hoy aseguró que su partido no firmaría ningún documento del compromiso con el plan de rescate, como le reclama Bruselas, porque no acepta que se cuestione su palabra. Tampoco respaldará ajustes económicos adicionales a los ya en marcha. "No votaremos a favor de ninguna nueva medida", dijo Samaras en un encuentro con los diputados de su partido, citado por Reuters, antes del inicio de la sesión parlamentaria para el voto de la moción de confianza del nuevo Ejecutivo.

Además, recalcó que el Ejecutivo de Papademos "no es un Gobierno de coalición". "Solo sería una coalición si tuviéramos en común objetivos políticos", recalcó, asegurando que "las críticas a la política seguida por el Gobierno de Papandreu en los dos últimos años no terminan aquí".

Papademos pidió el respaldo de los tres partidos que forman el nuevo Gobierno (los socialistas de Pasok, Nueva Democracia y LAOS, de extrema derecha), porque, aunque las medidas pueden ser aprobadas con 151 de los 300 votos, una rebelión interna mermaría la confianza del Gobierno y generaría inestabilidad en un país que necesita ganarse cuanto antes la confianza de los mercados y de sus rescatadores para evitar la suspensión de pagos.

Papademos se verá esta semana con ellos, ya que recibirá la primera visita de la troika –así se llama a los inspectores de la Comisión Europea, el BCE y el FMI—.