La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, en una rueda de prensa este viernes tras el atentado en Christchurch. (H.Hopkins GETTY)

Alrededor de las 14.00 hora local (2.00 en la España peninsular), un individuo de 28 años identificado por los medios australianos como de extrema derecha entró armado en la mezquita Al Noor de Christchurch y abrió fuego indiscriminadamente contra los feligreses reunidos en la oración del viernes, según testigos.

Mató al menos a 41 personas —en el interior habían más de 300—. Llevaba cinco armas. El atacante lo retransmitió en directo por las redes sociales a través de una cámara que llevaba sujeta a su cuerpo. En el vídeo dice llamarse Brenton Tarrant. Poco después de esta matanza, otras siete personas fueron asesinadas a tiros en la mezquita de Linwood, a cinco kilómetros de la primera. Las autoridades no han confirmado si la misma persona ejecutó los dos ataques, que dejaron también más de 40 heridos, dos de ellos en estado crítico. Una última víctima falleció en el hospital. 

(Video de la noticia del ataque terrorista: https://www.youtube.com/watch?time_continue=175&v=6XcaPITNgEA. El País.com)

Tres personas fueron detenidas tras el ataque, Tarrant, al que agentes de la policía detuvieron tras una persecución en coche, compareció este sábado ante un tribunal y fue acusado de asesinato. El juez no permitió que se le viera el rostro al detenido. La próxima vista judicial fue fijada para el 5 de abril. El primer ministro australiano, Scott Morrison, le describió como un “terrorista extremista, de derechas y violento”.

Ninguno de los arrestados estaba vigilado, confirmó la primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern. Este uno de los debates abiertos este viernes en Nueva Zelanda: las voces críticas que acusan a la policía y las agencias de inteligencia de haberse concentrado solo en investigar posibles atentados islamistas e ignorar el crecimiento de la extrema derecha en el país. Christchurch se considera uno de los caldos de cultivo de los supremacistas.

Las investigaciones también se concentran en Dunedin donde residía el principal sospechoso. La policía cerró este viernes los accesos al centro de la ciudad, la tercera mayor del país, y pidió a la población que permaneciese en sus casas. El nivel de alerta máxima supuso el cierre de mezquitas, colegios y edificios públicos de Christchurch.

“Ha llegado la hora de cambiar nuestra legislación sobre la posesión de armas de fuego”, dijo Ardern. Tarrant obtuvo una licencia de posesión de armas de fuego en noviembre de 2017 y empezó a comprar armas en diciembre de ese mismo año.

Al menos tres de los muertos tienen pasaporte de Bangladés, según el consulado del país en Auckland. Cuando empezó el tiroteo, cerca de una veintena de miembros de la selección de críquet de Bangladés se encontraban en un autobús a 50 metros de la mezquita Al Noor. Estaba previsto que hoy disputasen un encuentro contra el equipo nacional neozelandés, que ha sido cancelado.

Ardern afirmó durante una comparecencia previa que entre las víctimas podría haber refugiados y migrantes. “Se trata de uno de los días más oscuros de la historia neozelandesa. Está claro que esto solo se puede describir como un ataque terrorista. Por lo que sabemos, estaba bien planeado”, declaró.

Inspiración

En el vídeo del ataque, de unos 17 minutos, se observa cómo el agresor, vestido con ropa militar, conduce hasta la primera mezquita, toma dos armas de su vehículo y con una de ellas, automática, dispara a quienes se encuentran en la calle y a la entrada del templo. Ya en el interior, vacía hasta tres cargadores. Cinco minutos más tarde, regresa a su coche y cambia de arma. Vuelve al templo y continúa la matanza. Tras alejarse con su vehículo, fue interceptado por los agentes. La policía de Nueva Zelanda actuó este viernes para que se elimine el vídeo de las redes sociales. Facebook, Twitter y YouTube anunciaron que lo estaban haciendo, aunque bastantes horas después del ataque aún era posible acceder, informó la agencia Reuters.

Tarrant es entrenador personal, según la prensa australiana. En una cuenta de Twitter, que fue eliminada, publicó un manifiesto en el que detalla los motivos que le llevaron a atentar y explica que se inspiró en Anders Behring Breivik, el noruego que en 2011 mató a 77 personas en Oslo y en la isla de Utoya. El de este viernes fue el atentado ultraderechista más letal desde el de Breivik.

En el manifiesto, titulado The Great Replacement (El gran reemplazo), se define como un “hombre blanco normal” que pretendía “cometer una barbarie para evitar otra mayor”, para “enseñar a los invasores que nuestras tierras nunca serán sus tierras, nuestra patria nunca será la suya, al menos hasta que el hombre blanco viva, y que nunca conquistarán nuestro país y nunca sustituirán a nuestra gente”. Cita también como inspiración la matanza de 2015 en una iglesia en Charleston (EE UU). Su autor, Dylann Roof, entonces de 21 años, mató a nueve negros con la intención de impulsar una guerra racial. En 2017 fue condenado a muerte.

Lo más difícil para los neozelandeses será digerir la pérdida de la inocencia que suponía creerse un país tranquilo y seguro donde nunca pasa nada. Como dijo la primera ministra Ardern, un país “donde no hay lugar para este tipo de ataques”. El sentimiento de apoyo a la comunidad musulmana continuaba este viernes inundando las redes sociales: “Ellos [las víctimas] son nosotros. Nosotros somos ellos”.