Bruselas / Washington. Tras una de las mayores matanzas que se recuerdan desde el principio de la primavera árabe, Europa solo ha sabido echar mano de una declaración de intenciones a favor de la calma y de rechazo a la violencia.

“Deploro la pérdida de vidas, heridos y daños registrados en El Cairo y otros lugares de Egipto. Llamo a las fuerzas de seguridad a ejercer la mayor contención y a todos los ciudadanos a evitar más provocaciones y una escalda de violencia”, dijo a través de un comunicado la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton. “La confrontación y la violencia no son el camino para resolver los asuntos políticos”, añadió.

Más rotundo fue el presidente del Parlamento Europeo, el alemán Martin Schulz, que aspira a convertirse en el candidato socialista a presidir la Comisión el próximo año, quien condenó “cualquier intervención violenta por parte de las fuerzas policiales contra los partidarios del expresidente Morsi”.

Varios países europeos —como Reino Unido, Francia y Alemania han mostrado su consternación por la violencia en Egipto. El Ministerio de Exteriores español recordó en un comunicado la necesidad de que “participen todas las fuerzas políticas y sociales en un diálogo nacional que haga posible el regreso de Egipto a la normalidad institucional”.

El secretario de Estado, John Kerry, en una inusual comparecencia, reiteró el desacuerdo de la Administración con la decisión de reinstaurar el Estado de emergencia y pidió a El Cairo que lo suspenda “cuanto antes”. En su intervención, Kerry hizo un llamamiento para resolver las diferencias desde la política. “El actual Gobierno interino y el Ejército son los únicos responsables de acabar con esta violencia y el resto de fuerzas políticas deben tratar de acercar posturas por la vía pacífica”, insistió el jefe de la Diplomacia estadounidense, quien defendió la necesidad de una transición democrática inclusiva. “La promesa de la revolución del 2011 no se ha materializado todavía”, advirtió Kerry.

Ni el secretario de Estado ni el portavoz de la Casa Blanca anunciaron medidas concretas por parte de EE UU en respuesta a la escalada de violencia en Egipto. El portavoz de la Casa Blanca ha reconocido que la Administración “revisará la ayuda a Egipto” en función de la evolución de los acontecimientos y “de lo que sea mejor para los intereses de EE UU”. El Departamento de Estado insistió en esa idea. "Estamos revisando nuestra relación con El Cairo continuamente, y eso incluye la ayuda", señaló su portavoz, Jen Psaki.

Kerry transmitió “su preocupación” por los últimos acontecimientos al actual ministro de Asuntos Exteriores de Egipto así como al ya ex vicepresidente del Gobierno interino, Mohamed el Baradei, con quien conversó después de que presentara su dimisión, según la portavoz del Departamento de Estado. “Con cada llamada, el secretario de Estado está tratando de reconducir la situación en el país y restaurar la democracia”, indicó Psaki

El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schluz, condenó “cualquier intervención violenta de las fuerzas policiales contra los partidarios de Morsi”

La Casa Blanca sí condenó abiertamente la violencia ejercida contra los manifestantes islamistas en Egipto y mostró su oposición a la declaración del estado de emergencia. En una rueda de prensa en Martha’s Vineyard, donde el presidente de EE UU, Barack Obama, está pasando unos días de descanso, el portavoz de la presidencia, Josh Earnest, instó a los responsables del Ejército egipcio a que respeten los derechos humanos de sus ciudadanos y advirtió de que esta espiral de violencia "dificulta el camino hacia la estabilidad".

Earnest insistió en que la Administración Obama ha transmitido a los responsables del Gobierno interino, con los que, aseguró, mantiene un contacto permanente, “su preocupación” por los últimos acontecimientos y que su actitud no se corresponde con “su compromiso de respetar las libertades públicas y liderar un proceso de transición democrática inclusivo”.

La Administración Obama se ha resistido hasta el momento a calificar la salida forzosa del poder de Mohamed Morsi, impuesta por el Ejército egipcio, como un golpe de Estado para salvaguardar la ayuda económica y militar de 1.500 millones de dólares que Washington envía a El Cairo cada año. La ambigüedad con la que la Casa Blanca ha reaccionado a la escalada de violencia en Egipto ha sido criticada por varios miembros del Congreso, entre ellos el senador republicano John McCain, que la semana pasada viajó al país norteafricano, para tratar de mediar en el conflicto. McCain ha advertido de que si el actual Gobierno desoye la llamada a la moderación de EE UU y continúa hostigando a la oposición, el Congreso deberá replantearse el envío de ayuda a Egipto. El portavoz de la Casa Blanca reconoció ayer que la Administración "revisará la ayuda a Egipto" en función de la evolución de los acontecimientos.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban ki-moon, condenó con dureza los hechos en un comunicado en el que lamentaba que “las autoridades egipcias eligieran usar la fuerza para responder a las manifestaciones”.

El Gobierno de Turquía fue el más contundente en su reacción ante la violencia en Egipto. Según un comunicado de la oficina del primer ministro, el islamista moderado Recep Tayyip Erdogan: “la comunidad internacional, encabezada por el Consejo de Seguridad de la ONU y por la Liga Árabe, debe pasar inmediatamente a la acción para que cesen las matanzas”. El presidente de Turquía, Abdulá Gül, calificó también de “inaceptable” la “intervención armada contra civiles que se manifiestan” en El Cairo, en referencia a los partidarios del depuesto presidente Mohamed Morsi. “Egipto se dirige hacia el caos, hacia un callejón sin salida”, dijo Gül a la prensa en el aeropuerto de Estambul.