Bajo presión, el presidente Donald Trump se vio forzado a denunciar la violencia racista. “El racismo es el mal” dijo el republicano y mantuvo reuniones con el fiscal general estadounidense, Jeff Sessions y el director del FBI, Christopher Wray. Sessions dijo ayer que el ataque perpetrado el sábado pasado en la ciudad de Charlottesville, donde un joven neonazi atropelló con su auto a un grupo de antirracistas, matando a una persona e hiriendo a varias, debe ser considerado “terrorismo doméstico”.

“El horrendo ataque cumple la definición de terrorismo doméstico en nuestro estatuto”, afirmó Sessions en una entrevista en la cadena ABC, después de que su Departamento anunciara el fin de semana que abrió una investigación de derechos civiles sobre el suceso. Si bien la importancia de que el ataque se declare “terrorismo doméstico” es más simbólica que práctica, constituye una respuesta política para quienes denuncian que solo se usa esta palabra cuando el atacante es un musulmán.

Bajo la Ley Patriota (Patriot Act) ) aprobada tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, una violación de las leyes estatales o federales se encuadra en el delito de “terrorismo doméstico” cuando se efectúa, entre otras cosas, para “intimidar o coaccionar a una población civil”, por lo que el atacante, James Alex Fields, de 20 años, puede ser juzgado bajo esa modalidad. Fields, acusado de haber embestido intencionalmente con su auto a un grupo de manifestantes el fin de semana era descrito ayer como un hombre tranquilo, que defendía desde hace años posiciones radicales.

Un juez de Estados Unidos le negó la libertad bajo fianza a Fields, quien enfrenta cargos de asesinato en segundo grado por la muerte de una mujer de 32 años el sábado, cuando él estrelló su Dodge Challenger contra una multitud que se oponía a una marcha de supremacistas blancos en la ciudad de Charlottesville, Virginia . El atacante fue arrestado y compareció ayer en los tribunales.

La reticencia del presidente Donald Trump a criticar a los grupos de ultraderecha y calificar el hecho como “terrorista”, le granjeó críticas desde todo el arco político, incluso por parte de miembros del Partido Republicano, entre ellos el senador republicano Ted Cruz, quien llamó a denominarlo “terrorismo doméstico”.

Trump, en el centro de la polémica por su tibia reacción al ataque de supremacistas blancos en Charlottesville, condenó enfáticamente ayer el racismo, tildando de “repugnantes” a los grupos neonazis y al Ku Klux Klan (KKK). “El racismo es el mal”, dijo el mandatario desde la Casa Blanca. “Y los que causan violencia en su nombre son criminales y matones, incluyendo el KKK, los neonazis, los supremacistas blancos y otros grupos de odio que son repugnantes a todo lo que queremos como estadounidenses”, añadió.

Acusado por demócratas y republicanos de indulgencia hacia la extrema derecha luego de los disturbios registrados en el estado de Virginia, que dejaron un muerto y 19 heridos, Trump prometió “justicia”. “A cualquiera que haya actuado criminalmente en la violencia racista de este fin de semana, se lo hará plenamente responsable. Se hará justicia”, afirmó el mandatario, tras viajar a Washington en un alto en sus vacaciones para analizar el tema con el fiscal general Sessions y el director del FBI, Christopher Wray.

Hasta ahora, Trump no había condenado directamente a los militantes de extrema derecha por los hechos de Charlottesville, algunos de los cuales llevaban gorros o camisetas con la imagen del magnate. La controversia en torno a Trump motivó ayer la renuncia de un destacado ejecutivo afrodescendiente a su puesto de asesor económico del presidente.

“Los líderes de Estados Unidos deben honrar nuestros valores fundamentales al rechazar claramente las expresiones de odio, intolerancia y supremacía, que van en contra del ideal estadounidense de que todas las personas son creadas iguales”, dijo Kenneth Frazier, CEO del gigante farmacéutico estadounidense Merck, al anunciar su dimisión.

En un intento por poner paños fríos a un nuevo frente de tormenta para la administración Trump, desde Colombia, el vicepresidente estadounidense Mike Pence (ver aparte), definió el ataque de Charlottesville como una “tragedia” que no refleja el pensamiento de su país y agregó que”no se puede tolerar el odio, la violencia de grupos neonazis, supremacistas blancos o del Ku Klux Klan”.

Pence insistió en que “lo que sucedió allí no refleja lo que piensa el pueblo de Charlottesville, o los Estados Unidos en general”, y recordó que el presidente “condenó lo sucedido de forma muy clara”. “El odio y la intransigencia que se vieron en las calles de Charlottesville no serán aceptados”, enfatizó. “Estos grupos extremistas peligrosos no tienen lugar en nuestro debate político y los condenamos de la manera más contundente”, afirmó Pence. Igualmente, citó a Trump para destacar la necesidad de que los extremistas “sean relegados y para que la mayoría de los estadounidenses que aman la libertad y la justicia para todos se unan” en torno a ese propósito.

El sábado, miles de neonazis se habían convocado en el centro de Charlottesville para “unir la derecha” en torno a una protesta contra la retirada de una estatua en esa ciudad del general confederado Robert E. Lee, considerado un símbolo de la defensa de la esclavitud y el racismo que marcó la historia de Estados Unidos, aún presente hoy.

Poco después, el demócrata Mike Signer, alcalde de Charlottesville, fue el primer político relevante en condenar el hecho como un “acto de terrorismo en el que se usó un vehículo como arma”, en una entrevista concedida ayer a la cadena de noticias NBC. “Corresponde al presidente Trump decir que ya basta”, interpeló Signer y vinculó el atentado con la campaña electoral del republicano el año pasado, una de las más abiertamente agresivas de los últimos años. “Miren la campaña electoral que llevó a cabo”, destacó Signer antes de llamar a Trump a terminar con la creciente polarización política y la agresividad con la que se traduce en las calles.

Además de las declaraciones xenófobas que marcaron su campaña presidencial, Trump materializó ese discurso con designaciones específicas de personas vinculadas con sectores supremacistas blancos, principalmente su asesor especial Stephen Bannon y su fiscal general y secretario de Justicia, Jeff Sessions.