Francisco Peregil (envido especial a Tripoli)

El día de mañana, cuando el actual presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro británico, David Cameron, sopesen la opción de escribir sus memorias, tal vez tengan muy presente la mañana soleada en que pisaron una Trípoli sin rastro de Gadafi.

Sarkozy fue, en marzo, el primer dirigente que reconoció a los rebeldes como representantes de la nueva Libia y el primero también en promover la intervención de la OTAN para impedir que las tropas de Gadafi masacraran la ciudad rebelde de Bengasi. Cameron se sumó pronto a la iniciativa y desplegó un gran apoyo militar dentro de la OTAN. Ayer, ambos trajeron la promesa de que seguirán apoyando económica, política y militarmente al Consejo Nacional de Transición y se llevaron la promesa de que serán recompensados.

El mapa de las relaciones internacionales se está recomponiendo en el mundo árabe y ambos dirigentes no quisieron desaprovechar la oportunidad de anticiparse por un día al primer ministro Recep Tayyip Erdogan, cuya llegada en su gira por tres de los países de la primavera árabe -Egipto, Túnez y Libia- estaba prevista para hoy. Después de visitar un hospital y de reunirse con los representantes del Consejo, Sarkozy y Cameron comparecieron ante la prensa flanqueando al presidente del Gobierno interino, Mustafá Abdel Yalil, y al primer ministro, Mahmud Yibril.

Sarkozy recalcó que la ayuda de Francia fue absolutamente desinteresada. "Nunca hubo un preacuerdo. Lo que hicimos se hizo sin ninguna intención oculta", señaló. De forma inmediata, el presidente interino de Libia, Mustafá Abdel Yalil, declaró: "Nunca olvidaré el 19 de marzo, cuando la comunidad internacional decidió apoyar militarmente al pueblo libio.

Y Francia estuvo entonces en primera línea". Refiriéndose ya a los dos países, Abdel Yalil añadió: "Como buenos musulmanes creyentes, nosotros sabremos agradecer sus esfuerzos y ellos tendrán prioridad dentro de un marco de preferencia".

Lo que Cameron y Sarkozy pudieron apreciar ayer en Libia fue algo que, salvando las distancias, puede sentir estos días cualquier occidental en Trípoli: a veces los traductores no quieren cobrar dinero por el trabajo que prestan, simplemente, como signo de agradecimiento.

Los soldados en los puestos de controles, los dependientes en los supermercados, los camareros y cualquier viandante asocian al extranjero con la llegada de la libertad. Y saben que muchos de ellos habrían muerto si no hubiera sido por la intervención de Sarkozy y Cameron.

El primer ministro británico reconoció en Trípoli sentirse impresionado por todo lo que había visto. "Es grandioso estar en la Libia libre", dijo Cameron. "El hecho de que las carreteras estén llenas de tráfico, que corra el agua y que los hospitales funcionen, eso es impresionante. Pero... Gadafi está aún suelto", advirtió en conferencia de prensa. "Tenemos que mantener la misión de la OTAN hasta que la población civil se encuentre a salvo y se concluya este trabajo. Os ayudaremos a encontrar a Gadafi y traerlo ante la justicia, y os ayudaremos a sacar las armas peligrosas como las minas y los misiles tierra aire fuera de Libia".

Prueba de que la guerra no ha terminado fue la manera sorpresiva en la que se organizó el viaje. Un equipo de 150 agentes franceses llegó a la capital un día antes que los mandatarios para organizar la seguridad de la visita. Desde la guerra, nunca se habían visto en Trípoli tantas calles cortadas y tantas medidas de seguridad.

Como si fuese un indicio del importante papel que desempeñará Francia en el futuro de Libia, ayer eran los policías franceses quienes se encargaban de la vigilancia en el hotel donde se celebró la conferencia. Pero Sarkozy quiso despejar cualquier sospecha sobre la posible injerencia en los asuntos libios: "Esta revolución ha sido vuestra, solo vuestra. Y son los libios quienes tienen que elegir a sus líderes". También hizo un llamamiento para que se dejasen a un lado cualquier sentimiento de revancha y pidió que todos los detenidos fuesen llevados ante la ley.

En cuanto concluyeron la conferencia de prensa, Sarkozy y Cameron se fueron a toda prisa en un convoy de todoterrenos blindados sin pisar la famosa Plaza Verde -también llamada de Los Mártires-. El frente de guerra de Bani Walid queda solo a 170 kilómetros y las declaraciones de Gadafi en un canal sirio diciendo que volverá a retomar Trípoli son constantes.

En Bengasi, mil kilómetros al este de Trípoli, la seguridad es mucho mayor. Allí, ante el mismo tribunal donde se inició la revuelta hace seis meses, ante miles de personas que ondeaban banderas de Francia y Reino Unido, Cameron dijo: "Gadafi dijo que vosotros erais ratas, pero habéis demostrado tener el coraje de los leones". Sin embargo, fue Sarkozy el que se llevó los mayores aplausos con su mera presencia.