Muy importante es advertir al lector, que las conexiones entre la economía y la política son múltiples y con frecuencia inextricables; aunque por complicadas que sean dichas conexiones, la ciencia social las logra explicar con relativa claridad.

La primera y más importante de estas conexiones pienso que consiste en que, aun cuando el modelo intervencionista del estado, fundamentalmente impulsado por Liberación Nacional, logró una cierta diversificación de la economía, sobre todo al haber estimulado la creación de una “industria interna”, y propició a la vez con ello un sector de servicios, favorecido este último por la ampliación del mercado interno, no evitó como se ha explicado antes, la concentración del ingreso. Esta concentración se condensó en el sector agroexportador hasta 1949, ya que siempre tuvo la hegemonía en la economía nacional, implantando el monocultivo cafetalero. Sin embargo, a partir de 1949 y sobre todo desde 1953, fue perdiendo relevancia frente al capital industrial y poco después ante el sector de los servicios o comercial. A la “industria interna” no le quito las comillas, por cuanto como creo haberlo dejado claro y está bien estudiado por nuestros investigadores sociales, el componente nacional fue sobre todo en su acabado o, dicho de otro modo, en la parte final del proceso productivo. Ello es derivado del hecho de que el capital más sólido invertido en nuestra industria fue el extranjero, en mayor medida proveniente de la inversión de capital estadounidense. Por eso, algunos la han denominado como “industrias de acabado” o de “toque final”. Una buena parte del proceso productivo se realizaba (y se realiza todavía) fuera de los países del Mercado Común Centroamericano.

El sector “terciario” comercial o de servicios, pudo desarrollarse a su vez, merced al aumento del poder adquisitivo de la clase media, prohijada sobre todo por el rápido crecimiento del sector estatal; aunque también, si bien en menor medida, por la masa salarial laboral que se desarrolló en la industria. El modelo llevaba enclavado en su propio seno una tendencia inflacionaria, desestabilizadora de la economía (crecimiento de los precios), en virtud de que la masa de los salarios que entraba mes a mes a la circulación de la economía provocaba una acelerada rotación de la masa monetaria. Como resulta obvio, ello fue debido a este crecimiento del poder adquisitivo en el seno las capas medias y altas de la población. Dicho de otro modo, la economía generó por mucho tiempo, la elevación de la demanda interna de bienes y servicios, mientras la producción, aunque aumentaba, por lo general lo hacía más lentamente.

Lo descrito en el párrafo anterior, dio lugar a las primeras críticas del modelo, por parte de los investigadores, en especial economistas y sociólogos. Estos criticaban que había una falla estructural en la economía, debida a la alta rotación de la circulación monetaria con insuficiente respaldo en la producción interna; a partir de allí se generó primero, la incapacidad política para abrir una ruta de verdadera independencia económica respecto del capital estadounidense y europeo, segundo, la creación de una burocracia estatal que, lejos de contribuir a una mayor eficiencia de la economía había creado más bien un enorme aparato burocrático-administrativo, catalogado por muchos como “parasitario” de la producción, y en tercer lugar, se produjo una alta corrupción, sobre todo en los sectores cúpula en el gobierno y también en determinados sectores productivos, los que comenzaron a acumular recursos monetarios también por una vía extraeconómica. Hoy padecemos todavía este flagelo, el cual claramente ha aumentado, como es evidente, con el transcurso del tiempo.

El PLN, por ser el creador de este modelo dominante hasta finales de los ochenta del siglo anterior y también por la corrupción que se apoderó de ciertos grupos dirigentes, se hizo acreedor de las principales críticas que acabamos de dejar planteadas, y esto fue lo que erosionó su base de apoyo específicamente en las elecciones de 1978, capitalizadas por una heterogénea oposición que llevó a la presidencia a Rodrigo Carazo Odio. “La Coalición Opositora” como la hemos llamado, montó su estrategia electoral en gran parte, sobre la base de la crítica del “Estado Empresario”, y muy particularmente debido a la corrupción generada por las empresas estatales de CODESA. Así, una estrategia, la del “Estado Empresario”, que pudo haber tenido más éxito desarrollando empresas en competencia con el capital extranjero, para después venderlas al sector productivo privado costarricense, como lo había propuesto inicialmente el Expresidente Oduber Quirós, vio abruptamente cercenadas sus posibilidades. Adelanto que, este modelo comenzó a declinar durante el gobierno Carazo Odio, para ser finalmente “decapitado”, por paradójico que parezca por ser un conspicuo liberacionista, en la administración Monge Álvarez (1982-1986).

Después de la “hecatombe económica” del sistema capitalista internacional en esta coyuntura entre fines de la década setenta e inicios de la del ochenta, una crisis que fue concatenada y simultánea en todas las principales economías capitalistas del orbe, que se mantenían bajo la égida de los gobiernos de los Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia, tanto el Fondo Monetario Internacional en lo financiero como el Banco Mundial en lo estructural, impusieron su modelo en todo el mundo. En especial se lo implantaron a los países subdesarrollados con los que, el Banco Mundial de común acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, negoció empréstitos con los países subdesarrollados, ya que estaban ávidos de recursos financieros; pero, como se ha dicho, tales recursos quedaron condicionados a la aceptación por parte de lo países de unos restrictivos “programas de ajuste estructural”. Tales “negociaciones” conllevaban a un “achicamiento” de las maquinarias estatales, cuando no a su aniquilamiento. Luis Alberto Monge, que no era de tradición neoliberal, pero sí era un político pragmático, negoció el “achicamiento” del Estado costarricense, al consolidar el desmantelamiento del “Estado Empresario”. De esta manera, se congració con los diversos sectores cúpula del empresariado, que a estas alturas estaban poseídos por la convicción ideológica de que el estado grande era su enemigo, ya que drenaba las posibilidades de reproducir el capital, por los altos costos de producción que acarreaba. Por añadidura, en virtud de la alianza de ese gobierno con la estrategia de los Estados Unidos frente a la guerra en Centroamérica, recibió como premio, millones de dólares en calidad de “ayuda internacional”.

Como contrapartida, Rodrigo Carazo que, como se recordará había salido de las filas del PLN, durante su administración se convirtió en el líder del empresariado neoliberal -sin participar él mismo tampoco de esa ideología- cuyo sector dirigente se congregó mayoritariamente en la “Coalición de la Unidad Socialcristiana”. Sin embargo, Carazo no sucumbió a la presión del FMI logrando postergar una negociación que implicaba trastocar no solo el “Estado Empresario”, sino ya el propio “Estado Social de Derecho.” En su gobierno el FMI fue expulsado del país, alegando intentos de los personeros del “Fondo” de violar la soberanía Nacional. La devaluación que sobrevino en setiembre de 1980, apoyada por la Asamblea Legislativa, aunque atendió tardíamente la solicitud del presidente Carazo, avocó al país a una crisis sin precedentes: se produjo en efecto, carestía de alimentos básicos, escasez de combustibles, y contracción de la producción en general. Entonces sí, el bloque de fuerzas económicas dominante rompe con el expresidente sumiendo al gobierno en un grave aislamiento social. Carazo no pudo siquiera darle cima a su proyecto de política social, que entrañaba entre otras cosas el impulso al modelo de cooperativas de autogestión. Las cooperativas autogestionarias se comenzaron a desarrollar, empero, como todo lo demás en lo social, se vieron fuertemente limitadas en sus objetivos y alcances.

Es importante señalar que, en este segundo subperiodo, aparece una nueva coalición de fuerzas, conformada por lo que se ha conocido como la izquierda costarricense. Dicha coalición estuvo conformada en lo político por el Partido Vanguardia Popular, el Partido Socialista Costarricense y el Movimiento Revolucionario del Pueblo. En lo social agrupó sectores obreros del sector agrícola, otros trabajadores asalariados del campo y la ciudad, un sector del campesinado sin tierra y otro un poco más débil entre los pequeños y medianos productores. Además, fue significativo el apoyo de sectores intelectuales y profesionales, estudiantes y empleados públicos, sobre todo los más afines a las luchas sindicales. Esta “Coalición de Izquierda” eligió en esta ocasión tres diputados a la Asamblea Legislativa, que ejercían una oposición al gobierno muy beligerante. Cabe mencionar por otra parte al Frente Popular, un grupo de izquierda más moderado, que pretendía un desarrollo equidistante entre el capitalismo y el bloque de países socialistas. Este grupo eligió un diputado a la Asamblea Legislativa.

3.Tercer subperiodo. El tercer subperiodo se extiende de 1982 a 1990. Se caracteriza por una nueva hegemonía del PLN en la conducción del Estado por ocho años consecutivos; en el primer cuatrienio gobernó Luis Alberto Monge Álvarez y en el segundo lo hizo Oscar Arias Sánchez. Desde mi óptica, ya no puede seguir hablándose de una continuidad del modelo que había prohijado la coalición dominante a partir del año 1953. Porque, aunque durante los diferentes gobiernos liberacionistas hubo ciertas modificaciones al modelo del “Estado Interventor”, y al impulso de la industrialización, la nota predominante de dicha “coalición”, estuvo guiada por este eje conductor. En cambio, en las administraciones de Monge Álvarez y Arias Sánchez no sería así.

A partir de las administraciones 1982-1986 y 1986-1990, es necesario hablar de un nuevo modelo que impulsa la “Coalición Dominante”, caracterizado sobre todo por su acento en fortalecer la diversificación de la producción y del mercado externo, tanto en el sentido de estimular nuevos productos de exportación con mayor valor agregado nacional (flores y frutos principalmente), como en cuanto a dirigir las nuevas exportaciones a terceros mercados, con el fin de no depender tanto del mercado de los Estados Unidos, para evitar el grave riesgo de una nueva oleada de crisis de la economía internacional, ante la cual el país continuara careciendo de un mayor margen de flexibilidad.

Estos cambios en la estrategia de desarrollo implicaron modificaciones importantes en las fuerzas sociales que agrupó el PLN. Ya el norte no fue (no al menos con el mismo acento), el apuntalamiento del Estado, ni tampoco la industrialización sustitutiva de las importaciones, tampoco se apostó a mantener la preeminencia del café y el banano en la producción interna, sino, como se dijo, el fortalecimiento de la diversificación de la producción y las exportaciones a terceros mercados. (Continuará)

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