Circulación masiva de vehículos, aglomeraciones, reuniones presenciales generan una tendencia a la expansión del virus.

Ante las cifras cada vez más alarmantes de hospitalizaciones y muertes por Covid-19, el gobierno dio un paso atrás a las restricciones vehiculares del fin de semana, que hacía poco había eliminado, y restableció el horario nocturno de circulación de 9:00 de la noche a 5:00 de la mañana.

La decisión la adoptó luego de que los directores de 40 hospitales de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) hicieran un vehemente llamado a adoptar medidas que permitan contener la ola de contagios que parece conducir “al peor escenario” de los 17 meses que lleva la pandemia.

El pedido de los médicos encuentra pleno respaldo en las cifras de la última semana: 17.667 nuevos casos (aumento del 6,4%); 187 fallecimientos (aumento del 37,5%) y una cifra sin precedentes de hospitalizados: 1.343 el martes, de ellos casi 500 en cuidados intensivos.

A lo anterior se suma una carga de trabajo insoportable para el personal de salud; aumento de incapacidades por agotamiento o por contagio de la enfermedad.

Las autoridades echaron atrás con las medidas de restricción que habían eliminado, pero los profesionales en salud consideran que esto no es suficiente para afrontar la crisis hospitalaria y el terrible costo en vidas humanas que está viviendo el país.

Estas tímidas disposiciones, sin embargo, levantaron una ola de protestas en el sector empresarial, que expresó “su total rechazo” y exigió seguir el proceso de apertura en nombre de la economía.

«La situación de los contagios debe atenderse en el origen, es decir, deben ejecutarse acciones para controlar las actividades clandestinas y enfatizar en la adecuada conducta de los ciudadanos, así como acelerar el proceso de vacunación; todo lo anterior va en sentido contrario a lo que ha anunciado hoy el Gobierno”, afirmó el presidente de la Cámara de Industrias, Enrique Egloff.

Según el dirigente empresarial, “el Gobierno simplemente no entiende lo que está enfrentando el país, el alto nivel de desempleo, la mayor cantidad de costarricenses en pobreza y cómo se han ido deteriorando las condiciones para que el sector productivo pueda operar, generar empleo, aportar a la seguridad social y pagar impuestos para financiar al Gobierno».

A las palabra de Egloff se unieron representantes de la Cámara de Hoteles y Restaurantes, de la Cámara de Turismo y otros gremios empresariales.

La presunción de que los contagios ocurren únicamente en fiestas clandestinas carece de sustento, de acuerdo con los expertos epidemiólogos. La realidad es que el virus está circulando en todas partes y la gente se contagia en los trabajos, en las escuelas, en los comercios y también en las fiestas privadas.

Dejar las políticas de salud pública a merced de la conducta voluntariosa de la población, como piden los empresarios, es igualmente una ficción engañosa porque la conducta de los ciudadanos está seriamente influida por las señales que emite el gobierno. La eliminación de restricciones y las aperturas comunican a la gente que el peligro está pasando y que ya no hay que cuidarse. Para modificar estas reacciones se necesitarían varias décadas de educación y disciplina.

Así que el gobierno busca inútilmente un punto medio que satisfaga a los empresarios y que sea eficiente en reducir los estragos de la pandemia. Pero este punto medio ya no parece posible, no en los niveles de contagio que enfrenta el país, con una variante del virus mucho más contagiosa y agresiva como es la llamada “delta”.

Por otra parte, la vacunación va al ritmo que puede ir. El personal de la CCSS está haciendo grandes esfuerzos por acelerar el proceso, pero no es aconsejable pasar esas responsabilidad a una serie de establecimientos del sector privado, como proponen los empresarios, sin un estudio previo de la idoneidad del personal y los equipos con que cuentan.

El presidente Carlos Alvarado debería decidirse a adoptar medidas más drásticas para detener la pandemia. La afluencia de niños a las escuelas no es apropiada en este momento; la apertura de estadios tampoco, aunque sea con aforos; las reuniones y celebraciones públicas no son aconsejables.

Al cabo, si la pandemia sigue expandiéndose, la economía también se verá afectada por esa razón y el gobierno no quedará bien ni con Dios ni con el diablo.