París. “Europa es paradójica, sigue siendo la primera potencia comercial pero parece en declive, en letargo. La recesión, provocada por las políticas de austeridad, amenaza la identidad de la Unión. Si Europa no avanza, se borrará del mapa del mundo y del imaginario colectivo. No se trata de ser conservadores o progresistas, sino de superar los egoísmos nacionales y de salvar el proyecto. Es hora de dar un nuevo impulso a Europa, y mi deber es liderar ese reto”, dijo ayer François Hollande, al cumplir su primer año de mandato.

El presidente francés anunció “una ofensiva para sacar a Europa de su apatía”, y ofreció a Alemania un acuerdo para progresar hacia la unión económica y política, que culminaría, dijo, en doce años, “sea cual sea el Gobierno”. Hollande enunció sus propuestas en cuatro puntos:

1. Instaurar un Gobierno económico de la zona euro que se reúna todos los meses, con un “verdadero presidente”, de larga duración, y que se ocupe de armonizar la fiscalidad, la convergencia social y de poner en marcha un plan de lucha contra el fraude fiscal.

2. Aprobar un plan de futuro para la inserción laboral de los jóvenes. Empezaría desbloqueando 6.000 millones para el desempleo y diseñaría una nueva estrategia industrial.

3. Avanzar hacia la Comunidad Económica de la Energía para asegurar la transición energética.

4. Nueva etapa de integración. Hollande quiere que la zona euro tenga un presupuesto propio, y propone un calendario de doce años que culminaría en la unión política y la mutualización de las deudas. “Sé qué es difícil, pero si Alemania quiere la unión política, Francia está dispuesta”, declaró.

Ante 400 periodistas, y con los 37 miembros de su Gobierno sentados en un costado del inmenso salón de festejos del Elíseo, Hollande pronunció seguramente el discurso más convincente desde que llegó al poder hace un año. Tratando de devolver la moral a los desencantados franceses, el presidente habló con una mezcla de seguridad y buen humor de todos los temas posibles durante dos horas y 45 minutos, y respondió a docenas de preguntas de la prensa nacional e internacional.

¿Es Francia todavía un gran país, puede mantener su modelo social, seguir siendo igualitario y justo, y liderar el “apático” proyecto europeo?, se preguntó Hollande. “Sí”, se respondió, “tenemos los medios para estar al nivel más alto, cumplir nuestra misión educativa, cambiar nuestro modelo de producción y hacer la mutación ecológica. Podremos mantener el modelo social si lo renovamos y lo hacemos más justo, y lo que en ningún caso haremos será una demolición”, advirtió. “Somos el país más joven de Europa por demografía, y si damos su sitio a las nuevas generaciones, también a las de la periferia, tendremos éxito”.

“No será fácil y no será mañana”, añadió, admitiendo que la recesión y el desempleo son peores que hace un año y que su popularidad está bajo mínimos —“en su cénit”, bromeó—. Hollande espera ser “juzgado por los hechos, no por los sondeos”, y recuerda que le ha tocado “ser presidente en el peor momento”. Pero niega las acusaciones de indecisión y asegura que en su primer año “no ha dejado de decidir y tomar la iniciativa”.

La relación con Alemania marcó las líneas más duras del discurso. Hollande apuntó que el poderoso vecino ha sufrido una recesión más profunda que Francia en el último semestre, dijo que Francia no puede esperar a que haya “una alternancia \[en Berlín\] para cambiar Europa”, y se mostró convencido de que alcanzará acuerdos con la canciller Angela Merkel antes de las elecciones alemanas. “Francia y Alemania tienen visiones diferentes pero están obligadas a llegar a acuerdos y compromisos. Merkel sabe bien que debemos avanzar. Si fracasa la idea de Europa, Francia y Alemania estarían entre los más perjudicados”.

Preguntado por un periodista alemán sobre la intransigencia egoísta de Merkel, dijo: “Es un debate que existe desde el primer día de mi mandato. Yo asumo la idea de mejorar la competitividad, pero hace falta también más suavidad. El proyecto europeo no es solo el déficit”.

Tras defender las reformas realizadas, y presumir de la “seriedad presupuestaria” de su Gobierno —aunque Bruselas ha decidido dar dos años más a Francia para llegar al 3% de déficit—, Hollande se comprometió a seguir reformando como exigen Berlín y Bruselas. Pero a su manera. Las pensiones — “si vivimos más tiempo es lógico que trabajemos más”, dijo—, la competitividad y el sistema de formación profesional y de protección del desempleo se retocarán mediante el diálogo con los agentes sociales.

Pese a las malísimas previsiones, Hollande reiteró que su objetivo sigue siendo invertir la curva del desempleo antes de final de año, y anunció un plan de inversiones a 10 años para crear empleo en cuatro sectores: el digital, la energía, la sanidad y las infraestructuras de transporte. “Hará falta más imaginación para encontrar el dinero”, señaló, citando los créditos europeos, las libretas de ahorro, las cesiones de participaciones estatales en empresas públicas y los fondos de inversión extranjeros.

Preguntado por una posible crisis de Gobierno, el presidente se mostró enigmático: “Es posible, pero ahora no”. Y se despidió con otra de sus bromas: “Hasta dentro de seis meses, aquí o en la calle”.