Foto: David Madariaga habría muerto el 14 de julio de 1995; pero fue encontrado después de una ardua búsqueda, hasta el mes siguiente. Fue una muerte sumergida en sombras de anonimato, un asesinato hasta hoy impune. 

En un comunicado con fecha de 4 de agosto de 1995, confirmábamos la muerte del poeta, ecologista y luchador social David Maradiaga, de 27 años  -con David cofundamos al inicio de la década de los noventas el Programa de Juventud de Asociación Ecologista Costarricense (AECO) y cuando lo asesinaron era responsable del aérea de comunicación- tras una misteriosa desaparición.David habría muerto el 14 de julio de 1995; pero fue encontrado hasta el mes siguiente. Supuestamente recogieron su cuerpo sin identificar en el parque Los Mangos, en Zapote. Fue una muerte sumergida en sombras de anonimato, un asesinato hasta hoy impune. 

La muerte de David ocurrió siete meses después de la muerte de la compañera María del Mar Cordero y los compañeros Óscar Fallas Baldí y Javier Bustamante en circunstancias aún no aclaradas por las autoridades.

El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) informó que el cuerpo de David había ingresado a la morgue judicial hacía tres semanas. Uno de los aspectos oscuros es el hecho de que familiares, compañeros de AECO y hasta el investigador asignado del OIJ habían visitado hospitales, comisarías y la morgue en más de una ocasión y no se les informó de la presencia del cuerpo. Supuestamente un funcionario de la morgue lo identificó por casualidad.

David Maradiaga nació en Managua, Nicaragua, en 1968. Vivió y estudió en Costa Rica, donde obtuvo el grado de bibliotecólogo en la Universidad Nacional (UNA). Se unió a la AECO alrededor de 1990, en la cual participó, entre muchas otras, en la campaña contra la Ston Forestal y en inicio de la lucha contra de Placer Dome, y su proyecto de minería a cielo abierto en Crucitas.

David fue nuestro cuarto compañero de AECO en morir en circunstancias oscuras ese año de 1995. Hasta la fecha no se sabe qué pasó la noche del 14 de julio de 1995, con quién estuvo, quién lo vio por última vez, ni quién fue responsable por su muerte.

Lo que si sabemos y sentimos es su presencia y su paso de animal lluvioso. Lo recordaremos y vivirá siempre en nuestras luchas. Presente en muchas formas y momentos. La fuerza de su poesía, la sensibilidad que permanece y sigue creciendo. Amor y rabia.

(*Alvarez Mora es ecologista y docente universitario)

Presidente de FECON y profesor en la Universidad de Costa Rica.
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