Al acto de inauguración fueron invitadas cerca de 500 personas, entre autoridades de los poderes de la República, del Instituto Costarricense de Electricidad y de la comunidad de Siquirres donde fue construida la enorme represa, a un costo cercano a los 1.400 millones de dólares.

El presidente Solís destacó el valioso aporte que esta obra hace al país en diferentes ámbitos: “Es una obra colosal por sus dimensiones, pero también por los objetivos que persigue”, señaló el mandatario.

Destacó que la hidroeléctrica Reventazón es una obra que se inserta en la visión de desarrollo a la que Costa Rica se ha adherido desde hace muchos años, una visión que entiende el progreso económico en armonía con lo social y ambiental.

También puso de relieve el beneficio que la obra ha tenido para la comunidad de Siquirres de Limón, porque le ha inyectado dinamismo económico y social a una de las zonas más deprimidas del país.

Asimismo, el presidente dijo que la excavaciones arqueológicas realizada durante el proceso de construcción de la obra constituyen un aporte muy significativo al conocimiento  de “nuestro pasado aborigen”, pues ha permitido determinar que en esa zona del país existieron culturas cuya antigüedad  se remonta a los 12.000 años.

La obra

La planta inaugurada este viernes podrá generar hasta 305 megavatios, suficiente electricidad para alumbrar y mover 525.000 hogares costarricenses, aproximadamente la mitad de la población del país.

Al potencial total  instalado por el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) para la generación de energías limpias aporta un 12% y es, en muchos sentidos, el desafío más grande y complejo que se ha planteado la institución en sus 67 años de existencia.

La construcción requirió un complejo proceso de diseño, planificación y ejecución, que puso a prueba toda la capacidad técnica y de gestión del ICE y del país. (Ver más detalles en    ).

De hecho, se considera que es la plata hidroeléctrica más grande de Centroamérica en cuanto a capacidad de generación, pero es también la obra de infraestructura más grande de la región, después del Canal de Panamá.