En su mensaje, el Papa no ha hecho referencia a la vida de estos beatos o a la Guerra Civil española, sino que ha reflexionado únicamente sobre el sentido de ser mártir y ha añadido que "siempre hay que morir un poco para salir de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, de nuestro bienestar, de nuestra pereza, de nuestras tristezas, y abrirnos a Dios, a los demás, especialmente a los que más necesitan".

En su homilía, según informó EFE, el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, el cardenal Angelo Amato destacó que la Iglesia "no busca culpables", ha defendido que es "casa del perdón" y que los mártires no fueron caídos de la Guerra Civil, sino "víctimas de una radical persecución religiosa, que se proponía el exterminio programado de la Iglesia".

El enviado del Papa agregó: "En el periodo oscuro de la hostilidad anticatólica de los años 30, vuestra noble nación fue envuelta en la niebla diabólica de una ideología que anuló a millares de ciudadanos pacíficos, incendiando iglesias y símbolos religiosos, cerrando conventos, escuelas católicas y destruyendo parte del patrimonio".

La beatificación ha resultado controvertida por el agravio que algunos sectores ven para las víctimas del franquismo zanjando el camino de avanzar sin eufemismos en la búsqueda de memoria.

La semana pasada, la plataforma por la Comisión de la Verdad, que agrupa a más de 100 asociaciones, solicitó en una carta al papa Francisco que suspenda la ceremonia y que la Iglesia pida perdón por el apoyo que dio a la Guerra Civil, que en julio de 1937 calificó de “cruzada religiosa salvadora de España” y por "legitimar" la dictadura posterior y "la feroz represión” que desató. “Bajo la capa de un acto religioso, la jerarquía está haciendo un acto político de afirmación franquista", resaltan en la carta.

Atrás quedó la Operación Rescate que llevó adelante un grupo de sacerdotes navarros que ayudó a las familias a abrir fosas de fusilados y pidió perdón públicamente por la actitud de la Iglesia durante la Guerra Civil y la dictadura. Hasta 1981, las comisiones de sacerdotes y familiares recuperaron a 3.501 fusilados en 56 pueblos de Navarra y 10 de La Rioja. “Tras los funerales se levantaron en los cementerios monumentos muy similares a los que ya tenían los muertos del bando nacional, que habían sido elevados a la categoría de mártires y héroes mientras los fusilados de izquierdas habían caído en el olvido”, recordaba el sacerdote Jesús Equiza.

"Las viudas me pedían que besara los huesos. Todos tenían el cráneo agujereado por el tiro de gracia", relataba el sacerdote Victorino Aranguren en una entrevista realizada en 2012 a sus 80 años para “El País”, en donde exhortaba a completar la tarea de rescatar los cuerpos de las personas fusiladas: “Es una humillación que sigan ahí. Y una obligación de la sociedad sacarlos. Muchos obispos creen que no debería tocarse este asunto, que es reabrir heridas, cuando es justamente lo contrario”.

Al concluir con el “rescate” los sacerdotes Victorino Aranguren, Dionisio Lesaca y Eloy Fernández publicaron “Historia de una ignominia y de una rehabilitación algo tardía”, donde compartieron esta experiencia: “Sentíamos en carne viva el largo silencio de la Iglesia (...) aquellos hombres no eran malos, tenían unos nobles ideales republicanos y fueron injustamente asesinados (...). Cuánto dolor hemos palpado en estas familias porque vieron que la Iglesia jerárquica española apoyaba la Guerra Civil, se identificaba con los sublevados contra la República y no impidió estas muertes. Y porque fueron los matones los que frecuentaban las iglesias y se tenían por buenos y católicos, a veces amigos de los curas. No. La guerra civil del 36 no fue una cruzada religiosa, salvadora de España (...). Fue fundamentalmente lucha de intereses económicos contrapuestos (...), cortar brutalmente una revolución social que, corrigiendo deficiencias, podía haber traído una sociedad más justa”. (…) Esta sangre nos salpicó también”, “si decimos que no hemos pecado, hacemos a Dios mentiroso”, “desde aquí, yo, sacerdote, aunque pecador, os pido perdón en nombre de la Iglesia...”.