Jeffrey Orozco, economista y director del Centro Internacional de Política Económica de la Universidad Nacional (Cinpe-UNA), explicó que el problema real no está ligado a los números, sino que se vincula con la eficiencia del aparato estatal, aspecto al que la clase política rehúye y los otros sectores parecen ignorarlo.

Orozco detalló que el problema de fondo se refleja en el crecimiento desmedido de un aparato estatal que no cumple con los objetivos para los que fue creado, pues se vuelve caro, ineficiente y además entraba todo lo que otros sectores podrían hacer. “Cuando dejemos de ver las finanzas públicas como un tema contable y lo veamos como uno de eficiencia estatal, la perspectiva cambiará”, recalcó.

Génesis de la crisis

El director del Cinpe indicó que el origen del problema fiscal es añejo y se viene agravando desde la crisis de finales de los 70 e inicios de los 80. No obstante, desde esa época se percibía el problema de un aparato estatal paralelo a un creciente déficit comercial del país.

“La forma como se diseñó el aparato estatal desde 1948 y antes fue muy inteligente; es decir, se enfocó en cómo resolver algunos problemas del desarrollo a partir de la intervención del Estado, como el fortalecimiento del sector energía con la creación del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), las políticas de educación pública, las universidades y otros entes estatales creados para atender un fin específico”.

Destacó que desde el 48 hasta los años 70 todavía existía una visión de un aparato estatal pensado en el desarrollo pero en los 80 cambia esa perspectiva del Estado.

Urge evaluación

“Cuando se deja de evaluar si las entidades estatales cumplen con su objetivo, se convierten en un fin en sí mismas. El peor momento se dio en el segundo gobierno Arias Sánchez, cuando se generó un enorme crecimiento del aparato estatal como prevención a la crisis que azotó a los Estados Unidos. Esto aumentó el gasto para tratar de paliar la crisis”.

Orozco comentó que lo anterior provocó un crecimiento en la planilla estatal para tratar de generar demanda en los sectores internos, pero más bien originó un Estado mucho más grande. “Es una medida contradictoria, porque pretende paliar una crisis a corto plazo, pero genera una crisis de mediano y largo plazo, con grandes rigideces para ser atendida”.

Según el académico, lo malo fue que se dejó de evaluar el desempeño del aparato estatal: para qué sirve, cómo lo hace y para dónde va; entonces surgieron medidas paliativas de corto plazo como el recorte de gastos superfluos y maniobrables. Pero a veces, el recorte de gastos más bien limita las pocas capacidades de ejecución de algunos programas que sí cumplen con sus objetivos.

Repensar el Estado

Orozco afirmó que más allá de las medidas paliativas de corto plazo, el país tiene una oportunidad de tomar en serio la eficiencia del aparato estatal; en ese sentido, se debe repensar cuál es el rol de las diferentes instituciones, cómo deberían funcionar y cómo disminuir de forma sustancial los trámites. “Lo anterior requiere menos personal, un Estado más eficiente y un proceso de transición”, aclaró.

Puntualizó que no se trata de despedir a la gente, ya que se afronta un desempleo del 10%; más bien, pensar una estrategia de reestructuración del Estado, en donde el funcionario público se traslade a una nueva institución u otros sectores, pero fundamentado en un proceso para generar las capacidades y condiciones necesarias.

Sobre el plazo estimado para ver los primeros avances de este proceso, Orozco se muestra reservado y aduce que dependerá en gran medida de las visiones políticas y la posición de los grupos sindicales. Eso sí, no descartaría, someterse al proceso de reingeniería estatal mediante un programa bien planificado de cerca de diez años.

(* Periodista Universidad Nacional. UNA)