La red campesina alimentaria nutre la diversidad; la forma industrial de producir alimentos promueve el uso tirano y egoísta de la tierra, afirmó la mexicana Verónica Villa.
La red campesina alimentaria nutre la diversidad; la forma industrial de producir alimentos promueve el uso tirano y egoísta de la tierra, afirmó la mexicana Verónica Villa.

Básicamente la red campesina del mundo no compra semillas y produce el 70% de los alimentos que consume la humanidad; mientras que la cadena industrial produce sólo el 30% de los alimentos, según una exhaustiva investigación realizada por el Grupo ETC. Sin embargo, insisten en convencernos de que necesitamos de la gran industria agroalimentaria para sobrevivir.

Verónica Villa, investigadora sobre agricultura campesina, defensa del maíz y lo que conduzca a fortalecer la soberanía alimentaria, en el Grupo ETC, abordó estas y otras discusiones, en su visita por Costa Rica.

“Lo primero que nos van a decir es que estamos en una situación de emergencia, que está todo muy mal y que nosotros no sabemos nada y que ellos, las industrias, con sus nuevas tecnologías, con sus cultivos mejorados, con sus cultivos transgénicos, realmente nos van a alimentar. Por eso la pregunta que hacemos es ¿quién realmente nos va a alimentar?”

“¿Quién nos alimentará? ¿La red campesina alimentaria o la cadena agroindustrial?” es el título de la publicación del Grupo ETC, que se dedica a la conservación y promoción de la diversidad cultural y ecológica y los derechos humanos.

“Una primera verdad que estamos encontrando y que queremos que realmente todo el mundo lo defienda es que hay muchísimos campesinos, y son los que producen la alimentación de la gente”, resaltó Villa.

Ella participó el 6 y 7 de agosto en el segundo “Encuentro de Personas Afectadas por los Agronegocios”, organizado por CoecoCeiba Amigos de la Tierra, FRENASAP, el Programa Kioscos Ambientales de la Universidad de Costa Rica, FECON, la Escuela de Ciencias Políticas de la UCR y CEDARENA.

Nos dicen que ellos nos van a resolver el problema de la alimentación

“En México nos dicen: 'ustedes los campesinos son muy pocos y están muy atrasados y producen muy poquito, tan poquito producen que nadie registra lo que producen'. Nadie registra el maíz que no se vende, nadie registra el café que no se vende, las hortalizas, los cereales que no se venden, nadie los registra; pero resulta que son los que están alimentando a muchísima gente, sin que haya de por medio dinero. No tienen que comprar semillas. Seguramente algunos compran fertilizantes porque las tierras están muy dañadas. Pero básicamente la red campesina del mundo no compra semillas y produce el 70% de los alimentos; mientras que la cadena industrial produce sólo el 30% de los alimentos”, refirió la investigadora.

Se calcula que las redes campesinas producen el 70% de los alimentos del mundo y están alimentando a entre 4.500 y 5.500 millones de personas al año. Un 30% de las personas dependen de la cadena agroindustrial (entre 1.800 y 2.800 millones de personas).

“Se dice que cada vez hay menos campesinos; pero la verdad es que hay muchísimos campesinos”, insistió Villa.

En Costa Rica existen alrededor de 8.500 productores, que semanalmente venden sus productos en las 82 ferias del agricultor que se realizan en todo el país, según datos del Consejo Nacional de Producción (CNP).

Además, el Censo Nacional Agropecuario 2014 registó 25.388 fincas en las que se producen granos básicos, hortalizas, raíces y tubérculos y otras frutas (no se incluyen dentro de este grupo las fincas de producción de banano, café, palma, caña de azúcar ni piña).

“No toda la comida de todas las personas viene de una sola fuente. Hay gente que depende totalmente de ir al supermercado para comer. Pero habemos muchas personas que van combinando y otras pueden cubrir mucha de su comida con sus propios cultivos, con sus propios cereales, con sus propios tubérculos, con sus propias frutas, que crecen en los patios de las casas, que crecen a veces silvestres, y a veces hasta se caen y se pudren”, indicó Villa.

Mientras tanto, la agroindustria y los supermercados se encargan de proveernos productos casi siempre procesados, masivos, fumigados, bañados en conservantes y nos quieren convencer que esa es toda la comida y que necesitamos de ellos para sobrevivir.

“Por ejemplo, la palma aceitera, ¿quién va a comer palma? La palma se usa para sacarle el aceite para freír todo en todo el mundo. En todas las bolsitas de Doritos, churritos, Sabritas, todo eso, usa el aceite de palma y es un vicio mundial. Pero que una industria diga 'yo voy a resolver la alimentación de la gente' cuando lo único que hace es arrasar las tierras para sacar el aceite, no tiene sentido”, insistió.

Todo lo que resguarda el modo de vida campesino

Si ahorita toda la producción y la comida del mundo se convirtiera en comida diversa, producida con bajo daño en los territorios, nadie se va a morir de hambre, expresó Villa.

Uno de los apartados de la investigación aborda el tema de la pesca. 800 millones de personas pescadoras artesanales cosechan anualmente 15.000 especies de agua dulce y 20.000 especies del mar. Con técnicas artesanales sustentables cosechan 25% de la captua global marina. Además, un 90% del procesamiento de la pesca lo hacen mujeres.

Por otro lado, un 40% de la captura marina industrial es sólo de 23 especies. Un 91% de los lugares donde se pesca están sobreexplotados o en explotación máxima. Un 25% de la pesca industrial marina es ilegal o subregistrada.

Otro apartado trata sobre los bosques y los alimentos que provienen de ellos. Se apunta que un 80% de la gente de los países del Sur global necesita de los bosques para leña y combustible, alimentos y medicinas, vestido y herramientas. Que los pueblos indígenas son entre 6 y 22 veces más efectivos que los gobiernos de los países para cuidar sus bosques. Y que mil millones de personas resuelven su sustento y sus formas de vida en las áreas protegidas.

Mientras, entre un 50 y un 90% de la tala comercial de maderas tropicales es ilegal o subregistrada; y un 71% de la deforestación en América Latina se debe a la ganadería industrial.

Acerca del consumo de carbono fósil, la investigación resalta que la red campesina utiliza nueve veces menos energía que la cadena agroindustrial para producir el mismo kilogramo de arroz y tres eces menos energía para el maíz. A pesar de los impactos del cambio climático, la cadena siue usando entre un 3 y un 5% de la oferta mundial anual de gas natural para fabricar fertilizantes sintéticos.

En general, la investigación del Grupo ETC es sumamente valiosa para exponer los dañinos efectos de la agricultura industrial sobre el medio ambiente, y para rescatar las prácticas valiosas, como todo lo que significa la preservación de alimentos entre los pueblos originarios (salar, secas, ahumar, fermentar).

Seguir el camino de lo que promete más dinero es una trampa

Villa comentó que, si bien entiende que está muy lleno de piedras el camino para las y los campesinos en todo el mundo, las experiencias que ha conocido le han mostrado que es importante primero asegurarse de vivir bien. Lo dijo en el sentido de que muchas veces las instituciones del Gobierno o las empresas prometen mejores precios, o mejor producción, o competir con los grandotes, como si fuera la panacea, hasta que llega un momento en que no hay escapatoria.

“Hubo un caso de una comunidad en Oaxaca, México, donde, pues la gente se estaba ya muriendo de hambre, no tenían dinero ni para comprar el fertilizante aunque ellos sabían que si le echaban más fertilizante iban a terminar matando su suelo. Entonces se organizaron y llevan 30 años y su principio es asegurar la producción para que viva la familia y la comunidad. Los que a lo mejor tenían café y podían vender un poquito o los que tenían un poquito de maíz y podían sacar dinero, renunciaron a eso, duramente, para que toda la comunidad más o menos se emparejara en asegurar la sobrevivencia. A tal punto se enojaron con el dinero que empezaron a hacer la cuenta cada año de cuánto dinero menos habían necesitado para sembrar y cosechar”, contó.

“Hay otro ejemplo que también hemos puesto de campesinos en Sinaloa que decían: 'Producíamos 2 toneladas de maíz por hectárea. Sufríamos como campesinos; pero teníamos para comer y nos sobraba un poco y más o menos lo vendíamos pero era comida sana. Pero llegó el maíz híbrido, llegó el paquete tecnológico y llegó todo y empezamos a producir 3 toneladas, 4 toneladas, 5 toneladas. Nos organizamos y fuimos muchos campesinos y compramos una bodega, y luego compramos una refrigeradora y luego pedimos crédito y luego colocamos el maíz en la bolsa de valores de Chicago porque era un maíz excelente, mexicano, el de Sinaloa'. En el primer encontrón con los monstruos de la agricultura mundial, perdieron todo. Decían: 'Yo era más feliz sembrando mis 2 toneladas, que cuando llegué a ser un campesino que se dio de codazos en la Bolsa de Valores de Chicago'. Tenemos que seguir reflexionando mucho sobre el camino del dinero”.

Igual sucede con los cultivos que se ponen de moda. “Se acaba la moda y ¿qué va a pasar? Ahorita la estevia está de moda en Paraguay y están dejando de sembrar cosas que les ayudan a su economía familiar, para tener un poquito más de hectáreas de estevia, están siguiendo todo ese vía crucis”, vaticinó Villa.

Que no vengan a decirnos qué sembrar, cómo sembrar, cómo relacionarnos la tierra

Verónica dijo con ironía: “Es muy rebelde de la gente estarse alimentando sin pedir permiso. Eso es lo que piensa la cadena agroindustrial por ejemplo sobre el intercambio de maíz sin comprar semillas en México”.

“Lo mínimo que debemos alimentar es la soberanía alimentaria. Que no vengan a decirnos qué sembrar, cómo sembrar, cómo relacionarnos con la tierra, con los bosques, con los peces: a eso le llamamos reforma agraria. No como muchas reformas agrarias en nuestros países que reparten pedazos de tierra inservibles. Hablamos de una reforma agraria que incluya todo, que cada vez que se reparta la tierra, tenga su agua, sus animales, que se pueda conservar, sembrar, intercambiar, vender y mejorar semillas y ganado sin que se llame criminales a los campesinos”, argumentó.

Desde hace varios años y en varios de nuestros países, algunas leyes del sector agrícola y ambiental buscan que se vea mal lo que naturalmente hace la gente campesina y por eso hay tantos intentos de criminalizar la vida campesina y sus prácticas, como el intercambio de semillas.

“Esto del intercambio de semillas está prohibido en México, y se sigue haciendo porque la ley no va como la vida real. La ley es un papel que inventaron en una oficina; pero el impulso de la gente, de la vida, de los pueblos, es otro”, dijo Villa.

En Costa Rica por ejemplo, ya se ha informado que hay interés del Partido Liberación Nacional y del Gobierno, de reactivar un proyecto de ley de comercialización de semillas en la Asamblea Legislativa. Hasta el momento este no ha sido consultado a organizaciones campesinas ni indígenas, ni a la RCB, que ha estudiado este tema con un enfoque técnico desde hace más de 20 años.

Dicho proyecto de ley obligaría a registrar y certificar las semillas criollas y califica de fraude el comercializar e intercambiar semillas que no estén registradas.

“Por eso la soberanía alimentaria tiene que incluir eso, que no haya criminalización de las prácticas campesinas, que haya comercio justo, salarios y condiciones justas para los trabajadores agrícolas y de la alimentación, que los campesinos sean los que le digan a los técnicos qué se necesita, que la investigación vaya por lo que necesitan las comunidades”, agregó Villa.

(*pomardafabiola@gmail.com) (http://www.vocesnuestras.org/2018-08-31/articulo/veronica-villa-red-campesina-produce-70-alimentos-consumimos)