“Aceptar nuestra vulnerabilidad en lugar de tratar de ocultarla es la mejor manera de adaptarse a la realidad”. David Viscott

No podemos seguir utilizando los “trapitos” de siempre para aparentar lo que ya no somos. La Costa Rica económicamente justa, equitativa en su riqueza y solidaria con los que menos tienen; la Costa Rica pacífica y donde todos éramos amigos de todos; la Costa Rica defensora de su medio ambiente y emprendedora en su política exterior dando cátedra en organismos internacionales, respetada y escuchada por defender siempre causas justas; la Costa Rica “punta de lanza” en materia de derechos humanos, justicia social, educación gratis  y de excelente calidad donde ricos y pobres compartían en la misma aula; la Costa Rica con un envidiable seguro social con servicios y medicamentos de extraordinaria calidad y cuyo trato al paciente era digno de comentar así como lo rápido y eficiente de sus servicios y de su personal médico y administrativo; la Costa Rica que no se “vende” a los intereses de algunos pocos para favorecer la mezquindad de  transnacionales que, en un afán de seguir lucrando de los bolsillos de todo un pueblo, encontraron un país cuyas autoridades son “flojas”, donde realizan obras mediocres, de pésima calidad, destruyen el medio ambiente y cobran como si fueran obras de primer mundo y se dan el lujo hasta de burlarse de las autoridades gubernamentales y demandar al Estado cuando sienten que el incremento de su mal lograda riqueza se ve amenazada porque saben que no tendrán mayores consecuencias legales pues el Gobierno les permite todo, aunque ello implique el “desangre económico” de todo un pueblo y del propio Estado; la Costa Rica que busca más inversión foránea pero ofrece pésima infraestructura vial, aeroportuaria y portuaria, obras que debieron construirse en poco tiempo y de una sola vez, pero que llevan años en construcción y deben hacerse una y muchas veces más porque se hacen mal;  la Costa Rica que todo el mundo admiraba por ser un país con poca delincuencia y donde se castigaba con mano dura a quien violentaba los derechos de los demás; la Costa Rica que no permitía la “alcaguetería” en sus jóvenes ni tenía una serie de instituciones que, con el trillado cuento de los derechos de la niñez, has generado generaciones de muchachos (as) que exigen se les respete sus derechos pero nadie les habla de sus obligaciones; la Costa Rica en donde se admiraba al sacerdote del pueblo y a quien se le confiaba una buena amistad pero que hoy mira sólo el interés de “mercantilizar” la fe cuando no están inmersos en escándalos sexuales en detrimento de menores de edad;  la Costa Rica sin contaminación y fiel a su respeto absoluto a la flora y fauna, a la naturaleza y que siempre se mostraba como un destino verde sin minas ni posibles explotaciones petroleras; la Costa Rica que tenía valor para decirle NO  a los políticos corruptos, arrogantes y de una soberbia inimaginable que vieron a este país como su propia “finca” y que manejan un discurso “enceguecedor” al mejor estilo de Hitler en sus mejores momentos llevando a Alemania a su propia destrucción y a generar sufrimiento en propios y extraños; la Costa Rica que se mantenía en los primeros lugares en el índice de desarrollo humano no solo en América Latina  sino comparada con países plenamente desarrollados y hoy cae en todos los indicadores; la Costa Rica que vio varias veces a su selección nacional en mundiales de fútbol y ahora es permanentemente derrotada hasta por selecciones de cuyos países el fútbol no es el deporte tradicional; la Costa Rica que valoraba principios y valores éticos-humanos y que hoy se ha “metalizado” gracias a un querer aparentar lo que no se es, querer ser pero sin que cueste mucho, a un querer “pagar por debajo” para no hacer filas ni trámites engorrosos que el mismo gobierno nacional y gobiernos locales  no saben cómo manejar, la Costa Rica que quiere desarrollarse con instituciones mediocres, llenas de burocracia y corrupción que lo que no saben lo inventan hasta llevar a la desesperación a los usuarios (as) para que “suelte” un dinerito extra. La Costa Rica que intenta poner orden en sus calles con semáforos inteligentes que sólo duraron unos meses; que intenta poner cámaras para “pescar” a los infractores con multas que superan a las que se aplican en países desarrollados cuando tenemos una infraestructura de submundo, cámaras que deberían utilizarse más bien para grabar todos los huecos y pésima señalización vial que tienen nuestros “caminos de mulas pavimentados”; la Costa Rica donde el Congreso aprueba leyes y luego la Sala Constitucional las declara inconstitucionales poniendo de “cabeza” a todo el mundo porque ya nadie sabe quién gobierna en el país y cualquiera puede frenar cualquier iniciativa de desarrollo serio; la Costa Rica que cada 4 años llama a elecciones en una “fiesta democrática” que dura unos pocos meses para luego tener que enterarnos de los “desfalcos” financieros que cometieron los partidos políticos pasándole al Tribunal Supremo de Elecciones facturas que no corresponden a la realidad de los gastos efectuados; la Costa Rica que ve con asombro cómo se reeligen gobernantes en otros países  utilizando cualquier mecanismo para cambiar sus constituciones habiendo nosotros hecho lo mismo violentando nuestra propia constitución. La Costa Rica que ya ve como algo “normal” denuncias de corrupción, escándalos por desvío de fondos públicos, incautación de cientos de toneladas de drogas y jueces (as) “protegiendo” a delincuentes internacionales y nacionales dando “casa por cárcel” o simplemente medidas cautelares ridículas, pescadores “robándose” la riqueza de nuestros mares y trayéndolos a puerto para simplemente hacer un “show” en los noticieros y luego dejarlos ir y, hasta, pidiéndole a Dios que no demanden al Estado por retenerles las embarcaciones;  funcionarios públicos envueltos en problemas de todo tipo de corrupción, evasión de impuestos, etc, etc, etc…


Esta Costa Rica no es la que quisiera para el futuro. Esta Costa Rica es el resultado de la “mala praxis” de un pequeño pero muy poderoso grupo de “politiquillos” con “piel de oveja”  que, aunque manchados, intentan seguir “brillando” en un mundo que cada día nos convierte en más de lo mismo, que nos han llevado a “latinoamericanizarnos” en lo que nunca hubiéramos querido parecernos al resto.


Fuimos diferentes, nos miraron y nos trataron diferente,; nuestra historia fue diferente pero nuestro presente nos lleva a ser iguales que el resto. Un país que no logra desarrollarse plenamente; que es cada día más desigual e injusto socialmente, un país que se dá el lujo de llevar a miles de costarricenses a la pobreza según los últimos informes del Estado de la Nación, un país  cada día más violento y corrupto institucionalmente; un país que perdió su rumbo por seguir modelos de desarrollo foráneos, perdimos autenticidad y sólo nosotros nos seguimos creyendo que somos lo mejor. Nos dicen los “más felices” del mundo cuando en realidad eso debería traducirse en los “más conformistas” del mundo.

(Lic. Dennis Mora Guzmán, Cédula 1-712-731, demogu@hotmail.com)