Infografía de la Universidad Estatal a Distancia UNED.

“La situación es realmente crítica y estamos preocupadas no solo las personas investigadoras que trabajamos desde las universidades, también las que trabajan en organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales” señaló Jurado.

La alarma sobre la prioridad que debe darse a la atención de la salud mental la lanzó la Organización Mundial de la Salud (OMS), en mayo de 2020, alertando sobre la crisis que se avecinaba por la afectación de la pandemia en la población.

La salud mental es uno de los aspectos más golpeados por esta pandemia, por un lado por las medidas que se toman para frenar la propagación del virus SARS-CoV-2, por la pérdida del trabajo, el deterioro de las condiciones socioeconómicas, el acceso a los servicios de salud, el aislamiento, la depresión, la pérdida de seres queridos, el miedo al contagio y por otro lado, porque este conjunto de cosas profundizan las desigualdades preexistentes a nivel mundial, explicó la investigadora.

“Queremos insistir en que la forma en que se aborda esta pandemia hace que una situación de desigualdad muy marcada mundial, se vuelva todavía más marcada, es decir que esos problemas de salud psicológica se deben al agravamiento de la desigualdad y de una profunda injusticia social, que con esta pandemia se vuelve más relevante, más acusada. La salud mental es uno de los eventos más golpeados por esta pandemia por la COVID-19. Cada vez más, se va a manifestar un aumento acusado y progresivo del deterior de la salud mental de esta población” puntualizó Jurado.

En situaciones de desastre, esta comprobado que un 85% de la población se recupera, pero un 15 por ciento no lo logra. En Costa Rica eso quiere decir que 800 mil personas van a quedar con afectaciones en su salud mental. Cabe preguntar, ¿el sistema de salud costarricense está preparado para atender las necesidades de estas personas?, destacó Ana Jurado.

 

EL ESTUDIO

La investigación se hace con 2.165 personas de todas las provincias, de 18 a 92 años de edad. Los datos se tomaron entre setiembre y noviembre de 2020.

El primer rasgo que la gente acusa sentir es miedo, ansiedad, enojo, el segundo problema es el cansancio y la fatiga injustificados el 66% de la muestra. Después siguen los trastornos por dolor como las lumbalgias, dolor de cabeza, migrañas. Pero también, problemas del sueño. El miedo a enfermar por la Covid-19 cae al quinto lugar.

A la pregunta sobre los principales temores, los encuestados refirieron las consecuencias económicas que esta pandemia va a tener para la población, no en lo personal sino para todo el país y cuál será el estado en que el país va a quedar.

Las personas acusan que su situación económica se vio seriamente afectada y eso tiene profundos efectos sobre la salud mental. El miedo a perder sus condiciones socioeconómicas.

Las personas que se sienten más afectadas son mujeres y jóvenes de zonas costeras, con bajos recursos económicos, bajo nivel de escolaridad.

Esta es la población más vulnerable, la que tiene menos recursos para atender los problemas de salud mental y la que más los sufre dada su condición de falta de acceso a recursos para atender sus problemas de salud psicológica, agregó Jurado.

La investigadora Eva Carazo, de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) señaló que una tercera parte de la población del país se encuentra en una situación urgente en su salud mental. Un millón trescientas mil personas han presentado síntomas profundos de afectación de su salud mental de acuerdo a los informes de varias investigaciones realizadas por esta universidad.

“La gente ha encontrado estrategias para enfrentar la pandemia por Covid-19 en forma colectiva, a desarrollado sinergias y que la enfermedad nos afecta de manera distinta. Por otro lado, encontramos una mezcla factores de afectación por la pandemia con situaciones de vulnerabilidad preexistentes. Las personas más afectadas son las que están en el sector informal de la economía, las personas con poco acceso a servicios públicos”.

Entre toda la población, las mujeres son las que más están acusando afectaciones. Frente a esta crisis de salud pública, los investigadores de la UNED hacen un llamado a diseñar estrategias de afrontamiento colectivo para repartir la carga emocional y la responsabilidad que genera la pandemia entre las personas y familias más vulnerables.

El optimismo no es suficiente, urgen acciones, afirman los investigadores y proponen:

- Instalar en la actual coyuntura electoral, una discusión nacional sobre los alcances de la pandemia y las principales estrategias para afrontarlos.

- Asumir la situación de salud mental de la población del país como una verdadera crisis de salud pública, un 32.1 % de la población presenta señales de afectación intensa en su salud mental.

- Promover abordajes colectivos, que permitan entender la dimensión social de lo que ocurre para promover nuevas y mejores instancias de consulta, orientación y apoyo de la salud mental en diferentes servicios de salud, tanto por parte del Estado como de las organizaciones sociales y el sector empresarial.

- Estudios muestran condiciones más difíciles y extremas entre personas sin ingresos estables, personas desempleadas y sin estabilidad laboral, personas con bajo nivel educativo y mujeres.

- Existe una brecha sanitaria, en la cual los sectores más vulnerables de la población tienen menor acceso a las estrategias preventivas y, por ende, están siendo revictimizados, lo que debilita el entramado social.

- Las diferentes investigaciones muestran que en un cortísimo plazo es urgente fortalecer los servicios públicos de atención en salud mental, en particular para poblaciones más afectadas y vulnerables.

- En el corto y mediano plazo se requiere también reducir esa vulnerabilidad y potenciar factores protectores clave, como la estabilidad económica (estabilidad laboral más ingreso estable, digno y justo para poblaciones informalizadas y desempleadas), la educación, el acceso a servicios públicos oportunos y de calidad y la existencia de redes de apoyo familiares y comunitarias.

-El proceso de educación virtual que ha significado para otros miembros del hogar un recargo de labores y responsabilidades de apoyo, especialmente para las madres. Un sector nada desdeñable de la población no tiene acceso a dispositivos electrónicos, lo cual produce su exclusión del sistema educativo y profundiza la creciente brecha social. Para un sector de la población ha surgido como alternativa el teletrabajo, pero también aquí se evidencian dificultades de adaptación y de acceso a orientación técnica.

- Las alteraciones se presentan generalmente en conjunto e interactúan para provocar una situación de estrés prolongado, con evidentes síntomas de ansiedad o depresión, pero también con consecuencias sociales profundas. El confinamiento y el distanciamiento físico provocan con frecuencia tristeza, soledad, incertidumbre y sensación de desamparo; en algunos casos, se da una reacción defensiva de negación. Esto provoca que las personas se refugien en una minimización de la pandemia y sus efectos, lo que tiende a favorecer la adhesión a teorías conspirativas que, a su vez, reducen la adhesión a los protocolos de prevención y particularmente a la disposición a vacunarse.

LA INVESTIGACIÓN  

Un total de 23 investigadores de las universidades públicas (Universidad de Costa Rica, Universidad Nacional y Universidad Estatal a Distancia), con participación de investigadores de las universidades de Salamanca y de Valencia, en España, y de las universidades Davis y de Carolina del Norte, en EE.UU., han realizado diversos estudios para determinar el impacto de la pandemia en la salud mental de la población de Costa Rica.

Con el apoyo del Ministerio de Salud, la Caja Costarricense de Seguro Social, el Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica y la Fundación Friedrich Ebert, las investigaciones arrojan resultados y recomendaciones para la atención de las consecuencias que la pandemia por la COVID-19 y las medidas sanitarias tienen en los diferentes grupos etarios, así como su impacto en el corto, mediano y largo plazos.

Los estudios realizados abarcan 20 meses, en siete iniciativas de investigación que comprenden cuatro encuestas telefónicas nacionales, dos estudios cualitativos con historias de vida y un análisis de la consulta al despacho telefónico de ayuda psicológica del Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica.