Pero, para eso, debía negociar con sus acreedores y la Comisión Europea el cambio en las condiciones pactadas. Con las arcas vacías, el no desembolso del último tramo pendiente, de 1.800 millones de dólares, ponían al nuevo gobierno griego en una situación difícil. Pero no era menos difícil la situación de los gobiernos europeos. Cerrar el grifo al gobierno griego recién elegido y obligarlos a salirse del euro abriría una Caja de Pandora que expertos recomendaban dejar cerrada.

El presente artículo fue escrito durante los últimos días de febrero, por esa razón alguna de sus afirmaciones podría haber quedado en cuestión tras el paso de estos días.

Fin de la austeridad

El programa alternativo del gobierno griego se resumió en seis páginas y cuatro puntos: políticas fiscales y estructurales; estabilidad financiera; políticas para promover el crecimiento; y crisis humanitaria, un último aspecto sobre el que Syriza ha puesto especial énfasis dada la situación de gran parte de la población del país.

La propuesta desató un intenso debate en Europa, donde los gobiernos conservadores temen que se desnude el fracaso de sus políticas de “austeridad” para las que –afirman– no hay alternativas.

El debate gira, en realidad, sobre quien paga el costo de la crisis. Son dos los grandes temas en discusión: las leyes laborales y las privatizaciones. Sobre ambos habla el acuerdo propuesto por el ministro de Hacienda griego, Yanis Varufakis, aceptado provisionalmente por sus colegas de la Eurozona.

Sobre las primeras, la propuesta griega es, entre otras medidas, elevar el salario mínimo, recuperar los convenios colectivos y crear empleos temporales para los desocupados de larga duración.

La decisión de elevar los salarios mínimos y poner fin a la “flexibilización” laboral (en realidad un proceso para abaratar el despido) despiertan horror en países como Portugal y España, dos gobiernos conservadores que han logrado avanzar mucho en esa dirección.

Una pequeña nota, publicada en el diario portugués “Público” el 24 de febrero, se preguntaba “quién fue más alemán que Alemania” en las discusiones sobre la propuesta griega: ¿la ministra portuguesa Maria Luís Albuquerque o el español Luis de Guindos? La ministra portuguesa ha sido criticada en todos los tonos en su país por quienes la acusan de “servilismo” ante los alemanes. En cuanto a la actitud del ministro español, la nota de “Público”, citando la agencia norteamericana Bloomberg, asegura que el ministro alemán, Wolfgang Schäuble, considerado el más “duro”, fue “eclipsado” por el español de Guindos.

El segundo gran tema son las privatizaciones. El acuerdo es “no invalidar” las que ya han sido completadas.

En medio del debate sobre el alcance de este compromiso, el ministro griego de Energía, Panagiotis Lafazanis, garantizó que no las habrá en su sector, que incluye electricidad, gas y refinerías.

No se trata de una precisión menor, no solo por la importancia del sector, sino por los avances en las negociaciones para privatizar la principal empresa de energía eléctrica griega, PPC; y la operadora de la red ADMIE, ya en proceso de negociación para la venta de 66% de sus activos. Las empresas no han presentado ofertas vinculantes, por lo que el proceso no seguirá, afirmó Lafazanis.

En realidad, el mayor temor de la Europa conservadora es de que prenda la idea de Syriza que hay una política distinta a la de “austeridad” para enfrentar la crisis de la deuda.

Lo de la deuda, como todos concuerdan, no tiene solución y nadie piensa que será, algún día, pagada en su totalidad. Por ahora, solo se discute como manejarla y Syriza ha dejado el tema fuera del debate, salvo la reducción de su superávit primario, o sea, del superávit de las cuentas públicas antes del pago de intereses.

El primer ministro Alexis Tsipras insistió en que el acuerdo logrado en la última semana de febrero no representa una prolongación del plan de ajuste, ni de un nuevo rescate de la economía griega, sino una ampliación de los plazos para la amortización de la deuda. El acuerdo permitió también el desembolso de 1.800 millones de euros, entonces pendiente para el 28 de febrero y que dependía del acuerdo con el Eurogrupo, así como la transferencia de rendimientos de bonos griegos por 1.900 millones por parte del Banco Central Europeo.

Pero todo se revisará dentro de cuatro meses.

¡Viva Grecia!

En medio del intenso debate sobre el acuerdo logrado por los griegos, el expresidente portugués, el socialista Mario Soares (1986-96), un hombre de tendencias más bien conservadoras, no ahorró elogios para Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis que, en sus palabras, “se han mostrado grandes luchadores”.

En un largo artículo de opinión publicado en el diario “Público”, el pasado 24 de febrero, afirmó: “Espero que Alexis Tsipras continúe su carrera tan brillante y necesaria para el pueblo griego, a quien Europa tanto debe. A comenzar por Alemania de post guerra que Grecia tanto ayudó, después de la derrota del nazismo, que parece recomenzar”.

A pesar de tener tanto en contra –agregó Soares– “han conseguido defender Grecia y avanzar en su lucha. Ganaron las elecciones y han logrado imponerse a varios países –infelizmente con la excepción de Portugal– y han expresado su sensibilidad en lo relativo al fin de la austeridad, como absolutamente necesaria para todos los Estados, con excepción de los que viven a costa suya”.

“Han hablado de tú a tú con la señora Merkel, que ya no es lo que fue, y con su tan reaccionario ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble”. “Han demostrado, mediante palabras y hechos, que la austeridad es un desastre completo para los países que la aceptan”, dijo Soares.

El debate afecta de cerca a Portugal, donde el gobierno conservador del Partido Social Demócrata (PSD), encabezado por Pedro Passos Coelho, ha adoptado un duro programa de austeridad impuesto por la troika (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea), la misma cuya actuación Syriza rechazó en Grecia.

El resultado de esas políticas ha sido similar en todos los países, como lo recuerda Soares. “La gran mayoría de los portugueses fue obligada a emigrar por no tener trabajo en su país. Otros se quedaron y pasan hambre, y apenas tienen donde dormir”. El desempleo real –asegura– supera el 20%.

Debilitar Syriza

La derecha europea no puede dejar sin respuestas las tesis de Syriza a riesgo de ver extenderse la rebelión contra las políticas de “austeridad”.

El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, lo recordó en el debate sobre el estado de la nación, hace dos semanas, en el que pidió a la oposición socialista no alimentar lo que calificó “demagogia de Podemos”, el grupo opositor que se ha transformado en la segunda fuerza política del país, según encuestas recientes.

Con un desempleo de casi 24% y una deuda pública que se acerca al 100% del PIB, Rajoy predicó el éxito de sus medidas de ajuste, entre ellas una flexibilización laboral que contó, en su momento, con el apoyo socialista.

Lo cierto es que la ofensiva contra Syriza se desarrolla en por lo menos otros dos ámbitos. Uno es insistir en el abandono de sus promesas electorales por parte del gobierno griego, como lo hizo el editor económico de BBC World, Robert Peston, para quien “Syriza cambió Marx por Blair”, en alusión al exprimer ministro laborista Tony Blair, que se sumó a Bush para la invasión de Iraq y empujó Inglaterra por el camino neoliberal inaugurado por la exprimer ministra Margaret Thatcher.

En vísperas de la presentación de la propuesta griega al Eurogrupo, el periódico “Confidencial” afirmaba: “De acuerdo con versiones que se filtraron ayer a la prensa, Syriza podría incumplir ya buena parte de sus promesas electorales”.

“Tras sobrepasar todas las líneas rojas que se marcó durante la campaña electoral, al gobierno de Syriza le toca ahora diseñar reformas y aplicar una cierta austeridad –se le ponga el nombre que se le ponga–“, dijo el periódico. Esto permite avanzar en la otra línea, que es destacar conflictos dentro de la coalición gubernamental griega y dentro del mismo Syriza, sean estos reales o no.

En particular, los medios pusieron énfasis en las posiciones de dos destacados miembros de la organización, el compositor Mikis Theodorakis y el prestigioso diputado Manolis Glezos, un heroico resistente de la invasión nazi a Grecia, que mostraron cierta resistencia a aspectos del documento presentado por el gobierno griego a sus colegas europeos.

¿Ajuste para quién?

Las políticas de ajuste, en torno a las cuales gira la política europea, hasta ahora significaban apenas recortes en servicios públicos (incluyendo despidos, salarios y otras condiciones laborales) sin que se viera afectada la creciente ganancia de las empresas.

Hasta que apareció Syriza y puso sobre la mesa otra alternativa. Nadie sabe muy bien como terminarán las negociaciones entre Grecia y el Eurogrupo. Por ahora, el acuerdo permitió que Grecia se mantuviera dentro de la zona del euro y recibiera el último desembolso correspondiente al acuerdo anterior. En cuatro meses debe revisarse lo acordado, sobre todo la implementación de las medidas del nuevo gobierno para controlar el déficit.

Pero el debate en torno a las alternativas al ajuste se ha intensificado desde ya.

En la televisión portuguesa se pudo ver, hace dos semanas, un detallado reportaje sobre la carga impositiva de las empresas, donde se mostraba como esa tasa bajó rápidamente en los últimos años, desde 50% a 29,5% en Alemania, un proceso que, en diferentes escalas, se repitió en Italia, Inglaterra, Grecia, Irlanda y otros países.

A esta reducción impositiva para las empresas se les suma la posibilidad de operar desde los llamados “paraísos fiscales”, como Luxemburgo o las Islas Caimán, donde se cobijan para, mediante un proceso de “ingeniería fiscal”, pagar menos impuestos o no pagar. Una verdadera industria para organizar la fuga de tributos ayuda a conformar empresas y negocios de modo que puedan ocultar ganancias y reducir lo más posible los impuestos que pagan.

El reportaje destacó la gravedad de un proceso mediante el cual los países de la misma eurozona compiten por la atracción de inversiones mediante la rebaja de impuestos a las empresas. Un proceso criticado por el mismo José Ángel Gurria, mexicano que negoció el tratado del libre comercio de su país con Estados Unidos y Canadá y que hoy ejerce como Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Una competencia que, como señaló Gurría, solo conduce al desastre, en la que se destaca, entre otros, Irlanda, donde el impuesto a las sociedades es de solo 12,5%.

El reportaje de la televisión portuguesa mostró un documento secreto del ministerio de Economía alemán durante negociaciones realizadas en 2012 sobre transparencia en declaraciones impositivas, con instrucciones para, precisamente, evitar esa transparencia.

Para una población agobiada por el ajuste, oír, por ejemplo, al ministro de Finanzas alemán justificar que ninguna empresa está obligada a pagar el máximo impuesto posible y explicar que el éxito de los negocios está en producir a los menores costos, no deja de causar polémica.

¿Fin de la crisis?

En medio del debate sobre las propuestas griegas, Rui Tavares, comentarista del diario “Público”, hizo una reflexión sobre lo que llamó “Fin de la crisis”. “Decir que la crisis del euro comenzó a acabar no significa que nuestros problemas crónicos hayan terminado”, escribió en vísperas de conocerse los detalles de esas propuestas.

En su criterio, lo que significa es que Europa reculó a un paso del precipicio pero que todavía va a pasar un tiempo para decidir dar media vuelta y qué dirección tomar.

“Toda Europa le debe una gran gratitud a la razonabilidad e imaginación de Varoufakis”, afirmó Tavares. El fin de la troika –decretado por el gobierno de Syriza– y la negociación directa con las instituciones europeas (la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, dejando de lado el FMI) es mucho más que un simple cambio de nombre, destacó. El comentario sale al paso de quienes pretenden minimizar lo logrado por Syriza en estas negociaciones, afirmando que la sustitución de la troika por las instituciones europeas es solo un cambio de nombres.

La crisis tiene también otra cara, como recordó otro expresidente portugués, Jorge Sampaio (1996-2006), al recibir la semana pasada el doctorado honoris causa de la Universidade do Porto.

Pese a las drásticas medidas de ajuste adoptadas por el gobierno portugués, la Comisión Europea puso el país bajo vigilancia especial la semana pasada –junto a Francia, Italia, Croacia y Bulgaria– debido a la persistencia de “desequilibrios macroeconómicos excesivos”. Desequilibrios que se expresan tanto en el desempleo como en una deuda pública que oscila alrededor del 130% del Producto Interno Bruto (PIB) y que no logran bajar, pese a que, teóricamente, ese era el objetivo del plan de “ajuste”.

En Portugal tampoco hay crecimiento económico ni de la inversión y mientras el gobierno celebraba la colocación de bonos portugueses a las tasas más bajas de los últimos cinco años como una muestra de confianza de los mercados en su economía, al día siguiente tuvo que explicar por qué la Comisión Europea sometía la economía portuguesa a una vigilancia más estricta.

Sampaio denunció, en su discurso, el creciente alejamiento entre los ciudadanos y las élites políticas europeas, que se refleja en las “elevadísimas tasas de abstención” electoral y abrió el espacio europeo a la extrema derecha y a movimientos xenófobos.

“Es urgente que Bruselas retome el camino de la solidaridad”, enfatizó, refiriéndose a la sede de las instituciones europeas, en la capital belga.

Europa –agregó– “asiste a una triunfante cultura de ortodoxia financiera que ha conducido a situaciones sociales insustentables”.

A una guerra que –parece cada vez más evidente– Europa no puede ganar.