Retrato de Manuela Carrazco, Museo Histórico Juan Santamaría.

Imagen: Retrato de Manuela Carrazco, Museo Histórico Juan Santamaría. Fue declarada Defensora de las Libertades Patrias en 1994 y el 8 de marzo del 2012 “Heroína Nacional”. El despacho de la Presidencia de la Asamblea Legislativa lleva su nombre.

Psicóloga, enfermera, cocinera, costurera, soldadera, amiga, consejera y hasta cantinera. Así eran de diversos los roles que desempeñó Francisca Carrasco en la guerra de 1856-57. Parecían diez mujeres en el cuerpo de una.

Doña Francisca Carrasco Jiménez, conocida como “Pancha Carrasco”, en las tertulias que compartía con los soldados en Rivas, contaba que nació en 1816, en un humilde hogar en Cartago. Su padre era un mulato y su madre una mestiza. Ella era una fiel exponente del coraje y la alegría de la etnia negra, la sutileza y la bondad de la indígena y el encanto y la determinación de la mestiza.

Se autodefinía como una mujer luchadora, tenaz, perseverante y valiente. No temía a nada ni a nadie, mucho menos al “qué dirán”, qué tenía mucho peso en esos años. Con una dentadura blanca que iluminaba su sonrisa, esta alegre mujer de piel trigueña y pelo negro ensortijado cargaba con orgullo su herencia multiétnica que la marcó para siempre.

Pancha tenía bonitos recuerdos de su infancia en Cartago. Como era usual en la educación de las mujeres en esas épocas, ayudaba a su madre en los oficios domésticos, hacía mandados, ordeñaba la vaca, recogía los huevos del gallinero y jugaba en sus ratos libres con sus amiguitas. Era una líder innata y dirigía los juegos. Cuando se cansaba, los daba por terminados. Tenía el don de mando y se acostumbró a que, en su entorno, ella decía cómo y cuándo se hacían las cosas.

Contaba que en su juventud fue una joven muy simpática y guapa, pero algo mandona. Por esa razón le resultó difícil encontrar un buen compañero, que la entendiera, la respetara y la quisiera. A los 18 años casó, por primera vez, con un trabajador humilde y sensato con quien tuvo dos hijas, pero una murió pequeñita. La otra, Manuela, la acompañó hasta su lecho de muerte.

Con mucho orgullo recordaba que con 26 años participó en una manifestación contra el presidente de aquel entonces, el general Francisco Morazán, oriundo de Honduras, cuyas intenciones eran las de mantener la unión centroamericana, la cual estaba en franca decadencia. Ante esta actitud, Francisca, montada en un brioso caballo, lideró una protesta femenina y arremetió duramente contra el poder ilegal y las ideas unionistas que representaba Morazán. Esta actitud dice mucho del carácter fuerte y el temple inquebrantable de esta valiente cartaga.

Su rostro entristecía al comentar que su vida hubiera sido diferente de no haber enviudado, pero al quedar sola con su hija, casó en segundas nupcias con un soldado. A este lo acusó de agresión doméstica, pero todo cambió cuando escuchó las proclamas del presidente don Juanito Mora, sintió que por sus venas hervía la sangre, mezclada con sentimientos de amor patrio y del llamado a tomar las armas, que también era para ella.

Pancha comprendió que era un momento sublime, de mucho compromiso ante el peligro de la invasión filibustera, con lo cual se enlistó en el ejército junto a su esposo, para luchar en la Campaña Nacional de 1856-57. Fue nombrada “asistenta” del Estado Mayor, en labores propias de las mujeres de aquellos tiempos: cocinar, lavar, atender a los enfermos y curar a los heridos.

Ante un grupo de los soldados quienes la escuchaban atentos y sorprendidos, Pancha, eufórica y sonriente, narraba sus experiencias de vida. No era normal ni bien visto, en aquellos años, encontrar una mujer que se atreviera a acompañar un ejército a la guerra ni que se sintiera orgullosa de hacerlo, pero a ella nunca la desvelaron los prejuicios sociales ni el qué dirán.

Ella motivaba a las tropas diciéndoles que no había que luchar con miedo, sino con la fe y la seguridad que la victoria sería de Costa Rica. Colaboró en la batalla de Santa Rosa y en la del 11 de abril en Rivas, pero Pancha no pudo celebrar la victoria en Rivas, porque su marido fue herido y pereció. A pesar de que su fuerte carácter le permitía sobreponerse a las dificultades y a los horrores de la guerra, la aparición del cólera morbus no le dio tregua y tuvo que brindar, de inmediato, asistencia sanitaria, cuidados de enfermera y apoyo emocional a las tropas afectadas por esta pandemia.

Se le veía correr de un lado para otro porque la atención de las víctimas de esta fatal enfermedad no la dejaban ni parpadear. Cuando regresó a Costa Rica, a mediados de mayo, siguió en sus funciones y, de manera sorpresiva, el 30 de mayo del mismo año, casó con su tercer marido, quien era también soldado. En diciembre de 1856, ambos enrumbaron de nuevo a los escenarios de la guerra y lucharon hasta lograr la victoria.

Su participación en esta segunda fase de la guerra de 1856-57 se confirma con esta nota enviada a su hermano, escrita por algún amanuense, porque ella no sabía leer ni escribir:

“Fuerte de S. Carlos, Feb. 22 de 57.

Mi queridísimo hermano:

No dejo de aprovechar siempre que pueda las oportunidades de escribirte, y por lo tanto, lo hago ahora con muchísimo gusto participándote que estoy buena y deseando que U. goce de cabal salud. No tengo que encargarte me cuide a María Manuela y la familia de Gil. Dámele muchas memorias a todos mis conocidos y conocidas y mande a su afectísima hermana que más desea verle que escribirle. Francisca Carrasco. “

Cuando el presidente Mora tributó honores a los legendarios soldados de la Campaña Nacional de 1856-57, tuvo que hacer una excepción, al condecorar a doña Francisca Carrasco con la medalla de oro, en la que se puede leer:

“…en homenaje a la mujer de aquella gloriosa gesta: “Santa Rosa, Rivas, San Juan, Presa de Vapores,

Castillo, Fuerte San Jorge”. “Costa Rica agradecida, premio al valor”.

Regresó Pancha a Cartago y tuvo problemas con su esposo del cual se separó y vivió al lado de su hija, hasta que, en medio de una gran pobreza, murió un 31 de diciembre de 1890, a los 74 años.

Cuatro años antes había solicitado una pequeña pensión por su participación en la guerra y se la habían concedido.

A su entierro concurrieron miembros del cuerpo diplomático acreditado en el país, el gabinete completo del presidente José Joaquín Rodríguez Zeledón, miembros del clero, distinguidas personalidades y una gran cantidad de exsoldados y del pueblo, provenientes de Cartago y de la capital. Se le rindieron honores militares correspondientes al grado de General de División y se decretó duelo nacional.

Su hija Manuela mantuvo una fuerte querella legal en contra del viudo, por la humilde herencia sin testar que dejó su madre, por lo cual solicitó que el Estado le adjudicara la pensión de 10 pesos mensuales que recibía doña Francisca. Esta le fue denegada.

A la popular Pancha Carrasco, la Asamblea Legislativa en 1994 la declaró “Defensora de las Libertades Patrias” y el 8 de marzo del 2012 Heroína Nacional. A partir de ese día, el despacho de la Presidencia de la Asamblea Legislativa de Costa Rica lleva su nombre.

En memoria de la soldado Francisca Carrasco Jiménez, se debe honrar también a las mujeres, a la niñez y a los ancianos costarricenses de aquellos años, quienes no tienen rostros ni nombres, pero que fueron soldados con la tierra, porque empuñaron el arado, el rastrillo, la macana, la pala, el machete, los canastos; arriaron los bueyes y lograron sembrar y recoger las cosechas.

Esta población conformó un ejército de campesinos y campesinas que aparecen invisibilizados en los documentos históricos, quienes constituyen un glorioso testimonio porque ofrendaron sus mejores esfuerzos para evitar el colapso de nuestra economía, en tiempos de guerra.

Señoras como doña Inés Aguilar, esposa del presidente y sus familiares hicieron campañas para recoger sabanas y equipamiento médico para atenuar los efectos de la pandemia. Junto a ellos, está el pueblo ligado a la tierra, cuyos sacrificios y luchas conformaron la patria libre, independiente, digna y soberana que nos legaron.

 

Actividades didácticas

- Busca en el diccionario el significado del vocabulario desconocido.

- Elabora un listado de las cualidades que encontraste en la heroína Francisca Carrasco y coméntalas con tu familia o con tu grupo.

- Elabora un acróstico con el nombre de Francisca Carrasco y lo compartes con tu familia o con tus compañeros de aula.

- Redacta una poesía, retahíla o canción en donde se narre la historia de vida de Francisca Carrasco; compártela.

- Busca en Internet alguna pintura de Francisca Carrasco y pinta tu propio retrato sobre esta heroína, acorde con sus características étnicas. No olvide colocarle la medalla que recibió por sus servicios a la patria.

- ¿Qué opinión te merece el saber que las mujeres, la niñez y los adultos mayores de 50 años, que no fueron a la guerra de 1856-57, se dedicaron a sembrar y a recoger las cosechas? Comenta tus criterios con tu familia o con tus compañeros.

- Elabora un paisaje que represente un grupo de campesinos en su noble trabajo, con la tierra y lo expones en el aula o en una pared de tu casa.

- Redacta un pensamiento a manera de recordatorio de la heroína de Francisca Carrasco y lo lees ante el grupo o ante tu familia. 

(* Escritora, miembro de la Academia Morista de Costa Rica)

Libro Cuentos y relatos sobre la Campaña Nacional de 1856.