La vida en el planeta exige cambios rápidos y radicales en la forma de producir y comportarnos.

“…la gente solo ayuda si la obligan o si por ventura, entiende la trascendencia de sus actos. Los políticos, en cambio, desde hace años han tenido en sus manos el poder e informes científicos que auguran el desastre.” Daniel Samper Pizarro. 2021.

No hubiera deseado jamás tener que escribir acerca de la posibilidad muy real de enfrentarnos, si no se hace nada en poco tiempo, a la extinción de la vida sobre nuestro Planeta. Así como suena.

A ratos parece una broma macabra, o una película de ciencia ficción sobre un futuro acontecimiento lejano; ya que nuestro cerebro no da crédito fácilmente a semejante “bomba”.

Lo cierto es que, como ya ha sido muy difundido, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, IPCC (por sus siglas en inglés), entregó el lunes 9 de agosto, su sexto informe sobre la situación de la naturaleza, tras ocho años de intenso trabajo. En dicho informe se condensa todo un bagaje monumental de conocimiento científico ecológico. En pocas palabras, no se trata de una especulación irresponsable, sino de pruebas contundentes e incontrastables que una vez más nos muestran que, los seres humanos somos responsables de haber creado fenómenos destructivos de la vida en todas sus manifestaciones, “nunca vistos en cientos de miles de años.” Ahora se pone en evidencia que los procesos que conducen hacia una hecatombe monumental se aceleraron más de lo que habíamos supuesto.

El informe en cuestión no titubea, directo y al grano nos espeta en pleno rostro que, a menos de que los gobiernos del mundo y la humanidad entera fuésemos capaces de acometer cambios drásticos para atacar las causas del calentamiento global y el cambio climático, nos veremos abocados a propiciar un futuro catastrófico.

Más grave todavía, el “Grupo de Expertos” expresa que, ya se han comenzado a producir fenómenos destructivos, en la atmósfera, en los mares y en la tierra, que no tienen regreso. De modo que la humanidad no tendrá más remedio que adaptarse a vivir en condiciones que tornarán la vida, cada vez, mucho más dura y sofocante debido a la ola de calor que irá en aumento. Lo mismo podría ocurrir con las distintas especies de animales y plantas y sus ecosistemas. Los científicos, normalmente muy recatados en sus informes, aseguran que, si como humanidad no somos capaces de desacelerar el calentamiento del planeta, producto de las excesivas emisiones de dióxido de carbono, no nos escaparemos de llegar antes de lo previsto a 1.5°C, o hasta 2°C, por encima de la temperatura de la era preindustrial. Lo primero redundará en graves complicaciones para la vida toda sobre el planeta; lo segundo (es decir, aumentar la temperatura en 2°C), sería algo invivible e irreversible. Habremos convertido al planeta en un “horno mortal”, para usar la expresión del periodista y columnista colombiano Daniel Samper Pizarro. Si, por el contrario, logramos reducir al máximo estas emanaciones de gas, se puede evitar que lleguemos en el 2050, a 1,5°C por encima de la era preindustrial.

En suma, lo más novedoso e indeseable del sexto informe estriba en el hallazgo de que, fenómenos que se había anticipado que acaecerían hasta dentro de unos diez años, o un poco más allá en el 2050, si se continúa produciendo con combustibles fósiles como carbón mineral, petróleo, o gas metano, aumentarán los efectos destructivos derivados del calentamiento global. O sea, ha habido una aceleración angustiante para el ser humano, de cambios trascendentales en la naturaleza, que nos impelen, lo digo una vez más, a tomar decisiones dramáticas e impostergables, muy fuertes, que nos permitan cuando menos atenuar el impacto de algunos de los eventos extremos que están ocurriendo en grave perjuicio para poblaciones enteras de seres humanos, animales domésticos, así como de flora y fauna silvestres.

Reitero, ahora apoyado por el aserto de los científicos, es urgente mitigar el efecto invernadero que acarrean a la atmósfera, los gases producidos por los hidrocarburos. No hay otra forma que no sea, como se ha demostrado hasta la saciedad, dejar de producir en la actividad industrial con ese tipo de energía fósil; además urge controlar la producción del gas metano que genera la ganadería mediante sus desechos. La solución ya ha sido dada, es menester mejorar la calidad de los pastos; para ello se ha recomendado como ejemplo, el uso de algas marinas en la dieta de los vacunos, para mejorar de esta manera la productividad por cabeza de ganado. Solo con medidas de este tipo, se podrá disminuir la cantidad de metano que va a la atmósfera. De no hacer esto también, atengámonos a las consecuencias, lo que viene es aún peor y los efectos destructivos serán más seguidos respecto de lo que ya estamos sufriendo.

Los científicos nos lo han dicho, no hay tiempo de holgura. Gobernantes del mundo, pero especialmente los líderes políticos de los Estados Unidos, China, Rusia, India, la Unidad Europea, Brasil tendrán que poner en marcha de manera inmediata políticas públicas que no son fáciles, por el costo político que entrañan. Se trata de medidas que ya son harto conocidas por los gobernantes y políticos desde hace tiempo, en especial los de los países desarrollados, pero las han tratado de ignorar y algunos hasta de boicotear. De nuevo, acudo al periodista Samper Pizarro, quien puso en evidencia la alevosa resistencia de Donald Trump, cuando estando en ejercicio de la presidencia de los EE. UU., “…descalificó con tres palabras un informe que alertaba sobre el inminente acabose: No les creo”, respondió despreocupadamente. Tanto o más grave es que, parafraseando al mismo periodista, Trump contó en dos elecciones con vasto apoyo electoral: casi 63 millones en el 2016, y en 2020 obtuvo más de 72 millones y medio de votos. Samper Pizarro hizo referencia también a Jair Bolsonaro, gobernante de Brasil, quien también desconoció la responsabilidad humana ante el cambio climático. A este gobernante, lo eligieron presidente 58 millones de brasileños; Samper Pizarro formuló además una verdad como un templo: “Es imposible luchar contra la contaminación sin la ayuda de la gente.”

Algunas precisiones antes de concluir.

1- A pesar del espantoso panorama que ya estamos viviendo -no obstante, las horrendas secuelas de lo que experimentaremos si no se toman sin dilación alguna las decisiones más oportunas, que permitan disminuir drásticamente las emisiones de gases efecto invernadero- una enorme parte de la humanidad no está consciente de lo que acontece, ni de los peligros que corremos. Millones de ellos son víctimas de la ignorancia y la desinformación, de las cuales no son responsables. En muchos países no existe una gobernanza que supone participación de la gente. Inmensos conglomerados de personas, son gobernados por políticos dictatoriales o autoritarios, cuyos intereses están entremezclados con los de las grandes transnacionales o empresas que no están dispuestas a trasladar sus inversiones basadas en contaminantes fósiles (de manera total o con la premura que ameritan las circunstancias), a energías limpias. En otras situaciones, inclusive en contextos democráticos, hay gobiernos que no se atreven a tomar las decisiones que las calamitosas circunstancias ameritan, acaso por debilidad política o por pertenecer a coaliciones electorales dominadas por idearios oligárquicos o círculos económico políticos dominantes. Por tanto, aunque entiendo la expresión de que “la humanidad es la responsable del calentamiento global y del cambio climático” (yo mismo la he usado), no creo que sea justo ni propicio involucrar a toda la humanidad por igual. Es cierto, todos los seres humanos dejamos nuestra “huella ecológica” y cada persona debe hacerse cargo de ello, pero es claro que no todo el mundo, ni todos los grupos sociales poseen el mismo grado de responsabilidad e involucramiento ante el desastre ecológico que vivimos y el que se nos aproxima. De cara a las urgentes decisiones que se deben tomar mundialmente, los gobiernos como representantes de la ciudadanía, los productores que siguen usando hidrocarburos, o los que mediante la actividad pecuaria provocan el gas metano, poseen el más alto grado de responsabilidad.

2- Aun cuando el calentamiento global es un fenómeno planetario, no todos los países tienen la misma cuota de responsabilidad; los más desarrollados e industrializados tienen la cuota más alta, así como los que han deforestado a mansalva grandes extensiones de bosques o selvas, los países que con sus actividades industriales o pesqueras han contaminado los mares y han afectado los ecosistemas marinos, los productores de armamento nuclear que lo han utilizado desde la segunda guerra mundial, o han llevado a cabo explosiones para efectos de ensayos nucleares. Lo anterior no implica que algún país pueda eludir su participación en la solución del magno problema, puesto que todos, el que más, el que menos, han provocado polución, deforestación, quemas, etc. Por lo tanto, sin excepción debemos enrumbarnos hacia el carbono neutralidad.

3- Por último, un organismo como las Naciones Unidas, no puede dejar pasar inadvertida la desobediencia de algún gobierno frente a los acuerdos multilaterales como el de la COP 21 de París y los subsiguientes encuentros de las partes. A la vez, cada gobierno que suscribe un acuerdo multilateral relativo al cambio climático debe obligarse a castigar severamente, de acuerdo con su legislación a las empresas inscritas en su régimen jurídico comercial o industrial que asuman una actitud de boicot o desacato frente a las urgentes medidas que habrán de tomarse ante la apremiante situación ambiental y ecológica. Lo que está en juego es la vida en el Planeta.

4- El organismo mundial de Naciones Unidas, debe velar por tener a disposición de los gobiernos nacionales, un documento contentivo de las principales medidas que se requieren para implementar un desarrollo sostenible y sustentable con la vida, el ambiente en el Planeta y los ecosistemas.