José Salvador Alvarenga, el humilde pescador salvadoreño convertido en la actualidad en celebridad por haber sobrevivido a un naufragio que duró más de 13 meses a la deriva en altamar, fue dado de alta este martes del Hospital San Rafael, donde estuvo internado durante una semana desde que arribara a El Salvador. El diagnóstico que un grupo de médicos dio a conocer es que padece de un dolor en la columna por una pequeña hernia, así como “miedo al mar”.

Una horas más tarde, Alvarenga y sus familiares cercanos, dieron una breve e improvisada conferencia de prensa en el Hotel Real Intercontinental, al norte de la capital salvadoreña, donde el pescador aseguró que el miércoles regresaría a su pueblo natal: Garita Palmera, a más de 120 kilómetros al occidente de esta nación centroamericana.

Narró brevemente que su dramática experiencia de haber estado a la deriva en altamar durante 13 meses, hasta llegar al atolón de Ebon, de las Islas Marshall, a bordo de una lancha de pesca de 7 u 8 metros de largo. “Le rogué a Dios que me diera fuerzas para sobrevivir”, repitió reiteradamente.

El pescador de tiburones, de 37 años de edad, “está muy fuerte, tiene gran potencial para superar el trauma que vivió. Tiene que tener el apoyo de sus familiares y comenzar a tener contacto con la sociedad. Por el momento padecer de talasofobia o miedo al mar, según explicó el médico psiquiatra Angel Sermeño, quien lo atendió desde que arribó el pasado 11 de febrero al Hospital San Rafael, de la ciudad de Santa Tecla.

Por su parte, el médico Alex González, subdirector del “San Rafael”, aseguró que Alvarenga tuvo una historia increíble, pero que “es real”. “Se le han practicado muchos exámenes, entre ellos una resonancia magnética, en la que se detectó que producto de la deshidratación prolongada y de la posición en la que tuvo que estar durante tanto tiempo, se le produjo una hernia intervertebral (en los discos de la columna vertebral), que le provoca dolor, pero no hay necesidad de intervenir quirúrgicamente”.

Los médicos, acompañados por la ministra de Salud, María Isabel Rodríguez, recomendaron a Alvarenga no regresar por el momento a su pueblo Garita Palmera, que está ubicado en la costa. Sin embargo, de última hora él y su familia decidieron que si retornarían.

El naufragio

Un día de diciembre de 2012 Alvarenga salió a pescar con un joven ayudante nombrado Ezequiel Córdova Ríos; partieron de las costas de Tonalá, Chiapas, al sur de México, y a las pocas horas no se volvió a saber de ellos. Fueron dados por desaparecidos. Los pescadores de la zona y familiares de Córdova Ríos los buscaron durante 15 días sin encontrar rastros.

La historia de Alvarenga es casi increíble. Estando en alta mar el motor de su embarcación, que medía unos 7 metros de estola, se averió y los pescadores quedaron y sin posibilidades de comunicarse a tierra para pedir socorro. Comenzó la odisea de la sobrevivencia.

Un hecho dramático del cual no hay total claridad y causa dudas a sus familiares, es el destino sufrido por el joven Córdova Ríos, de quien Alvarenga contó que había fallecido a pocas semanas del naufragio. Alvarenga tuvo que lanzar el cadáver de Ezequiel a la inmensidad del mar.

Luego, según narró el sobreviviente, estuvo a la deriva durante más de 13 meses. Se alimentó de carne cruda de peces y tortugas; bebía sangre de tortuga, agua de lluvia y hasta sus propios orines. Su historia podría servir de guión para un buen filme de Hollywood, quizás más fantástico que El náufrago, protagonizada por Tom Hanks, o La vida de Pi, una novela de aventuras escrita por el canadiense Yann Martel, y que fuera llevada al cine por Ang Lee en noviembre del 2012.