Los grupos radicales incrementaron en el último tiempo actos como las ejecuciones masivas de detenidos, la tortura y la utilización de niños en las hostilidades, según el informe presentado hoy ante el Consejo de Derechos Humanos (CDH) de Naciones Unidas.

"Combatientes extranjeros ingresaron a Siria, incorporándose frecuentemente a los batallones más extremistas", afirma la comisión.

Los comisionados de la ONU describen los numerosos crímenes contra civiles perpetrados por el Estado Islámico de Irak y del Levante (EIIL), que entraron en una suerte de macabra competencia con las fuerzas gubernamentales en cuanto a la gravedad de sus crímenes.

El presidente de la comisión, Sergio Paulo Pinheiro, señaló que las rivalidades entre los distintos grupos rebeldes, a los que acusa de cometer "crímenes de guerra", llevaron a una escalada de la violencia entre ellos en el norte y noroeste de Siria.

El Frente Sirio Revolucionario, el Frente Islámico y el Ejército Muyahidín tomaron en enero el control de bases del EIIL en el norte, después de que este último ejecutara a detenidos en masa, ejemplifica el último informe, que cubre el período del 20 de enero al 10 de marzo.

Además, afirma que cuando el EIIL "anticipa un revés militar", selecciona detenidos y los asesina en el mismo lugar donde los tiene retenidos o en algún lugar de ejecución cercano.

La comisión también relata el uso por parte de ese grupo extremista de un hospital infantil como base de operaciones y centro de detención, así como la utilización de menores en el conflicto, en tareas que van desde combatientes hasta mensajeros.

El EIIL hizo habituales "métodos terroristas" como los coches bomba y ataques suicidas en lugares y contra objetivos civiles, según los hechos documentados por la comisión de la ONU.

La comisión denuncia también al gobierno sobre todo por lanzar ataques -incluido con barriles repletos de explosivos lanzados desde el aire- "sin hacer ningún esfuerzo por distinguir a los civiles de los objetivos militares".

Respecto a esos ataques, "el gobierno no advierte antes y hay pocas posibilidades de alejarse del área sobre la que se arroja el barril, generalmente desde helicópteros".

También acusa a los combatientes rebeldes de continuar practicando la tortura en sus centros de detención, consignó la agencia EFE.

Asimismo, ambas partes del conflicto utilizan el asedio militar y el bloqueo de áreas civiles en sus estrategias que, finalmente, tienen su peor impacto sobre los civiles.

Las fuerzas oficiales mantienen un cerco sobre Moadamiya, áreas periféricas de Damasco, el casco histórico de Homs y en el campamento de refugiados palestinos de Yarmuk, donde residentes sufrieron una situación de hambre extrema.

Por su parte, los grupos radicales "cortaron el suministro de agua y electricidad a zonas civiles como una táctica militar".