Veamos una propuesta vinculada al combate del clientelismo y el papel en esto del propio movimiento social, de los partidos con compromiso social, y de un gobierno vinculado realmente a la defensa de la vida y los derechos del pueblo.

En la sociología y las ciencias políticas podemos encontrar distintas definiciones de clientelismo, pero acá quiero ensayar una propia: clientelismo es el mecanismo mediante el cual los grupos de poder anulan la dignidad para asegurar el sostenimiento de su poder. Esto ocurre haciendo uso del accionar de los partidos tradicionales que utilizan para ello el poder estatal, pero lamentablemente también encontramos manifestaciones de esto en los partidos emergentes y hasta en las organizaciones sociales. Esa definición de clientelismo incorpora el mecanismo concreto de su reproducción: la anulación de la dignidad. Ensayemos otra definición: clientelismo es el sistema para la adhesión política que se basa en anular la dignidad. Dicho en crudo, quien es presa del clientelismo ha perdido su dignidad. Esto es duro escucharlo para una persona con necesidades apremiantes, crea conflicto emocional, pero debe tomar conciencia de su situación.

La recuperación de esa dignidad es la estrategia política de la emancipación, lo cual implica una toma de conciencia que se convierta en compromiso. El compromiso es la fase superior de la conciencia, es la forma de asumir personalmente la transformación, es un acto de rebeldía y liberación. Ese es el valor de la movilización: ahí se le dice al sistema injusto “yo ya me liberé y quiero ayudar a la liberación de mis semejantes”.

Para adentrarnos en el tema, partamos de los dos conceptos principales: La dignidad y el papel del sistema clientelar.

Usted tiene derecho a educación de calidad para su familia, a vivienda digna, a empleo decente, a salud para usted y para su familia… tiene derecho porque usted tiene dignidad.
Dignidad es no vivir en esclavitud a cambio de mis derechos. En otras palabras, persona digna es persona con derechos. Estos derechos no dependen de intenciones, palabras o leyes, pero, ¿cuál es la estructura fundamental que determina si se hacen realidad o no los derechos? Solo puede ser una: la calidad de la democracia. Por eso avanzamos hacia la democracia real, a la que llegaremos por el camino de la democracia participativa.

Esa democracia participativa implica: información, formación, desarrollo de capacidad crítica, participación real en la toma de decisiones o definición de políticas, control sobre la ejecución de esas políticas, participación en la reformulación de las decisiones o políticas, es decir, lograr un balance entre la participación y la representación o delegación.

¿Si se suprimen o hipotecan los derechos, se conserva intacta la dignidad? Evidentemente no, por ello, si el sistema clientelar se orienta a anular/suprimir la dignidad, el antídoto es recuperar/fortalecer la dignidad.

¿Cómo se recupera y fortalece la dignidad? No lo lograremos con discursos y panfletos. Se recupera y fortalece la dignidad desarrollando la conciencia. Esto implica provocar rupturas culturales. Aquí vale la pena preguntar: ¿Cómo se desarrolló su conciencia o como lo hicieron sus personas cercanas? ¿Usted nació como una persona conciente de la realidad social y política? Seguramente no, yo tampoco, hubo alguna circunstancia que provocó ese clic, esa ruptura cultural.

Esto implica que hay una ecuación o relación Tiempo/Espacio/Contradicción. Detectar la solución concreta a esta ecuación es tarea de estrategas que propicien luchas sociales enfocadas a la conciencia, porque esas luchas sociales pueden no estar enfocadas a la generación de conciencia, sino a la simple solución de un problema, y en algunos casos, a la creación de vínculos clientelares entre el pueblo que participa de esas luchas y algunos partidos emergentes y/o dirigencias sociales.

¿Cómo podemos provocar rupturas culturales en otras personas, ganar en consciencia, y luego transformar esa consciencia en compromiso, esto es, en fuerza transformadora? El recurso más importante para ello es la comunicación interpersonal, no las redes sociales, los correos electrónicos o los afiches y los volantes... la comunicación interpersonal. Esta debe darse desde una posición de estratega, es decir, usted y cada persona comprometida debe tener la capacidad para actuar como estrategas en cada circunstancia para lograr que más personas tomen consciencia y construyamos fuerza social transformadora. Ello implica tres capacidades de quien actúa como estratega: a) capacidad para analizar la realidad incluyendo un conocimiento de la persona o las personas con las que nos queremos comunicar, b) capacidad para planear cómo vamos a desarrollar el proceso para cada caso particular, c) capacidad de comunicar de manera adecuada a cada persona o grupo. Estratega, entonces, es quien tiene la capacidad de desentrañar esa ecuación Tiempo/Espacio/Contradicción. He venido desarrollando en todas las regiones del país desde el 2011, y con base en distintos temas, un Programa para la Formación de Estrategas que estoy en disposición de compartir con quien quiera comprometerse en su comunidad u organización.

Esa consciencia que vamos construyendo, debe avanzar al grado superior de la consciencia: el compromiso, a fin de que aquella persona nueva emprenda acciones concretas que, -además de llevar el mensaje a sus semejantes-, consolide su propia consciencia al hacerla madurar.

El reto general es:
- Convertir la indignación en consciencia (pedagogía popular para lograr rupturas culturales)
- Elevar la consciencia a compromiso
- Transformar la desolación en esperanza
- Articular con visión estratégica
- Transformar nuestra sociedad… construir MOVIMIENTO

Esta propuesta implica tres tipos de responsabilidades:
1. Para el movimiento social: avanzar desde cada lucha en el desarrollo de estrategas en cada rincón del país, en cada sector social. La transformación no es posible gracias a la existencia de una especie de comando o dirigencia iluminada, es posible si hay estrategas pendientes de la ecuación Tiempo/Espacio/Contradicción y en ese esfuerzo desarrollan las tres capacidades: analizar-planear-comunicar.
2. Para los partidos políticos comprometidos con la vida y los derechos: Ser herramienta para una ciudadanía que ya no solo protesta, ahora propone y construye democracia. Nunca más partidos como fin en sí mismo.
3. Para un gobierno de partidos y movimientos comprometidos con la transformación: Crear las condiciones, para, desde la capacidad estatal, desarrollar como eje central la democracia participativa en todos los campos de la vida nacional, construir así la base para la democracia real. Democracia no debería tener calificativos, hay o no hay democracia, pero en este momento es necesario usar esos calificativos.

En síntesis, la construcción del antídoto contra el clientelismo implica que hoy vivimos en un sistema depredador, cuya contradicción central es con la vida misma, ello implica que debemos avanzar hacia la transformación mediante el desarrollo de una democracia participativa que construya democracia real. Esta labor se realiza especialmente desde la comunidad, donde hay una unanimidad de preocupaciones por los derechos que muestra la pluralidad del pueblo; en ese espacio es posible recuperar la dignidad y desarrollar la conciencia que genere compromiso transformador, pero para hacer esto una realidad, necesitamos formar estrategas en cada rincón/región del país.

En anteriores artículos al comentar la relación proceso electoral – movimiento social, expresé que sin democracia participativa no habrá seguridad social.
https://dl.dropboxusercontent.com/u/14317012/Sin%20democracia%20participativa%20no%20habr%C3%A1%20seguridad%20social.pdf

Asimismo expuse algunas ideas en torno a la interrogante: Seguridad social: ¿prestaciones o derechos? Aquí planteo la imposibilidad de regresar al Estado Benefactor y la ruta necesaria para avanzar hacia la seguridad social como conjunto de derechos.
https://dl.dropboxusercontent.com/u/14317012/Sistema%20de%20Seguridad%20Social%E2%80%A6%20prestaciones%20%C3%B3%20derechos.pdf

De la misma forma, y para enmarcar este enfoque, he propuesto que para transformar la sociedad la fuerza nace desde las comunidades.
https://dl.dropboxusercontent.com/u/14317012/La%20fuerza%20nace%20desde%20las%20comunidades%20-%20propuesta.pdf

Esa fuerza desde las comunidades se traduce ya en una presencia real de la ciudadanía en la política y la vida electoral, por ello aporté ideas en torno a: 2014 – Apuntes para una alianza social/partidaria.
https://dl.dropboxusercontent.com/u/14317012/2014-%20Apuntes%20para%20una%20alianza%20social-partidaria.pdf

Pero esto debe adquirir una forma electoral concreta, por lo cual expuse Dos razones para una coalición.
https://dl.dropboxusercontent.com/u/14317012/Dos%20razones%20para%20una%20coalici%C3%B3n.pdf

Quiero finalmente recalcar una idea expuesta en otros artículos: La fuerza surgirá, por un lado, de la elevación de la conciencia política del pueblo, esto es, la capacidad de descubrirse como sujeto en explotación y engaño pero con atributos para construir su propio destino. Para completar la fuerza capaz de lograr el cambio se necesita, junto a esa conciencia política, la capacidad organizacional necesaria para construir una hegemonía alternativa a la de los actuales grupos de poder.

Le invito a que compartamos ideas sobre esta secuencia en momentos de una ascendente presencia de un movimiento social constructor de democracia, cuando surgen los foros regionales como manifestación de una ciudadanía que no solo protesta, sino que se toma su derecho a expresarse y proponer. Le invito además a tener presente que es necesario recuperar y desarrollar la dignidad de la gente, como antídoto contra el clientelismo y como base para construir la sociedad que merecemos, basada en la escogencia de la vida, no de la depredación.

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