Los islamistas egipcios volvieron a marchar ayer en El Cairo y el resto del país contra el golpe de Estado, tras cinco días de represión que dejaron más de 1000 muertos y cinco mil heridos. El jefe militar egipcio Abdel Fatah al Sisi advirtió que no habrá más “días de ira” sin que las fuerzas de seguridad actúen en consecuencia.

Imágenes difundidas por la cadena de noticias qatarí Al Jazeera mostraban, el sábado, a pequeñas multitudes marchando desde varios barrios de El Cairo y sus alrededores hacia el Tribunal Constitucional, cuyo edificio estaba totalmente cercado por tanques y soldados. En una espiral de violencia sin precedentes en los últimos tiempos, al menos 38 presos, supuestamente miembros de los Hermanos Musulmanes, murieron ayer, luego de que un grupo armado atacara un convoy policial que los trasladaba a una cárcel de El Cairo.

Los opositores al golpe de Estado también salieron a las calles en las ciudades de Suez y de Minya. Durante todo el sábado, los autos volvieron a circular con tranquilidad por las avenidas de la capital egipcia, la mayoría de los negocios de los barrios más céntricos reabrieron, y excepto por aquellas zonas que fueron los epicentros de la represión de los últimos días, El Cairo recuperó un poco de su ritmo habitual.

Sin embargo, al caer la noche y entrar en vigencia el toque de queda, la información sobre las manifestaciones se volvió escasa y los temores a una nueva represión estatal inundaron las redes sociales y los portales de noticias. A media tarde, la principal marcha islamista, que debía comenzar en la plaza capitalina de Roxy, había sido cancelada por la propia Hermandad Musulmana, por temor a repetir las escenas sangrientas de los últimos días.

El movimiento islamista conservador que acompañó al derrocado presidente Mohamed Mursi a la presidencia hace apenas un año acusó al gobierno de facto de desplegar francotiradores en los techos de los edificios de la zona, informó Al Jazeera. El temor y la falta de confianza no eran infundados. Según cifras oficiales, en los últimos cuatro días murieron 890 manifestantes, que sumados a los 235 cadáveres que aún custodian de forma muy precaria militantes islamistas en una mezquita de El Cairo, eleva la cifra de víctimas a más de mil. El Ministerio del Interior, en tanto, informó que 70 policías murieron desde el miércoles pasado.

Tras ese tendal de muertos, la respuesta del gobierno militar, controlado por el general golpista Al Sisi, a la nueva jornada de protestas fue, otra vez, reforzar el control de las zonas por donde marcharían los islamistas. Desplegaron tanques blindados, soldados y policias, y cortaron calles y avenidas con barreras metálicas. Horas después, llegó la amenaza verbal. El gobierno egipcio rechazó las críticas de otros países sobre el manejo del conflicto y las protestas de los Hermanos Musulmanes.

El ministro del Exterior, Nabil Fahmi, dijo ante la prensa en El Cairo que el gobierno tiene la obligación de imponer la ley y el orden y que no dejará de hacerlo pese al peligro de perder fondos de ayuda, después de que fuesen congelados por varios países de la Unión Europea (UE). El gobierno informó ayer que Fahmi habló el sábado con su homólogo alemán, Guido Westerwelle, así como con los ministros de Bahrein y Reino Unido y con la representante de Política Exterior de la UE, Catherine Ashton.

En esa comunicación telefónica, el ministro del Exterior les dijo que grupos armados comenzaron a aterrorizar a la población en Egipto y que el silencio internacional ante los ataques era inaceptable.

Fuentes de seguridad en El Cairo informaron que siete altos dirigentes de los Hermanos Musulmanes se encuentran detenidos, entre ellos el influyente clérigo Safwat Hegazy. Varios gobiernos occidentales advirtieron a las autoridades egipcias de no aislar más a los Hermanos Musulmanes, que exigen la restitución de Mursi.

Los islamistas ya saben que tienen delante al poderoso aparato militar y policial del Estado, pero en su desafío se enfrentan también a la resistencia ciudadana de los autodenominados comités populares, que ayer impidieron el inicio de varias marchas en El Cairo. Armados con palos y barras y con la complacencia de las fuerzas de seguridad, estas milicias urbanas toman a diario las calles de la capital poco antes de que caiga la noche y comience el toque de queda.

Su efecto intimidatorio llevó a la cancelación de al menos dos de las nueve protestas convocadas para ayer por los seguidores de Mursi en los barrios cairotas de Doki e Imbaba. Decenas de jóvenes instalaron vallas frente a la mezquita Asad bin Al Forat de Doki –conocida por los sermones de un jeque radical– para paralizar el tránsito, mientras inspeccionaban todos los vehículos que atravesaban la calle. Cuando algún viajero de los colectivos o taxis despertaba sus sospechas por su actitud o su apariencia, los comités lo hacían bajar del vehículo para ser registrado y, en algunos casos, acosado verbal y físicamente.